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MALESTAR QUILICHAGUEÑO, POR UNA COLUMNA

El martes 13 mayo, 2014 a las 12:19 pm

Crepitaciones

Existe dentro del conjunto de normas éticas y periodísticas, una muy valiosa y fundamental que separa muy bien los límites entre los campos de la esencia fundamental del periodismo, la noticia, y el tratamiento personal que se le da a la misma, el comentario o columna, el cual bien escrito y tratado, con rigor argumentativo e investigativo, se convierte en ensayo. Dicha norma o axioma afirma que: “La noticia es sagrada y el comentario es libre”, estando plenamente seguro de que ninguno de ustedes, amables lectores, a primera vista, podría poner en duda la veracidad de esa afirmación. Pero de pronto, como de todo hay en la viña del Señor, alguien por allí, curioso e inquieto, dentro del selecto público, puede levantar la mano y refutarnos sobre los límites de esa libertad, a la hora de hacer un comentario veraz. Y en verdad, tiene la razón, porque de todas formas, hay barreras éticas, que se sobreponen a la libertad de pensamiento, a la libertad de expresión, cuando se falta a la verdad y es bueno tenerlas en cuenta, para evitar susceptibilidades y herir sentimientos, como en la presente ocasión, por motivo de una columna de opinión.

La columna en mención, “Sirirí”, fue publicada por el diario El Espectador del viernes 9 de mayo, del presente año, en su edición No. 34.454, titulada “Tragedia anunciada”, escrita por el reconocido periodista y columnista Mario Fernando Prado, la cual suscitó, y con razón, sentimientos adversos de muchas personas, entre ellas la del periodista y concejal Darío Fernando Reyes, por cuyo intermedio, a través de Facebook, me enteré de la misma, escribiéndole al instante mi comentario personal, donde manifestaba también mi indignación por las opiniones expresadas por Mario Fernando, y ahora lo hago a través de mi columna, compartiendo con ustedes esos sentimientos de malestar quilichagueño. Incluso, el propio concejal, escribió y envió una carta de indignación a la sección Cartas de los Lectores, del mismo diario, la cual apoyo en forma irrestricta estando seguro que ustedes también lo harán.

Dicha columna, en su introducción, y en sus párrafos iniciales, hace un cuestionamiento lógico de la situación planteada, a raíz de la tragedia lamentable de San Antonio, con preguntas normales, que todo periodista y columnista debe hacer. Pero el penúltimo párrafo, es el que contradice los cánones de la vedad, que todos los periodistas debemos respetar, mas no así el mencionado columnista. Leamos: “POR SINO LO SABEN, SANTANDER DE QUILICHAO ES EL LUGAR CON EL MAYOR CONSUMO DE HEROÍNA EN COLOMBIA, ES OTRA BOMBA DE TIEMPO. ESTÁ RODEADA DE CULTIVOS ILÍCITOS Y PLAGADA DE BACRIMES, GUERRILLOS Y PARAS, DEDICADAS AL NARCOTRÁFICO Y AHORA A LA EXPLOTACIÓN DEL ORO”. Nadie ha dicho que nuestro Santander de Quilichao sea un paraíso y que no tengamos ni una plaga de las citadas en ese párrafo, pero hay una exageración estrambótica de las mismas, como si el columnista se complaciera con esa lista macabra, salpicándonos a todos con esas manchas sociales. Por ejemplo, sí hay situaciones de consumo de heroína, que están siendo tratadas por las entidades respectivas, pero no somos “el lugar de mayor consumo”. No estamos “rodeados de cultivos ilícitos”, ni tampoco llenos de esas bandas criminales, que en muchos lugares de Colombia existen por doquier, con los controles respectivos (como por ejemplo, en Cali…).

Sería bueno que todos los estamentos sociales y políticos quilichagueños se pronunciaran al respecto y exigiéramos respeto por el buen nombre de la imagen de Santander de Quilichao, de parte del periodista mencionado. Para concluir, recordemos a Mario Fernando Prado, la cita bíblica, que cae muy bien esta ocasión: “NO MIRES LA PAJA EN EL OJO AJENO, SI NO MIRAS LA VIGA QUE TIENES EN EL TUYO”.

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