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MEMORIA Y OLVIDO

El lunes 3 junio, 2019 a las 11:54 am
MEMORIA Y OLVIDO
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

MEMORIA Y OLVIDO

La memoria en el ser humano no solo es la facultad de recordar datos como el conjunto de palabras con las que hablamos y nos comunicamos por escrito. También guardan en una celda, como en un computador más sabio y flexible que las reúne y las pone a disposición de quien las aprehendió, cuando las necesita para exponer ante los demás lo que piensa y lo que sabe.  

Recordar, tener memoria, es una facultad excelsa concedida al ser humano. En la memoria se van almacenando hechos, voces, caras, actitudes, risas, desprecios o besos de pasión. Mas también ocurre lo contrario. Parece que hubiera un enemigo acérrimo escondido en el fondo del cerebro. Efectivamente, allí, agazapado está el olvido. Todos pensarían que estaba durmiendo, pero él permanece en vela.

Como si para un suceso agradable, de amor o cortejo hubiera el contrapeso del olvido. No hay dicha completa, oye uno decir. Sin embargo, el olvido es un remedio inventado por los dioses. Si no existiera ¿qué haría el ser humano con toda esa masa enorme de recuerdos de traiciones, burlas, muertes, tristezas o enfermedades que insisten en dejar huellas? Lo más saludable es que vayan retrocediendo a medida que se alejan los hechos o palabras que causan escozor y dejan un sedimento en las vísceras y allí se revuelven sanguinolentas.

La memoria hace permanecer hechos, como monumentos de mármol que fueron fruto de acción de gracias o de premios por acciones realizadas en triunfos o por esfuerzos casi sobrehumanos en medio de dificultades. Se pueden presentar en casa, realizadas por los hijos para corresponder a los cuidados y esfuerzos de los padres. O pueden resultar por la inventiva personal o de un grupo en las fábricas o empresas de servicios.

Hoy, todavía quedan vestigios y hechos fehacientes del trabajo cuidadoso de prohombres y mujeres en la historia. Han quedado en la memoria colectiva a través del tiempo, como las pirámides en Egipto, la estatua de David realizada por Miguel Ángel o la imagen de Judith con la cabeza de Holofernes recién decapitado en sus manos o como la cacica Gaitana en Timaná que dio muerte al conquistador Pedro de Añasco.

Memoria y Olvido. Dos palabras que encierran historias del pasado remoto, – también -, de nuestra propia vida. De cuando éramos niños y jóvenes o ya en nuestra cercana adultez. Las palabras podrán pasar y olvidarse por completo. Pero no los gestos. Voltear la espalda, mirar con desdén, retorcer la boca, alejarse de la vista.

Guardar en la memoria puede ser un gesto de esperanza, pero desterrar de la memoria la imagen querrá decir hundir en el olvido. Y aquí olvido equivale a muerte en vida. A barrer con todo rastro, como cuando se limpia el espejo de un leve polvo facial.

Las palabras parecen, entonces, sentencias de muerte o indultos de gracia y soberanía. Estar en el presente de alguien o estar borrado del mapa de un mundo platónico.

02-06-19                                                  7:45 p.m.

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