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MASIFEFER, ARTE Y DIALÈCTICA

El viernes 16 septiembre, 2011 a las 12:36 pm
Rodrigo Valencia Q
Especial para Proclama del Cauca
“Masifefer, Arte y Dialéctica” es un libro escrito por Betty Gutiérrez, artista de Popayán, egresada de la Universidad Nacional de Colombia y Magíster en Artes Visuales, Pintura y Escultura de la Universidad Nacional Autónoma de México; fue profesora del INEM, de las Universidades del Cauca, Nariño, Católica Popular de Risaralda, y de la Universidad Tecnológica de Pereira, donde publicaron esta obra, el año 2004.
Sin pelos en la lengua, Betty va montando el inventario ideológico de las alienaciones incubadas al interior del “arte culto”, de las praxis que hacen genuflexión en las escuelas, las pompas disfrazadas, las virtualidades de los últimos tiempos, las estrategias de masificación “cultural”, los primores de la élite emergente, los vicios de salones oficiales con sus improntas amaneradas y políticas contaminadas, la perorata de los críticos y toda la feria y marrullas que el imperialismo cultural y decadente implanta como plaga en sus dominios subdesarrollados.
Vigilante y crítica, la conciencia de Betty Gutiérrez recuerda los desmanes, las masacres, la explotación de las razas negras, indígenas y mestizas, tanto como de la clase obrera, víctimas de la apropiación y despojo que, desde la conquista, es la pesadilla trashumante de nuestra historia americana, con todo el emporio detestable de manipulaciones que subyugan al ser humano desvirtuándolo, hacinándolo en el ostracismo de identidades falsas, señalándolo con la infamante marca de las cosas, pervirtiendo el buen sentido, la esencia de su ser y la cultura; suplantación, máscara y fetiche de la indumentaria, de la pose y la apariencia, ordalías todas que el saber, el humanismo y las políticas oficiales y globalizantes siembran en la conciencia inerme de las gentes.
Betty propone un arte popular, lejos de los reconocimientos y méritos de marca; un arte en concordancia con las raíces étnicas, ecológicas y estéticas de nuestras razas; un arte comprometido con la necesidad, la historia y la fundamentación social del desarrollo.
Los conceptos de Betty, nutridos en la sabiduría de José Carlos Mariátegui, Juan Acha y Octavio Paz, entre otros, son una voz disidente en medio de la proliferación de las nuevas pedagogías, los nuevos talentos, los histrionismos y vedettes del momento; una voz valiente que pone el dedo en la llaga de nuestros tiempos, vendidos al éxito y a las demagogias dudosas pero bien publicitadas.
“En la comunidad indígena Sikuani del Alto Vichada, Masifefer forma parte de los personajes míticos del mundo sobrenatural, simbolizado en un hombre desollado que devela los malos tiempos”. De ahí el nombre del libro, espejo bien logrado de los procesos decadentes que los vicios culturales han ido imponiendo con todo su mórbido contagio destructor. El acento escatológico de estas voces de Betty nos hace reflexionar y tomar conciencia de las hipocresías y desafueros aceptados por las multitudes, entre las argucias de un arte y cultura que ya son segunda naturaleza en nuestras “identidades”.
Betty escribe: “La paz no se pinta; es una forma de vida a la cual se llega al reconquistar la libertad. La libertad abraza la creación; el hombre que la consigue será capaz de reinventar la vida, y el artista entablará un nuevo diálogo para ese hombre nuevo… En paz no hay hambre ni miseria; hay igualdad y dignidad, donde la libre expresión no se decreta… Mientras estemos en guerra, continuaré construyendo barquitos de papel para el próximo invierno, a fin de seguir soñando.”
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