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MAESTRO, PALABRA DE CARPINTERÍA Y CINCEL

El miércoles 15 mayo, 2013 a las 3:12 pm
Cabezote Bulevar de los Días

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano

dia del maestro

http://conoceteatimismofilosofia.blogspot.com/2012/08/5-el-aforismo-griego-conocete-ti-mismo.html

Las palabras tienen dentro una candidez y simplicidad admirable. ¿Quién inventaría tal y tal palabra? Tal vez lo haría alguien por semejanza, por asociación, por una costumbre o por casualidad e imaginación. Debió haber una razón, una coyuntura y una necesidad de ponerle nombre a un objeto, un ser o una profesión.

La palabra que designa la profesión de quien enseña a otros a conducirse, a encontrar la razón de las cosas, a hallar respuestas a dudas o enigmas es maestro, maestra. Toma su origen del latín, magister o magistra. Su sinónimo es conductor, quien guía un proceso, alguien eminente por saber una materia o un arte. Como el que enseña, el artista que esculpe, pinta, compone música o dirige una sinfónica o escribe libros o poesía. O más simplemente, quien posee la magia de sacar de una piedra o un mármol una obra de arte.

Puede aplicarse esa palabra al ebanista o carpintero que de unas tablas o madera construye unas sillas, mesas de calidad o recubre la obra negra de un arquitecto con la mampostería que hace lucir un auditorio o unas salas. Su creación artística ha dejado estilos que identifican a varias épocas. No es peyorativa por eso la denominación de maestro de obra a quien enseña. De alguien que no sabía investigar, que no era capaz de discernir, de tomar decisiones, el maestro puede sacar a un diseñador, a un científico, a un crítico.

Ser maestro no significa saber más ni ser superior al que aprende, sea niño, joven o adulto. La sabiduría, la metodología no la da un cartón ni el nombramiento para desempeñar el cargo. Ese estatus se consigue y se va demostrando con la práctica, sale de la pericia del joven o anciano que muestra caminos, incita, anima y va al lado de quien empieza a dar frutos.

Aunque hoy universidades den títulos de magister o maestría, o sea, certifican que quien se gradúa es apto para ser maestro de maestros, queda la duda. El maestro se hace y se gradúa a si mismo con su disciplina, su tesón, y dedicación. Tantos maestros ha habido que no pasaron por universidades y llegaron a serlo. Sócrates, filósofo de clase en la calle, Simón Rodríguez maestro de Bolívar, el autodidacta Estanislao Zuleta, los botánicos y zoólogos Luis Alfredo Camargo, Gustavo Huertas que fueron luego maestros de Paleontología en la Universidad Nacional.

La condición y el concepto de maestro riñen, por supuesto, con la política. Ser maestro es un puesto burocrático, como ser poeta no lo acredita un cargo laudatorio, como lo fueron algunos en cortes que satisfacían los egos de reyes y emperadores. Tantos seudomaestros que lo son hoy en colegios y universidades por palanca y que no tienen autoridad ni seso ni el timbre de una copa fina.

Detrás del nombre de maestro hay dignidad, respeto, sapiencia, método y no hay castigos ni regletas o fórmulas secretas. Para formarse un río el agua nace callada, corre sin ruido y luego brinca y ruge como león hambriento.

Gracias, maestros mal pagos, gracias hacedores de milagros, maestros que ladran a luna con la esperanza de que unas nubes con agua y con trueno respondan su eco.

15-05-13                            10:52 a.m.

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