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Lunes, 26 de julio de 2021. Última actualización: Hoy

MONÓLOGO NACIONAL DEL TEATRO

El miércoles 1 junio, 2016 a las 4:03 pm
Phánor Terán - Gestor Cultural - Tunía - Cauca

Phanor Terán, Tunía, mayo 31, 2016

La Mesa Nacional de Concertación, rubricada en Medellín, el 22 de Mayo de 2016, por 43 representantes, es la más clara manifestación del teatro colombiano: de su voluntad de diálogo con el Ministerio de Cultura, con el Gobierno Nacional y la más profunda expresión de su problemática actual.

La Mesa, como casi todas las que se promueven en el país, tuvo su “patas cojas”: la inasistencia del Ministerio de Cultura.

Esta “comida de pavo” en medio de la borrachera de la paz, parece no ser circunstancial.

A pesar de nuestra creencia sobre la importancia de la actividad teatral en el concierto cultural de la nación, bien puede acontecer que el desplante sea parte de los considerandos sobre el teatro y sus reivindicaciones “artísticas, sociales y políticas” como simples pataleos de ahogado de un arte anacrónico ante el apoteósico y demoledor empuje de las industrias culturales y los productos digitales.

Como también puede acontecer que esta “comida de pavo”, obedezca a la sutil retaliación contra una dirigencia (resentida y glotona) a la cual no le bastan las sobras que a manos llenas se les extiende con los programas de estímulos y bonificaciones… que cuestiona el sistema general de participaciones condenando a la provincia al atraso secular… el manejo de las cuotas culturales para las minoritarias elites sociales como principales beneficiarios del presupuesto cultural y artístico.

Bien puede suceder que se enjuicie este arte por no contener ni aceptar los criterios de competitividad para ocupar la franja posible en los mercados internacionales los parámetros exóticos, folclóricos, panturísticos al no prestarse a la manipulación de sus productos, símbolos y usos como se realiza con los artesanos y ancestrales o con las exaltaciones puntuales de las tradiciones populares.

Bien puede considerarse sus pretensiones de diálogo como el ladrido lastimero en la trastienda de los vejestorios apegados a herencias y tradiciones obsoletas, reducidos a especies de nichos de “investigación”, quizás con la posibilidad de encontrar allí uno que otro talento exhibible, mientras cabalga honda y lironda, la caballería de la prepotencia gubernamental.

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