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Maradona: Redondo y humano, demasiado humano

El jueves 26 noviembre, 2020 a las 10:45 am
Maradona: Redondo y humano, demasiado humano.
Foto: Getty Images.

Maradona: Redondo y humano, demasiado humano.

Por: Felipe Solarte Nates.

Su magia dominó con la zurda la redondez de la tierra, que gracias a los satélites, conoció al detalle sus hazañas sobre el césped y los ruidosos autogoles en su vida cotidiana.

Cuando su carisma y entusiasmo flotaban en la cancha y para romper rígidos esquemas de juego desbordaba su genio, hacía mágicos quites a sus rivales, cual murciélago volando con su radar activado, antes de tejer: el pase o el gol, con el toque de una obra de arte.

Jalonó hasta la cumbre a equipos con nóminas modestas. Así lo hizo con la selección Argentina que en México ganó el mundial de 1986, y con el Nápoles del pobre sur italiano, que se coronó campeón derrotando a la Juventus, Milán y el Inter, financiados por ricos grupos industriales y financieros del norte.

Fue el héroe de los descamisados que sintiéndolo carne y espíritu de barriada, lo endiosaron por derrotar a los ingleses después que en las islas Malvinas, con su poderosa tecnología militar, habían masacrado a humildes e inexpertos soldados de su país, a los que la dictadura militar llevó de helada carne de cañón, intentando desviar la atención acerca de sus desapariciones, asesinatos y multimillonarios robos.

Por eso también lo idolatraron, como antes lo habían hecho con Perón y Evita, fundando la iglesia Maradoniana, en un país donde el futbol es religión y cada pibe sueña con enfundarse la diez albiceleste.

A pesar del dinero que ganó y los placeres y adicciones, que como un regalo envenenado le ofreció la fama, nunca olvidó ni negó sus raíces ni dejó de enfrentarse a los abusadores del poder: en los equipos que jugó o cuando se anticipó a denunciar a la cúpula corrupta de la FIFA, y sin pelos en la lengua, criticó los excesivos lujos del Vaticano o los abusos de gobiernos al servicio de minorías depredadoras que mantenían en la opresión y miseria a sus pueblos.

Fue zurdo “con el pie, la mano y la cabeza”, y en política respaldó a gobiernos y dirigentes que en el continente intentaron construir sociedades más justas.

A diferencia de Pelé y Messi, no fue ni quiso serlo, un modelo de virtudes y en eso fue humano demasiado humano: “tramposo, borrachín, drogadicto, tragón, mujeriego, etc.”, entre los defectos que en vivo y en directo amplificaron los medios y le enumeró Eduardo Galeano en su famoso escrito en el que por la conjunción de virtudes y defectos lo elevó a la altura de un idolatrado dios; pero humano, demasiado humano, con todos sus goles y autogoles.

En su viaje a la eternidad se le adelantó una generación a Pelé, el Rey, quien en su mensaje póstumo le tuiteó: “espero que juguemos en el cielo”- Maradona, el Dios, según el cronista Jorge Barraza, tal vez le replicará, digo yo: “o en el infierno”.

Con la plasticidad de su cuerpo danzando con la redonda atada a sus pies, voló un inmortal hacía la etérea red de galaxias.

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