Viernes, 3 de abril de 2020. Última actualización: Hoy

MINISTRO, MINISTRA

El domingo 22 marzo, 2020 a las 4:10 pm

MINISTRO, MINISTRA

MINISTRO, MINISTRA

   Permítanme que comience como Maduro: ministro, ministra. Porque hay ministros y ministras en este país y en casi todo el mundo. Y si son ministros, deben hacerle honor a ese inmenso cargo: tienen que aprender a ministrar, a ad-ministrar la cosa pública. Y la cosa pública, su nombre bien lo indica, es el bien de todos, el bien general, que ya no es bien público ni general, ustedes muy bien lo saben; o deberían saberlo con tanta universidad encima, con tanto doctorado, grados y postgrados, con tanta honorífica academia encima y condecoraciones a diestra y siniestra. La cosa pública, el bien público, que debería ser de todos no lo es, porque unos cuantos aprovechados se autonombraron dueños, mostrando así el mal cobre de su audacia, obcecada condición de la bellaquería.

    De modo que, ministros, ministras, entiendan bien: no deben estar ustedes en posición de privilegio ni por encima de los demás; administren para el pueblo, no para ustedes mismos ni para el ciclo de protegidas amistades, camarillas familiares y allegados más cercanos. No están ustedes por encima del pueblo, entiendan bien; ustedes deben ser servidores del pueblo, no al contrario; ustedes son sirvientes del pueblo, no sus amos. De modo que, ministros, ministras, bájense de esa nube; un gran humo los ensucia, los delata, y el pueblo ya no está para comediantes de mala fama. Aprendan dignidad; sirvan con honestidad, hagan examen de conciencia, bájense de ese lucro deshonesto, hagan inventario moral de obligaciones, pónganse la mano en el corazón. Lean, por lo menos, «Los cuatro libros clásicos» de Confucio; allí aprenderán a pensar correctamente, aprenderán cómo deben comportarse como es debido, aprenderán a distinguir el bien y la verdad, no la mentira y la molicie; aprenderán que son súbditos, no emperadores; aprenderán la buena norma y dejarán de hablar tanta paja ante los demás.

   Aprenderán, sobre todo, que la dignidad de un país no es motivo de rapiña ni de ventajas personales, sino el bien que se merecen absolutamente todos los ciudadanos sin ninguna distinción.

    Señores ministros, ministras, por favor, pórtense como es debido. Dejen de ser el pésimo referente con que la historia de la vergüenza los debería distinguir.

   ¡Así sea, publíquese y cúmplase!

                  **RVQ**

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