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MI EQUIPO DE FÚTBOL

El viernes 19 junio, 2015 a las 9:59 am
Silvio Erwin D'Vries A.

Silvio Erwin D’Vries A.

“Colombia, equipo de fútbol de 46 millones de jugadores con tan mal arquero que siempre le meten todos los goles”… Sé que este comentario puede despertar la ira de los más acérrimos hinchas del balón pie. También sé que pueden tildarme de amargado, aburrido, antisocial. Misántropo, troglodita o hasta apátrida. La verdad no me importa porque todos en diferente grado pudiesen llegar a poseer la razón.

Ahora bien, al despotricar sobre este fenómeno mundial que tan embelesados tiene a millones de compatriotas me enfrento a un reto mucho más -no sé si llamarle- ¿loable? o mejor utópico; sea cual sea el concepto quedaría igual preso al escarnio. En fin, Por un lado lo que pretendo es llamar la atención de aquellos absortos tertulianos que filosofan en torno a los pronósticos deportivos sin considerar asuntos que realmente abarcan las dimensiones más significativas de una sociedad, asuntos los cuales espero a continuación rápidamente repasar de manera irresponsable en un par de argumentos.

Por un lado, hemos dejado de prestar atención a los tramas que hacen parte de la construcción de nuestro propio bienestar como sociedad, sacrificando el interés por una fantasía en la cual todos gritan en apoyo a un grupo de deportistas que no hacen más que representar los deseos ocultos de cada uno de los colombianos. Nos volcamos en deseos de celebrar “algo”, cualquier cosa que nos permita borrar de nuestras memorias los horrores que enmarcan nuestra cotidianeidad. -Con esto no me refiero al tan de moda tema de los diálogos de La Habana, mal llamados de paz-; me refiero a asuntos más concretos, como por ejemplo que en el marco del inicio de la Copa América se tramitaron en el congreso reformas importantes que entregan aún más a este equipo al apetito de los intereses privados, o que se otorgan más herramientas a los órganos de control policial sin revisar las posibles consecuencias que podrían acarrear a los ciudadanos que confiados se volverán víctimas de los inmarcesibles uniformados, que enquistados dentro de la institucionalidad han conformado terribles hordas de bandidaje –algo que no es un misterio para nadie- ¿entregarle la potestad de invadir la intimidad a quienes constantemente son señalados por múltiples atropellos? ¡Esto solo se ve aquí! Debería ser: ¡Primero la purga pa´ después el festín!

Por otro lado tenemos que cientos de niños, colombianos todos, pero así mismo olvidados todos, están muriendo cómplices de un silencio que avergonzaría al más cruel verdugo. Evidentemente es más importante el fútbol que la vida de los niños Wayú, porque en ultimas ¿ellos en que le aportan al disfrute del pueblo? ¿Al jolgorio y a la bebeta? Las mismas preguntas aplicarían para otros asuntos pero quiero dejar de parecer aguafiestas y por un momento quiero sumarme a la vociferación de la masa: “A mí que me pongan cumbia, que me den cerveza y que me pongan una vieja voluptuosa a bailar borracha sobre una mesa”.

Definitivamente nos tocó el peor arquero, el guardameta sin conciencia, que a punta de autogoles, fintas, chilenas y jugadas de fantasía, embelesan al público robándole su voluntad, su sentido común, y sumergiéndolo en un frenesí de gritos, llantos y victorias que solo pueden ser ahogados por el sonido de las sirenas que abarrotan los rincones de las grandes y pequeñas ciudades, sirenas que evocan a aquellas figuras míticas que con su canto embrujaban a los osados marineros llevándolos a entregar su vida voluntariamente y que ahora son los rimbombantes sonidos de la tragedia, la desventura y la muerte.

Reitero antes de concluir que mi propósito no es descalificar los gustos de la masa, trato al máximo de ser respetuoso, aunque se ponga en duda, pero insisto en señalar que estamos entregándonos a un engaño que nos vuelve cada vez más insensibles ante los asuntos que deberían llamar nuestra atención, hacernos reflexionar y aunar esfuerzos para luchar todos juntos en búsqueda de una sociedad digna con posibilidad de lograr un futuro mejor.

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