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Domingo, 21 de julio de 2024. Última actualización: Hoy

MILAGROS

El lunes 8 julio, 2024 a las 4:00 pm

Por Jaime Cárdenas

“Este es un mundo apestoso
Para un hombre viejo.
Un mundo que permite que se abuse de los viejos
Como lo hacen ustedes.”
S. Kubrick. La Naranja Mecánica. 

Es paradójico que cuando más se tiene conciencia de la vida es cuando más cerca se está de la muerte. En la juventud creemos que somos inmortales, tal vez en esta percepción radique su encanto. La infancia no puede nunca prever el fin, tiene tantos misterios y tareas que develar y cumplir que no se puede ver tan lejos.

Cada uno está solo en el corazón de la tierra/ traspasado por un rayo de sol:/ y en seguida anochece. / Escribió el poeta Salvatore Quasimodo. Pero esta conciencia del fin no viene de la mano de la poesía, salvo en el caso de los privilegiados. Subiendo la cuesta el final se lo empieza a vislumbrar de forma prosaica, con un dolor en el estómago, con el examen de la glucosa, con la recomendación de que se baje de peso, que camine y tome la pastilla de la presión. O con los pupitres vacíos de los compañeros del colegio y con la llamada del que sobrevive y da la infausta noticia. Por fortuna hay poetas, y filósofos y siempre habrá belleza. Kavafis escribe ese canto a la vida y a la vejez que es Ítaca y Habermas y Morin pasan los cien años y siguen escribiendo con rigor y amor para la humanidad. Arte y conocimiento pueden ser la cumbre, el premio.

En esas alturas la pensión viene a ser el madero para seguir vivo en el mar encrespado. Con ese aliento se busca llegar de la mejor manera, con temor, pero dignamente como decía Sábato.

Los viejos pobres no tienen tiempo ni la cabeza para apoyarse en la poesía. Algunos andan angustiosamente tratando de sobrevivir en una esquina vendiendo cigarrillos o haciendo pequeños mandados. Hemos visto ya entrada la noche a viejos encorvados empujando su carreta con cartón reciclado a punto de desfallecer como sucedió con ese caballo carguero por el que Nietzsche enloqueció.

La élite de los pobres, los pensionados con un el salario mínimo van a los parques, a los cafés y se encuentran con sus viejos amigos. Gran parte de su charla es una junta médica, cada cual cuenta sus males y reniega de su EPS, uno dice que le amputaron su pierna por no darle cita y bromea con su muleta, siguen hablando de fútbol, preguntando qué día pagan la pensión y maldiciendo, porque todo se va en remedios y no pueden comprarse un nuevo par de zapatos, una camisa. Alguno comenta que la hija fue a vivir con el esposo a la casa y que él pasó al cuarto de atrás, al de los chécheres, se queja de que es oscuro y frío. Los otros se miran y saben que no está lejano el día en que también sean mueble viejo o que se reúna la plata entre los hijos y se lo lleven al nuevo hogar, a la casa del olvido, se necesita el cuarto y no hay quien los cuide. Y no falta quien diga que estuvo el día anterior con Rosaura, que murió hace 11 años.

Y aquí aparecen unos personajes que completan el destino de los viejos. Aparece Cristo. Pero no es El Cristo de los creyentes, es otro más milagroso, a juzgar por sus recientes hechos, es el Cristo de Cúcuta y aparece Santiago, el apóstol, Santiago Montenegro, el siervo de la oligarquía financiera, de Asofondos. Dos personajes que bien parecen Alex y Dim, los de la pandilla de La Naranja Mecánica que golpean al anciano ebrio e indefenso. Estos personajes aclamados y encumbrados por Cristo en su emisora, – en lo que viene a quedar Cristo-, hijos putativos de Sarmiento y Samper, respectivamente, con un zarpazo, con un artículo se llevan más de 2.000.000.000.000, de pesos, más de dos billones que cobra Montenegro por comisión, por cuidar la plata de las pensiones, el precio del silencio ante la reforma pensional, artículo que Cristo le ordena cual amo a su sirviente, al senador Moreno que incluya en la seudoreforma pensional.

Esa asociación delincuencial que viene a ser Asofondos representada por Montenegro le pasó a Cristo la redacción del inciso, así fue su humillación, no se le permitió siquiera redactar el artículo 24 de la reforma pensional que asegura el asalto a las pensiones. Cristo sólo pudo pasar el texto a su criado Moreno, el senador que lo propone y ahora es ley.

Son millonadas que salen de la plata de los colombianos y que se les esquilma a los viejos que mueren en la miseria, y que van a parar a los milagrosos bolsillos de Cristo, de Montenegro y de la jauría que administra el trabajo de los pobres de Colombia. Esta vez no hubo maestros, solo viejos olvidados, manipulados y vencidos.

Otro personaje finalmente aparece en la escena. Es León Trotsky quien visita en sueños a Socorro Ramírez, su antigua devota, quien nada dijo sobre el entuerto. Le dice el viejo León a la ministra: “Quien se arrodilla ante el hecho consumado es incapaz moralmente de enfrentar el porvenir.»

Magnífica la rebelión de las mujeres, de los indígenas, de las minorías sexuales, de los jóvenes. Está pendiente la rebelión de los viejos. Más temprano que tarde deberá ocurrir.

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