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MINIMIZADO EL CAMPO

El sábado 14 abril, 2018 a las 10:54 am
MINIMIZADO EL CAMPO

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

MINIMIZADO EL CAMPO

El periodista Alfonso Cuéllar en su columna de “opinión” de hoy en Semana dice que Colombia hoy es mayoritariamente urbana, citadina. En un 70%, dice. Un gran descubrimiento. O simpleza o miopía. ¿Cuándo el campo ha sido valorado? ¿Cuándo era igual a la proporción de lo citadino? ¿Que porque ahora el campo, lo rural, lo alejado de la gran ciudad de consumo, es más próspero?

Qué manera tan superficial de hacer un análisis y tratar la problemática del campo. Si el campo jamás ha sido considerado importante para la economía del país. Para los intereses de la gran masa política. No allá solo viven los no pensantes, los alpargatudos, los que miran como su gran capital las papitas, las yuquitas, los platanitos, los repollos, las lechugas, las alverjas y, a lo más, las gallinitas y los arados con sus bueyes. Qué va a importar esa masa ignara a la importante 70% gente citadina.

Claro, que lo que hasta hace un tiempo atrás era “campo”, las grandes extensiones de tierras de nuestro amito Luis Carlos Sarmiento y el exminagricultura Lizarralde compraron por allá cerca a Vichada dejó de serlo porque ellos lo adquirieron a precio de huevo. Fue como quitarle un pelo a un puerco espín. Nadie notó la inversión. Pero se valoraron esos bienes baldíos por la calidad de personas que lo compraron. Dejaron de ser campo. Ya no son de los zarrapastrosos campesinos.

Qué diferencia de generaciones aquellas de hace un siglo que vivía paradisíacamente en el campo sagrado. Cómo corrían quebradas, ríos, cascadas pródigas, cómo había árboles, paisajes y cultivos. Se oían los cantos de las guacharacas, la algarabía de los loros, del sinsonte, corría el guatín, los micos chillaban, los bueyes mugían con su corona de yugos sobre su frente mientras araban la tierra. Era como cuando Virgilio vivía cerca a Mantua y escribía Las Geórgicas al lado de Títiro. No había bacanales ni carros lujosos ni ofendía a la vista la llegada de los grandes señores que compraron esa cantidad de tierras baldías a precio de huevo.

¿Qué queda de nuestros campos? ¿Siquiera un 30% como anota Cuéllar? ¿En dónde la mano del gobierno, en dónde la dignidad de los campesinos que subsisten? ¿En dónde quedaron los ríos como el Sardinata o el Humadea, ora tan caudalosos junto a Acacías y San Martín? Habría que preguntar a los monstruos Ecopetrol y Repsol si construir los proyectos Trongón I y Lorito I incidieron en su deterioro.

Si lo que queda de nuestro territorio campesino luego de la compra de los potentados citadinos está en el mismo descuido que antes. ¡Igual la pobreza, los caminos de herradura, el modus vivendi, la displicencia de los entes gubernamentales!

Oh, campesinos, descalificados por existir y ser, por ser pobres y no ser noticia como agentes productivos. Ellos no tienen carro o grandes capitales en los bancos ni sacan pecho. Su patrimonio es la lejanía y ser de bajo perfil. ¿Quién hablará por ellos?

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