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Mónica Vivas; entre las letras y la cocina

El viernes 15 diciembre, 2023 a las 1:12 am
Mónica Vivas; entre las letras y la cocina
Mónica Vivas; entre las letras y la cocina

Por: Felipe Solarte Nates y Leidy Capote López

Su labor es muy importante en un país donde la mayoría de bachilleres no entienden los textos y se gradúan con escasa comprensión de lectura, tal como lo mostraron los recientes resultados de las pruebas PISA.

Por vena familiar: padre librero y madre maestra de cocina, su vida ha estado marcada por ambas vocaciones desarrolladas desde sus primeras lecturas y los sabrosos platos y pasteles que preparaban en su casa.

Por eso, cuando obtuvo el título de Comunicadora Social, en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, de Bogotá su proyección profesional la enfocó a promover dinámicos talleres de promoción de lectura ligada a la gastronomía, en los que además de acudir a juegos y recursos didácticos que los hacen muy amenos y participativos, tanto para niños como para adultos, recicla cajas convertidas en teatrinos, pitillos, medias nonas y otros objetos transmutados en personajes y escenografías de sus historias y además emprenden la elaboración de libros artesanales.

Mónica Vivas; entre las letras y la cocina
Mónica Vivas; entre las letras y la cocina

Durante cerca de 30 años estuvo en Cali trabajando como tallerista en la promoción de lectura en bibliotecas públicas rurales y urbanas, como la de El Centenario, sin olvidar la importancia de la lectura y creación literaria asociada a la poesía que también escribe, al placer, al juego y al deleite de los sentidos y erotismo que trasciende desde el cultivo de los frutos en huertas caseras y su preparación en el lar familiar.

Durante la cuarentena regresó a su ciudad natal donde residen sus padres y desde entonces ha promovido sus creativos talleres en varias instituciones y escenarios.

A fuego lento ha ido cocinando 170 recetas sazonadas con sus poemas y reflexiones que espera publicar pronto.

Proclama Cauca y Valle: Mónica cuéntenos, ¿cómo ha sido su trayectoria desde que se graduó de la universidad y por qué se inclinó hacia la promoción de la actividad cultural, enfocada a la lectura y la escritura?

Mónica Vivas Albán: Claro que sí, Felipe. Buenas tardes público de Proclama. Tengo el placer de contarles que soy de Popayán. Mi padre era librero, mi madre era maestra de cocina. Yo estudio comunicación social para encontrar con un lenguaje de sana convivencia, por eso “Cocina y Letras” es uno de mis talleres estrella. 

He estado vinculada a las bibliotecas escolares, a las bibliotecas públicas, a la gestión cultural en diferentes ciudades, con diferentes programas del Ministerio de Cultura, Ministerio de educación, instituciones como Fundalectura y la Universidad del Cauca. La idea es que el libro, o en general la oralidad, la lectura y la escritura sean herramientas de comunicación, de formación, de expresión y también de proyección.

La palabra es una varita mágica y lo interesante es que las personas contemos con ella para que podamos realizar nuestros sueños, revelar nuestra naturaleza a partir del ejercicio comunitario y de vínculos que establecemos en la vida podamos llegar a pulir esa piedra preciosa que somos y que se convierte en facilitadora con los equipos que vamos formando en la vida.

PCV:  Es muy importante su labor, ahora que acaban de salir los resultados de las pruebas PISA que revelan que la baja comprensión de lectura entre los bachilleres. ¿Cómo enfoca su trabajo como promotora y tallerista en medio de la tecnología y su experiencia?

MVA: A mí me tocó la Universidad con máquina de escribir, no existían los celulares, no existía la industria editorial que hoy existe con esa maravilla de libros, álbumes, no se había democratizado tantísimo el libro como lo viene haciendo desde 1992, como empezó a hacerlo con fuerza desde el año 2010 con la primera ley de bibliotecas públicas.

Entonces ha sido un proceso en paralelo a la globalización, a lo geopolítico y a la tecnología. Leer es observar llegar a tener un pensamiento crítico, una actividad lúdica de retroalimentación. Conversar y tener un libro es como la puerta a filosofar, que eran lo que hacían nuestros ancestros, la importancia de conversar, la importancia del parche de venir al parque, la importancia de la tertulia, eso es lo que fomenta, aceita y enriquece nuestro pensamiento.

Con el mundo moderno nos vamos volviendo muy locales, casi que cada uno en su cubículo y peor con la pandemia, los temores y con la virtualidad, pues muchas veces nos sentimos más cómodos con un amigo virtual y nos sentimos incapaces de que nos toquen porque nos van a contagiar. Ya perdió vigencia al beso, por ejemplo, que era algo tan importante, la oxitocina que libera.

Sobre mi trabajo en Cali, primero estuve en la biblioteca del corregimiento de La Elvira, donde viví muchos años haciendo trabajo comunitario y en la biblioteca del Centenario, donde pude crear muchos programas relacionados con la oralidad, a la escritura, la lectura y tertulias.  

Pero, volviendo al tema de la cocina pienso que aprender a leer y aprender a cocinar debería ser tan importante como aprender a leer y escribir y pues mi vida también es el resultado de ese padre, librero, esa madre maestra de cocina y esta búsqueda de un lenguaje de sana convivencia, eso es parte de lo que he hecho en todo el país, en otros países, estuve en Bolivia estudiando cultura alimentaria, tengo un recetario con más de 170 recetas con productos de la región. Además, escribo poesía, incluso he ganado varios premios de poesía y tengo una gran investigación sobre el paladar y la palabra como herramientas primigenias en nuestra historia humana.

Mónica Vivas; entre las letras y la cocina
Mónica Vivas; entre las letras y la cocina

PCV: ¿El libro de las recetas ya está publicado?

MVA: No lo tengo publicado, son recetas, poemas y reflexiones porque, por ejemplo, el concepto del erotismo no solamente está en lo físico y en las palabras, sino también en la comida, en la experiencia organoléptica que es vivir y que es estar en la cocina, donde la cocina es un espacio raro, sagrado y se reúnen todas las áreas del conocimiento.

Entonces hace parte de educarnos, leernos, escucharnos, vivir, construir humanidad, pues el autocuidado tiene que ver con alimentar un cuerpo físico, mental, espiritual y emocional. Por eso tan importante mirarnos bien, tratarnos bien, compartir un café, compartir un poema, porque todo eso hace parte de fomentar el bienestar en nuestro organismo.

PCV: ¿Qué labor ha realizado y qué proyectos tiene?

MVA: Vine a Popayán con la pandemia y me quedé.  Durante la pandemia con una amiga que se llama Cony Quirós, hicimos el programa “Lecturas en la almohada”. También, hicimos muchos recitales en espacios públicos porque se restringió el erotismo, se restringió la poesía, la circulación de la palabra, todo este tiempo y desde hace 30 años vengo en la construcción y desarrollo de mi proyecto, “Cocina y Letras”, algo creativo, investigativo y enfocado a la nutrición sana, consumir los productos de la región, tener una huerta en casa, hacer germinados, que nos interese la calidad del alimento en todo sentido.

He estado trabajando con programas de promoción de lectura, en este momento como proyección de Popayán Ciudad Libro, no vamos para Timbiquí a hacer unos talleres de promoción de lectura para el público en general y tienen que ver con la oralidad y realizados a partir de juegos con el poema, la sílaba, la piedrita, el punto, los elementos cotidianos y así podemos transversalizar el conocimiento y acercar a la comunidad a la palabra oral, escrita y leída.

Tengo un trabajo importante en transformación de residuos. Llegué a tener un Museo de transformación de residuos de 75 piezas y de hecho, muchos de mis juguetes pedagógicos en la promoción de lectura tiene que ver con personajes que hago a través de botellas o a través de otros residuos como las cajas con las que siempre hago teatrinos.

PCV: Tantos años con el programa de Letras y Gastronomía amerita condensarlos en un libro con las 170 recetas, reflexiones y poesías. ¿no le parece?

MVA: Claro que sí, yo voy a comprometerme con mi ciudad a partir del año entrante 2024, para empezar a aterrizar ese texto y tal vez, lo que más me va a gustar de ese texto son los poemas, porque con esto de lo organoléptico de la vida, pues los sentidos están antes que las palabras y yo me pongo a revisar mi poesía y tiene que ver mucho con el suelo, la guayaba de la infancia, con ese olor a libro nuevo, a torta recién horneada y el mismo García Márquez al recordar el olor de la guayaba, nos decía que el libro, que un texto, una narración deben tener algún sabor, algún olor, para poder generar ese vínculo entre autor y lector, y sí, la verdad es que ya estoy muy grandecita, me toca ir resumiendo mi vida para poder dejar un legado importante.

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