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MUY FRÁGIL LA VEGETACIÓN

El lunes 19 octubre, 2015 a las 11:14 am
Armando Orozco Tovar

Armando Orozco Tovar

A Cecilia.

Gilberto Vieira siempre estaba sentado leyendo al borde de su litera con su boina vasca y su ruana blanca. Jamás participaba del choteo y mamadera de gallo de sus compañeros, que estaban en las jaulas contiguas en aquel marzo-abril del 67. Las instalaciones del Departamento Administrativo de Seguridad se hallaban en la Calle del Sol del barrio de La Candelaria. Una construcción conventual, que en anteriores años fuera el SIC (Servicio de Inteligencia Colombiano). Y en épocas más remotas un convento de monjas de clausura.

Armando Orozco - Gilberto Viera1

Las detenciones se dieron al producirse el asalto del ELN al tren pagador en las selvas del Opón. Hecho, que al presidente Carlos Lleras Restrepo, lo llevó a ordenar la detención de los militantes comunistas y demás organizaciones de izquierda en todo el país, que quiso confinar en una base militar de los Llanos. Todos los que estaban con Gilberto Vieira, y los demás, se preparaban para irse a “veranear” a los Llanos Orientales, y cada una de sus esposas y compañeras apuradas preparaban sus equipajes. Recogiendo dineros, cobijas y útiles de aseo, que con la comida y necesarios objetos traídos cada día, constituían el mayor apoyo a su cautiverio. Nelson Robles, Gustavo Castro, Augusto Lara Sánchez, Manlio Lafont, Manuel Romero, todos costeños eran los del relajo. Hacían continuos apuntes y comentarios acerca de la situación. Lo cual al momento le quitaba tensión.

Vieira en su catre situado encima de otro no levantaba los ojos del libro. Sólo lo hacía para dar oportunas orientaciones demostrando con su claridad que era el dirigente. Por esos días se supo que su mamá le escribió al presidente Carlos Lleras. Recordándole que él en sus años mozos, también había sido de izquierda. Época del triunfo de la Revolución de Octubre. Y que con otros jóvenes de la Generación Los Nuevos, participaba en la demolición de la Generación anterior del Centenario. Los Nuevos eran: Luis Vidales, Jorge Zalamea, León De Greiff, Alberto Lleras Camargo, su hermano Felipe y otros. Y por los lados Remache. La madre de Vieira a este socarrón en su misiva le recordaba, que él había sido el tesorero para acopiar dineros al viaje a Rusia del profesor Francisco Socarras. Su carta hizo efecto, porque no se les desterró, y su traslado a Orocué se remplazó a un gran salón con camas en la azotea del DAS.

Armando Orozco - Gilberto Viera

Vieira se cuidaba en su alimentación por sus problemas estomacales y sus 0víveres diarios eran traídos por su esposa Cecilia Quijano, que los adquiría en La Romana, un restaurante situado en los bajos del antiguo edificio del El Tiempo. Ella, a diferencias de las otras esposas tenía prioridad, dejándola subir al recinto. Cuando Cecilia y Gilberto se encontraban, sobriamente sin ninguna exhibición se saludaban. Afuera las demás compañeras hacían la cola desde el establecimiento Paz de Río, hasta la entrada a los calabozos. Cecilia y María Isabel García Mayorca, que esperaba su primer hijo, iban todos los días a los sindicatos y al Congreso de la República, en busca de amigos para que les facilitaran apoyo jurídico, y solidaridad material.

Cuando en las tardes, Gilberto Vieira suspendía su lectura, se paseaba de un lado a otro con su ruana blanca, reflexionando sobre el momento y contando anécdotas de su vida. Cuando el joven acompañante para medir su sentido del humor le preguntó señalando a Monserrate: “¿Camarada no se podría montar una guerrilla allá? Con prudencia el camarada le respondió: “Muy frágil la vegetación”.

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