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“Los toros dan cornadas no caramelos”: Padre de novillero payanés malherido en Madrid

El jueves 16 junio, 2016 a las 8:31 am

Momento en que el novillo hiere al payanés Guillermo Valencia - imagen toro

Guillermo Valencia es un novillero de 20 años que triunfa en las plazas europeas. El domingo anterior, recibió una cornada de 10 centímetros que comprometió escroto, pubis y vientre. Aún malherido, el payanés continuó en pie hasta culminar la corrida. Su padre narró en proclamadelcauca.com cómo vivió el angustiante episodio.

Fabrit Cruz

Fabrit Cruz. proclamadelcauca.com cruzimania@gmail.com

Minutos antes de entrar al ruedo de la fiesta taurina en Las Ventas (plaza de toros más grande de Madrid y de España), el novillero colombiano, Guillermo Valencia (quien lleva el nombre de su padre), lo llamó para pedir su bendición y permiso. Debía enfrentar al quinto toro de la jornada. La fecha había estado difícil porque los animales lucieron indomables. Era la tarde del pasado domingo 12 de junio, día en que dos de los tres toreros del cartel invitado, terminaron en un hospital.

Guillermo Valencia de 56 años de edad (papá del payanés), seguía la corrida al otro lado del océano, vía internet, desde la capital del Cauca. Entre nervios y emoción, observaba cómo su hijo capoteaba sin problema al animal. De pronto la imagen se fue. La cámara perdió la señal, como si la hubieran apagado a propósito y don Guillermo no tuvo más remedio que levantar la mirada al techo y rogar a Dios, pues presentía que algo había sucedido. Su angustia era más grande que las tapias de las cuatro paredes de la casa donde estaba.

Guillermo Valencia, padre de torero herido en Madrid

Fotografía: Suministrada.

De pronto en la pantalla del computador apareció una noticia que decía: Guillermo Valencia herido de gravedad por el quinto novillo de la tarde. Pasaron más de 60 minutos para que don Guillermo conociera detalles.

«Herida por asta de toro en escroto con trayectoria de 10 centímetros, que contusiona uretra y alcanza el pubis, de pronóstico grave. Trasladado a la clínica San Francisco de Asís, a cargo de la Fraternidad», fue el reporte del equipo dirigido por Máximo García Padrós, que emitió el concepto médico, de acuerdo con la revista Semana.

La madre del novillero de escasos 20 años de edad, María Leonilde Calle Martínez, se encontraba en Pasto, Nariño. Ella llamó llorando a don Guillermo para conocer lo ocurrido. El alarmado padre no supo qué contestar. “Imagínese yo acá. Dije, ¿bueno, ahora qué hago, para dónde cojo?”.

El novillero Guillermo Valencia burla la muerte desde que tenía cinco años, viene de sangre. Creció viendo las corralejas en los pueblos del Cauca, cuando don Guillermo era mozo de espadas, es decir, asistente del torero en el ruedo.

En una oportunidad, en una corrida en Toribío, Cauca, los dueños del espectáculo ofrecieron cien mil pesos a quien fuera capaz de capotear un becerro de casta, Era un concurso solo para mujeres.

Al ver que nadie se arriesgó, don Guillermo buscó con su mirada a su hijo como dándole la aprobación. El futuro prodigio se levantó de gradería e ingresó a la escena. El reto eran tres paseadas y el pequeño con solo cinco años y medio, burló el animal de 70 kilos de peso y 8 meses de nacido, en cinco oportunidades.

“La gente se emocionó y gritaba oleee, oleeeee, oleeeee”. Ese día don Guillermo comprendió que el niño tenía una habilidad especial y que había nacido para el arte de la tauromaquia.

Sin embargo, su debut lo hizo en la plaza de Toros de Tulcán, Ecuador con solo siete años de edad. En el vecino país, cristalizó un estilo especial de torear. Don Guillermo dice que es muy elegante. “El toreo clásico se hace como si fuera un bailarín de ballet”. Luego vino el salto a España donde triunfa desde hace cuatro años, en escenarios europeos.

A Don Guillermo le brillan los ojos cuando habla de su hijo. Muestra las fotografías y trofeos con orgullo. Recita de forma rápida cada una de las plazas en las que el novillero ha salido triunfador, en especial, la plaza de Las Ventas, de Madrid, España donde su hijo pagó con sangre la invitación y mostró gallardía, al no retirarse de la arena hasta ver caer muerto al novillo ante sus pies.

El gesto del joven novillero para el padre es normal pues esa plaza mide a los verdaderos toreros. Muchas veces esa prueba se paga con la muerte pues “los toros dan cornadas no caramelos”.

Escuche el testimonio de Guillermo Valencia (padre):

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