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Nada es eterno

El viernes 15 agosto, 2014 a las 1:32 pm
Alfonso Luna Geller

Por: Alfonso J. Luna Geller – alfonsolunageller@outlook.com

Nada es eterno. Todo lo que tiene un principio, tiene un final. Hoy ha llegado mi final en Proclama del Cauca, como director. He decidido renunciar porque las nuevas generaciones ansiosas por construir futuro espolean, y exigen renovarse o morir. Tienen razón.

En la retina de mi historia, quedó tallada infinita gratitud hacia una generación irrepetible que nos ayudó a construir, por más de 30 años, el medio de comunicación que hoy estoy entregando definitivamente, aunque continuará con nuevos bríos. Claro que ahora, sin las presiones cotidianas de la noticia o el editorial urgente, yo seguiré apoyando, con la modesta experiencia adquirida, todo el esfuerzo que se han propuesto los jóvenes. Igual, como el medio ha sido una construcción colectiva, espero que siga recibiendo el invaluable apoyo de cada uno de sus abnegados pero excelentes escritores, periodistas y columnistas. El futuro dirá si termina por conservar su toque de intensidad, y el término que lo ha identificado toda la vida: actitud positiva y responsable frente a las expectativas de la comunidad caucana.

Barruntando este remolino de emociones, con nostalgia, sigo siendo un hombre tranquilo, seguiré cultivando la curiosidad, porque sé que éste es un momento para estar a la altura de las circunstancias y como muchas cosas siguen revoloteando sobre mi cabeza, nuevos, y viejos proyectos me he propuesto: crear la Fundación Proclama del Cauca, y ahora sí, terminar el libro, que, para qué negarlo, se estaba volviendo eterno en su edición: “Solares quilichagueños”.

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No es un retiro terminante, pues esta agradecida despedida es de un cargo directivo, no de nuestro oficio como periodista; siempre he pensado que esta profesión es como si fuera una vacuna con la que hay que hacer constantes dosis de recordatorio para no contraer enfermedades peligrosas como el estancamiento, la rutina, la flaqueza o la renuncia.

Me llevo más de lo que dejo, mis expectativas superaron con creces lo que esperaba. Han sido muchas emociones y sentimientos vividos en un tiempo récord, risas, llantos, nervios, malos ratos, momentos durísimos… y todo es mucho más que recuerdos. Tuve, como todos, momentos para crear, sentir, volar, soñar… y, quise aferrarme a ellos creyendo que podría hacerlos durar para siempre, pero también a mí se me escapa el tiempo. No había podido apreciar bien que la vida es la suma de aquellos momentos que aunque fugaces, nos permiten percibir la sintonía con el universo. Vendrán más momentos, aunque sigan siendo fugaces, para eso aprendimos a sumar.

Emocionalmente hablando estoy exhausto pero a la vez, en paz con mi conciencia, por todo ello, permitidme expresar a todos mi gratitud.

Confieso que salí de la dirección de Proclama contagiado de juventud, alegría, inquietud… Claro que hay cosas que no se pueden ocultar y que me pusieron a pensar: soy demasiado joven para sentirme viejo, pero demasiado viejo para ser joven. Tanto me contagiaron, especialmente mis hijos, que llegue a pensar que yo también lo era. Tan convencido llegue a estarlo que cuando algunos simpáticos amigos piropeaban el trabajo de los muchachos que decidieron ir delante y les aconsejaban que fueran en una dirección y cuando yo los seguía ellos me sugerían: “¡señor, por ahí no que se puede caer!”. Traté de tener cuidado, pero al final, la posibilidad de un tropiezo era muy evidente. ¡Gracias!

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