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NO TODOS LOS POLÍTICOS SON LADRONES

El domingo 7 mayo, 2017 a las 6:25 pm

MARCO ANTONIO VALENCIA

Hacer política señalando a todos los políticos de ladrones, es una gran falacia, una vaina fácil de decir con dos tragos de aguardiente. Una generalización repetida mil veces que mucha gente se la cree a pie juntillas.

Sofisma que se volvió verdad en boca de los analistas de pasillo que hablan por hablar y sin medir consecuencias, señalando con ligereza y sin fundamento que “todos los políticos” son gente perversa, mala y corrupta. Y claro que hay en política corruptos, pero no todos los políticos son corruptos.

Hay que reescribir esa definición. Hay que devolverle la dignidad al ejercicio político. Y los políticos serios tienen el compromiso de hacer valer sus estudios, esfuerzos, sacrificios y gestión trabajando con eficacia y evitando todo manto de dudas sobre sus actuaciones.

La política es servicio y no un negocio, y cuando así se entiende, tenemos políticos buenos en el escenario. Por lo tanto, no todos ellos son ladrones ni incapaces.

El punto es que ser edil, concejal o diputado implica un trabajo serio y audaz para impulsar, exponer y gestionar soluciones políticas y económicas frente a esas instituciones llamadas alcaldías, gobernaciones, o ministerios, y eso no es fácil, se requiere preparación, estudio y una capacidad intelectual que no se improvisa. Y por lo tanto, no hay que desconocer el trabajo y esfuerzo de gente seria en el oficio.

Estoy seguro de que hay muchos líderes sociales que tienen la capacidad de ser políticos decentes, y podrían ejercer con lujos detalles, pero se abstienen de meterse en política porque ello implica caer en el desprestigio inmediato. Es que se nos volvió carrera que todo elegido en política es sospechoso y tiene que ser señalado, y eso duele en el corazón del elegido, y eso afecta a la moral familiar y eso daña lo mejor que tiene una persona: su prestigio y su honor.

A veces son los mismos electores los que pudren el carácter o la línea de conducta de sus representantes en las corporaciones públicas al “exigirles” al corporado que intervenga para solucionar chanchullos, enredos o negociados en los que andan involucrados. Y si no lo hace, es porque se creció, o sencillamente porque no sirve para un culo.

Pero la cosa se pone peor cuando algunos miembros de la comunidad cogen al pobre concejal o diputado de benefactor y casi le obligan a entregar su sueldo en ayuditas para todo y para todos. Como si ser elegido concejal lo convirtiera en el Santo de los Mil Milagros. La diferencia es que al Santo le rezan y queda la esperanza de que la ayudita baje del cielo, pero al concejal le piden la ayudita en metálico y de inmediato, so pena del desprestigio de que no sirve para un culo.

He visto concejales repartiendo limosnas a gota gota, que tienen en las puertas de su casa u oficina todos los días a una fila de gente pidiéndole plata para resolver toda clase de líos como si al ser elegidos le hubieran entregado una caja de plata para repartir dinero, casas, becas y puestos por montón. Y claro, si no lo hace, no sirve para un culo.

Pero esa mendicidad exprés y de intermediario de chanchullos públicos que practican algunos políticos hay que acabarlas porque eso es exactamente lo que desprestigia la profesión. Ser políticos es y debe ser una profesión como cualquier otra. El sueldo del concejal o el diputado es para el bienestar de su familia. El trabajo debe ser como el de cualquier otro, y deben dejar de actuar como mafiosos y santos de pacotilla repartiendo limosnas e interviniendo en torcidos favores a todo el mundo.

La dignidad del oficio se debe ganar. Hay que ponerle seriedad al asunto. Que los electores dejen de deslechar bajo cuerda a los pobres elegidos, y los políticos dejen de mangonear la moral y la nobleza de la gente con limosnas.

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