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¿Meritocracia en sueños?

El martes 19 agosto, 2014 a las 9:13 am
Carlos E. Cañar Sarria

Carlos E. Cañar Sarria carlosecanar@hotmail.com

Si en realidad el presidente Santos pretende seguir comprometido con la política del ‘Buen Gobierno’, los criterios meritocráticos para acceder a los cargos deben ser una prioridad. La denominada dedocracia debe desaparecer. El soporte moral de un buen gobierno no tiene por qué comulgar con actitudes que se presten para suspicacias. De esto debe ser consciente el presidente a la hora de nombrar sus ministros y a la hora de conformar ternas como en el caso de la Contraloría, por citar un ejemplo. Pensar en los intereses del país, por encima de llenar expectativas de apetitos burocráticos en contraprestación de apoyos recibidos electoralmente. Las peleas entre el ex presidente Gaviria y Santos por cargos burocráticos han sido objeto de rechazo en la opinión pública. El fenómeno del clientelismo que no es preciso evadir de la noche a la mañana, porque esa ha sido nuestra cultura política, debe desaparecer en forma paulatina si es que queremos contribuir en la construcción de una sociedad moderna y democrática. Algo tendrán que hacer las instancias del poder público para democratizar una sociedad donde el clientelismo, el amiguismo y la politiquería han invadido los espacios de la administración pública.

Nos viene a la memoria la inquietud de una de nuestras alumnas en una Facultad de Derecho hace algunos años: “(…) Estoy haciendo innumerables esfuerzos y sacrificios para convertirme en abogada. Además de servirle a la sociedad, aspiro conseguir empleo, mejorar mis condiciones de vida y seguir estudiando.” Esto es lo que en ciencias sociales y políticas se entiende por lucha por el reconocimiento. Algo normal en los seres humanos que hacen esfuerzos por salir del marginamiento económico y social.

El problema está en que pocos profesionales en Colombia ven cristalizar sus sueños. Primero porque no hay una política pública de empleo y, segundo, porque el clientelismo se convierte en un obstáculo para que los profesionales se vean incluidos justamente en la rama laboral.

El analista Néstor García Cancini resalta la gran diferencia entre la modernización europea y la modernización latinoamericana. Anota que mientras en Europa priman unas relaciones sociales donde existe la autonomía de la persona, la universalidad de la ley, la cultura desinteresada, la remuneración objetiva y la ética del trabajo; en Latinoamérica, por el contrario, nos caracterizamos por la dependencia, los privilegios y el utilitarismo caprichoso.

Pensamos que en una sociedad considerada moderna, la relación patrón-cliente debe desaparecer, sobre todo en un país como el nuestro, que ufana ser de tradición democrática. La implementación de la carrera administrativa en algunas ramas del Estado, no ha sido efectiva ni suficiente para contrarrestar el espíritu clientelista, ya que siguen primando el padrinazgo, las buenas o malas recomendaciones, el amiguismo y la devolución de favores, entre otras cosas.

Esto, innegablemente es algo que desencanta a quienes estudian y luchan por salir adelante y abrirse espacios en la sociedad, pues no es justo que los cargos y los puestos los desempeñen y ocupen personas que para nada les ha caracterizado el esfuerzo con sus hojas de vida son demasiado pobres pero ricas en oportunidades.

Razón tiene Andrés Hurtado García, columnista de El Tiempo, cuando hace varios años, expresaba: “¿Para qué estudiar si se gradúa uno de ingeniero, médico o arquitecto y termina manejando un taxi? ¿Para qué estudiar si no se consigue empleo, si el 20 por ciento de la población está desesperada y con ganas de trabajar y no hay posibilidades?”.

Lo anterior, nos conduce a reconocer la necesidad de construir elementos básicos institucionales de inclusión laboral y social, que permitan convertir en realidad la democracia participativa que anuncia la actual Constitución Política. Que hagan posible la adopción y consolidación de criterios meritocráticos de promoción personal y laboral en Colombia, contribuiría a la convivencia pacífica, a una ética de amor por el estudio, por el trabajo y por la patria. Nadie así, perseguiría abandonar el país para lograr lo que su tierra no le brinda.

Mientras no se recluten a los mejores, a los más preparados intelectualmente, a los más honestos, a los más competentes, la meritocracia no dejará de ser más que un anhelado sueño. Es cierto que el clientelismo no necesariamente es corrupción -más cuando no ha habido otra forma diferente de hacer política- pero sí abona terreno a las desigualdades, al desconocimiento de los mejores, al desinterés por la pedagogía del esfuerzo; factores que tarde o temprano comparten cama con la corrupción. Ojalá pudiéramos en Colombia adoptar o adaptar los mecanismos de inclusión laboral de los países europeos. Quizás podríamos contar con mayor eficiencia en la administración pública. La mediocridad institucional que tanto daño ha hecho en nuestro país, desaparecería.

Coletilla: A un presidente de corte liberal como Santos, le quedó muy mal no incluir a un negro entre sus ministros. Hay muchos que dan la talla.

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