Domingo, 16 de mayo de 2021. Última actualización: Hoy

Los sofismas del poder y la autoridad

El martes 4 mayo, 2021 a las 10:32 am
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Los sofismas del poder y la autoridad

Elkin Quintero

Basta un amo en el cielo para que haya mil en la tierraBakunin

Hoy, el paisaje está pintado de raros colores y aromatizado de extraños olores. En el horizonte aparecen extrañas mutaciones de lo que un día fue la democracia. Nuestro sistema político que en otrora defendía la honra y alimentaba la esperanza se ha envilecido y fruto de la politiquería han surgido sujetos con aires de dioses y demonios con firme intención de condenarnos a cien años de soledad.

En Colombia, los conceptos políticos constituyen una parte de nuestras discusiones cotidianas y en lugar de ensalzar nuestro estado social de derecho, nos hemos dedicado a censurar, rechazar y violentar la democracia. Los continuos desaciertos políticos en todos los niveles del poder nos hace inferir que la igualdad solo existe en el diccionario; mientras que la dictadura y la autoridad son elementos naturales de nuestra cotidianidad y perennemente alimentadas por necesidades y miedos.

Con mucha frecuencia en nuestros territorios las propias pasiones que suscitan los discursos y las acciones dificultan una adecuada comprensión de las verdades y los que ostentan el poder aprovechan la confusión y sometimiento del pueblo para aprobar reformas, gestionar formas de opresión, vender los recursos y aniquilar el progreso. Todo lo anterior nos invita a reflexionar sobre el papel de  los que han sido investidos de autoridad.

No obstante, desde nuestras experiencias de dolor y angustia nace la convicción de profundizar en la presunta relación con los que nos gobiernan y exigir el cumplimiento de su rol. Desde esta perspectiva urge un análisis crítico para tener en cuenta que la dogmatización y manipulación promocionada desde las altas esferas solo busca fundirnos en una masa homogénea y confundirnos para evitar que la unión sea nuestra fuerza.

El pueblo se cansó de mentiras, de impuestos, de falsas promesas, de mesías y caudillos que al final de cuentas son igual o peores que los que nos han gobernado. Por sus errores y equivocas decisiones Colombia ha sido sumida en el caos y todo porque una ley o un presidente le dió el poder a un ministro para urdir lo que se le antoje, que experimente con nuestras fuerzas y nos rete a ser rebeldes o dóciles.

La historia reciente es una clara muestra de nuestra irresponsabilidad democrática. Hemos vendido y entregado los destinos de la nación a sujetos de falso traje y oscura figura. Me atrevo a preguntar a los honorables senadores, diputados, concejales, ministros, gobernadores, alcaldes y al presidente ¿qué han hecho por el pueblo o solo han utilizado la simbología de la democracia para PERPETUARSE en el poder y hacer lo que se les antoje?

Tenga en cuenta que los actos de los ultimos días están condenando al fracaso nuestro sueño de vivir en democracia y todo gracias a la terquedad y ego de nuestros dirigentes políticos. Hoy, los gases lacrimónegos, las balas perdidas, los cantos sonoros, los colores de la esperanza nos obliga alejarnos de la ruta de la destrucción que ha sido propuesta desde el racismo, la discriminación y el fanatismo.

Pareciera que el fracaso de los modelos sociales está gestando una revolución y parece ser el inicio de una destrucción mortal y de una ilimitada capacidad de transformación social; de ser así, florecería un conflicto terrible y sangriento y con la ayuda de los medios de confusión masiva pretenderán sumergirnos en la idea del olvido que seremos.

Por último, no quiero pensar que la incapacidad ceda y obligue delegar el ejercicio de la democracia. Nuestro panorama parece evidenciar que el poder de la represión hoy pretende superarnos, absorbernos y alienarmos. No obstante, son evidentes los cataclismos devastadores y las esperanzas inspiradoras que nacen y mueren en estos días. En fin, nuestra vida se halla con una presión constante entre homenajes y prohibiciones, entre obediencias y obstáculos, entre leyes y libertades que se pueden derogar.

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