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Miércoles, 11 de diciembre de 2019. Última actualización: Hoy

Niñas malas – ideologías peores

El miércoles 6 noviembre, 2019 a las 10:47 am
Niñas malas - ideologías peores

Niñas malas, ideologías peores

Niñas malas - ideologías peores
Victoria Paz Ablanque

Ese jueves como cada segundo del mes, las amigas se reunieron en el café “La Magdalene”, en la esquina de la Rue du Bourg frente al teatro, para tomar té con galletas de jengibre y contar un poco cada una sobre el libro que estaba leyendo.

Era un hábito para estas tres mujeres entre la treintena y cincuentena de sus vidas. Un ritual perfecto para escapar un poco de las obligaciones laborales y familiares, un roce de cultura, un poco de chisme y queja innato y a la vez terapéutico.

Una vez puestas al día con el cotilleo sobre los hombres, las familias, los trabajos, la crisis medioambiental, el costo de la vida y demás, se dispusieron al tema excusa de esta especie de aquelarre mensual.

Isabelle comenzó contando sobre ese libro que no la había dejado pensar en nada más por tres largas noches: Travesuras de la niña mala, una novela extraordinaria del peruano Mario Vargas Llosa, que su esposo le había comprado en una librería del centro de Barcelona.

La novela trataba de una peruana histriónica que por circunstancias de la vida, había tenido que mentir desde siempre, metiéndose en la piel de una guerrillera, una modelo, una esposa, una dama de la alta sociedad y también del bajo mundo. Una detallada novela en tiempo y espacio que empezaba en el barrio Miraflores de Lima y después de pasar al lector por Paris, Londres, Moscú, Tokio, con los personajes más impensables, terminaba varios años más tarde en el barrio Lavapiés de Madrid.

Isabelle contó casi con el mismo detalle que el autor las escenas eróticas, alegres y melancólicas de la historia, dejando a sus amigas ansiosas por correr a leer las travesuras de esa niña mala para con Ricardo Somocurcio, el niño bueno que siempre estuvo ahí para ayudarla y amarla.

Ruth, siguió su turno, con una obra que siempre había querido leer desde la adolescencia, pero por prohibición de sus padres no lo había podido hacer.

Era la novela Del amor y otros demonios, del colombiano Gabriel García Márquez,una historia como tantas caribeñas de la época colonial, cargada de prejuicios, en el que la hija del Marqués de Casalduero, Sierva María de Todos los Ángeles, es mordida por un perro con rabia y su padre ante su creencia de que un demonio la había poseído, la envía al convento de Santa Clara para que sea exorcizada, sin contar con que el obispo encargaría del exorcismo al joven sacerdote Cayetano Delaura quien terminaría extasiado con la jovencita y ella le correspondería en esta aventura amorosa que infortunadamente no tendría un final feliz.

Era el turno para Camila, quién también seducida por los autores latinoamericanos, cargados de romance, detalle y sublimidad a la mujer, había leído aquel mes El Alephdel argentino Jorge Luis Borges y había estado tratando de memorizar al menos algunos versos de los 20 poemas de amor y una canción desesperadadel chileno Pablo Neruda.

Pero se había quedado pensando en Ruth. ¿Cómo así que no habías leído Del amor y otros demonios por prohibición de tus padres? Ruth bastante apenada les explico a sus amigas que en su casa por razones de ideología política no se leían ciertos autores. Camila más aterrada aún, le dijo: – Pero, esa novela es de finales del siglo veinte.

La tertulia se alargó hasta varios vinos y una cargada cena. Entre risas y asombro terminaron hablando de temas geopolíticos sobre cómo de manera absurda se censura el arte. En éste caso cómo Gabo y Neruda son llamados comunistas, mientras Vargas Llosa y Borges, fascistas y se aísla el valor cultural de éstas joyas de la literatura latinoamericana y universal.

Camila con varios vinos en su cabeza, regresó caminando lentamente a casa, bajo una tenue e incesante lluvia de otoño, reflexionando lo que había vivido aquella noche con Isabelle y Ruth, bastante nostálgica de percatarse de cómo en todas las expresiones artísticas, ocurre lo mismo, miró al cielo pensando en todo lo que nos perdimos después de ese 18 de agosto de 1936 cuando fue fusilado García Lorca.

Pensó en un Charles Chaplin huyendo de Estados Unidos y radicándose en Suiza, un Picasso radicado en Paris viendo partir su cuadro más famoso el Guernica hacía el Museo de Arte de Nueva York con la promesa de que una vez terminaría la dictadura volvería a España, tristemente el Guernica volvió cuando Picasso ya no hacía parte de este mundo loco y retrógrado, que no sabe separar las ideologías pasajeras del arte, de su grandeza, de su omnipresencia y de su magnificencia.

Porque el arte, señoras y señores, el arte es sagrado, porque no sólo brota de la mente sino también del corazón humano.

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