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EL MUNDO SE MUEVE Y NOSOTROS CON ÉL

El martes 17 enero, 2017 a las 9:11 am
Marco Antonio Valencia Calle

Marco Antonio Valencia Calle / valenciacalle@yahoo.com / Escritor

Después de tanta vanidad, jolgorio y gastos innecesarios, en lo que se han convertido las fiestas de fin y principio de año, regresamos gracias al calendario gregoriano, a la normalidad. Pero, es una normalidad que nos llega con pereza.

Arrancar de nuevo a “camellar” con la camisa de la esperanza puesta en un año nuevo… (Mmm) duele en lo más hondo de nuestra flojera, allí cerquita a la somnolencia, al otro lado de esa mente ensoñadora y bobalicona que transpira la pereza.

Pero no importa. Con dolor y todo, con jartera y todo, tenemos que levantarnos y salir a la calle caminando erguidos, con pecho en alto, metiendo pipa y sacando rabo para enfrentarnos a la vida… y así poder disfrutar de la salud, el dinero y el amor que nos prometieron y desearon los amigos y familiares la noche del 31 de diciembre entre abrazos, besos, babas y bendiciones.

Aunque el cuerpo después de tanta vaina navideña y jaleo por los carnavales de reyes viene un poco relajado, y la mente quiere otro poquito de descanso, toca salir a la calle mi hermano. Toca volver a ponernos serios y ayudar a construir país. Y no es chiste.

Eso de construir país suena como a labor de senador de la república, como a discurso de político de pueblo, pero no es así. Resulta que cada uno de nosotros, con nuestro actuar diario, ayuda a que los días corran con la economía y la democracia en movimiento, la cultura y el pensamiento en proyección.

A veces no somos conscientes de la importancia que tiene cada trabajo que hacemos –por humilde que sea o insignificante que parezca-, en beneficio directo o indirecto de los otros, de la sociedad, y del país en general.

Y me explico con un ejemplo. Recuerdo que mi padre sacaba a vender panela al mercado, y tenía que esperar toda la mañana a que las revendedoras la negociaran por unidad, y hacia el medio día le pagaran a mi viejo para él poder comprar remesa y liquidarle a los trabajadores cuyas familias dependían de ese ingreso. Pero además, tenía que ahorrar algo, y así pagar la universidad donde estudié, y yo a su vez poder licenciarme.

En otras palabras, yo no estaría hoy escribiendo esto si una señora no hubiera comprado panela de mi viejo para llevar a su casa, si la señora revendedora no se hubiera puesto en la tarea de sentarse a vender panela toda una mañana, si el burro tuerto no hubiera llevado en su lomo la carga de panela durante dos horas por agrestes montañas, si el cortador de caña bajo un sol canicular de treinta y ocho grados no hubiera alimentado el trapiche, si el arriero de los yeguas trotonas en el trapiche no hubiera alimentado con guarapo los fondos toda la semana desde las cuatro de la mañana, si la señora del desayuno no se hubiera levantado a las tres cada día para incentivar a los obreros con un pocillo de café… En fin.

Espero haberme explicado con el ejemplo. La libertad de unos, pasa por el sacrificio humilde de muchos (y en la mayoría de veces sin darnos cuenta). Todo lo que hacemos en la vida tiene implicaciones directas e indirectas para beneficio de muchos que ni si siquiera conocemos o imaginamos. Y esos muchos son la sociedad, los habitantes de la patria misma.

Sí, da pereza levantarse a trabajar este año nuevo. Pero hay que hacerlo. Hay que salir a construir país con el rabo apretado, sacando pecho y metiendo barriga (porque después de tanto relajo y tanta comida, seguro estamos pipones y adormilados todavía).

Con sorna pues, con ánimo o sin él, vamos compañeros, el mundo se mueve y nosotros con él.

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