En nuestro país, que se debate en la “seguridad democrática” del actual gobierno, estos temas no parecen estar en la agenda del presidente, pues la negligencia es casi que total hacia los temas sociales como salud, vivienda, educación, infraestructura vial, etc. No hacen parte de una política de estado fuerte. Solo se han disminuido las tasas de interés por parte del Banco de la República, que considero, será un pobre paliativo para la desaceleración económica que los economistas y presidentes de grupos económicos prevén. Sumado a lo anterior se hace un aumento salarial paupérrimo que se lo llevan los nuevos elementos que hacen parte de la novel estructura de la canasta familiar.
La pregunta que se hace el ciudadano del común es ¿cómo no puede haber un consenso entre gobierno, empresarios y académicos para una revisión de este aspecto salarial?; aunque considero que la demanda que las centrales obreras piensan hacer de este, es muy probable que no prospere, pero si pueden haber incentivos tributarios para los empresarios.
Bajo este panorama económico, se acaba de firmar la Ley de la Ciencia, por parte del todopoderoso gobierno. La pregunta es: ¿Será que con 0.5% o 1%, se pueda desde la academia, tener una cultura científica que al menos cierre un poco la brecha entre otros países en donde la inversión es mayor?; la respuesta es NO. Si esa es la inversión para la ciencia como será para la Ley de las Artes y la Cultura que acaba de presentar la Ministra de Cultura, para su estudio y firma?
Esperemos, queridos lectores, que este panorama nos cambie y que no sea la seguridad democrática la única bandera, ya que la ciencia y la cultura necesitan más incentivos, para que nuestro subdesarrollo no sea tan palpable con nuestros vecinos del continente.
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