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Misión de la universidad y otros asuntos…

El martes 19 abril, 2016 a las 1:02 pm

 

Carlos E. Cañar SarriaCARLOS E. CAÑAR SARRIA / carlosecanar@hotmail.com /                  La universidad es el espacio donde debe expresarse permanentemente la interrelación entre el hombre y el mundo que le rodea. En esta interrelación debe estar presente la vida en todas sus expresiones. Le corresponde conocer los problemas universales y resolver los regionales de acuerdo al devenir de la historia y los acontecimientos. Se trata de una universidad comprometida con los problemas de la comunidad, capaz de promover y practicar valores que impliquen la adopción de unos paradigmas que signifiquen, como misión fundamental, formar al hombre para el servicio de su pueblo.

                 Una universidad que no se integre a la comunidad es un desperdicio, pierde su razón de ser o su verdadera misión. A la universidad le corresponde enfrentar con vitalidad y contundencia las grandes necesidades sociales. Para ello, entre otras cosas, tiene que convertirse en un universo abierto al pensamiento, donde el universitario pueda participar, imaginar, crear, futurizar, juzgar la realidad, etc. Expresar su derecho a disentir y conquistar la autonomía espiritual mediante la libre crítica.

                   La universidad es el escenario propicio para la expresión del derecho a disentir. Donde se hace posible discutir las diferentes ideas y los variados imaginarios de sociedad. En la universidad no tienen por qué existir discursos hegemónicos ni verdades absolutas, porque es la dialéctica la que discurre en oposición al dogma.

                 Concebida de este modo, se trata de una universidad moderna, es decir, de una universidad democrática, donde todos los actores sociales universitarios puedan vivir en paz y trabajen con miras a la comunidad y en donde ser estudiante signifique un estado democrático de la vida.

                  Una universidad moderna rompe el distanciamiento entre profesores y estudiantes, dialécticamente permite la combinación de sus saberes y experiencias. No puede existir nada más gratificante como docentes, que terminar siendo educados por los mismos estudiantes. Lo cual no se presenta si se reclutan profesores sin firme ética universitaria, egoístas, arrogantes, incapaces de generar confianza y de participar como guías y compañeros. Que el respeto que les tienen los estudiantes se debe al temor que producen, pero jamás a los conocimientos e inquietudes que suscitan. Son ‘respetados’ y temidos al tiempo que son aborrecidos.

                  La investigación debe ser uno de los baluartes principales del quehacer universitario. Universidad que no investiga está condenada al fracaso. Investigación, ciencia y cultura son elementos sustanciales de las universidades modernas. Muchas universidades colombianas adolecen de investigación, se ufanan de contar con redes y centros de investigación, pero la verdad no producen nada. Venden la idea de que para investigar se requieren recursos económicos y ello es muy cierto; no se puede fomentar una cultura investigativa sin un peso; necesariamente debe existir una estructura sólida que permita sacar adelante los proyectos y procesos investigativos. No se puede fomentar una cultura investigativa cuando cada vez les recortan el presupuesto a las universidades. La verdad es que en Colombia no existen verdaderas legislaciones ni políticas públicas en ciencia y tecnología.

               Las empresas privadas también han estado ausentes en esta tarea. Como afirma Marco Palacio, ex rector de la Universidad Nacional: “Los empresarios encuentran más racional importar tecnología y comprar patentes que tomar el riesgo de invertir en proyectos de ciencia y tecnología”. Y agrega: “Finalmente, los gobiernos de turno prefieren adaptarse pasivamente a las agencias multilaterales que presionan para que los países moldeen su institucionalidad básica de ciencia y tecnología a las exigencias de sus políticas y de sus préstamos. En conclusión, debemos reconocer que nuestros avances son mucho más lentos y más descoordinados que en muchos países con menores niveles de desarrollo, y, en todo caso, frente a los 3 grandes de América Latina”. Se refiere a Brasil, México y Argentina a los que siguen de lejos Chile y Venezuela; el pelotón trasero lo encabeza Colombia, señala Palacio.

                 En momentos en que se habla del postconflicto en nuestro país, se hace necesaria la articulación entre el Estado y las empresas privadas para el fomento de la ciencia y la tecnología. Aquí también se hace indispensable el papel protagónico de las universidades, sin el cual, no puede ser posible la materialización de los cambios que requiere la nueva sociedad. Una universidad para la paz debe estar insertada en la búsqueda de soluciones para afrontar con éxito las distintas y múltiples demandas sociales. Sin una universidad crítica y comprometida en la solución de los problemas del país difícilmente se logra construir los cimientos para la convivencia civilizada.

                 Desconocemos cómo vienen asumiendo la difícil tarea del postconflicto las universidades colombianas, hay veces que creemos- no sabemos si equivocadamente o no- que poco se sienten. En la opinión pública muchas veces se reclama su presencia, sobre todo, cuando durante muchos episodios de nuestra reciente existencia republicana no se siente su posición crítica y propositiva y mucho menos vislumbrar los ánimos de un verdadero compromiso.

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