Martes, 20 de agosto de 2019. Última actualización: Hoy

Los quingos de Belén

El lunes 22 abril, 2019 a las 4:22 pm

Los quingos de Belén

Para los piadosos, o personas de atenta sensibilidad, hay un lugar en Popayán cuya visita ya justifica el viaje a la apacible villa de Belalcázar; ese casi secreto lugar son “Los Quingos de Belén”, trazados sobre un redondo nudo montañoso que funge de vigía de la ciudad, desde el extremo oriente de su geografía. Justo en la confluencia de la carrera 1ra. con calle 4ta, allí empiezan estos quingos, en una gruta artificial donde una imagen de la Virgen da la bienvenida. En ese punto comienza el ascenso por un serpenteante camino de piedras. De ahí el nombre: quingos. Palabra de origen quechua, de sonido “quingu”: revuelta de un camino; en otras palabras, un paciente zigzagueo para el peregrino.

Para compartir estas impresiones, he consultado con la persona que conoce cada piedra de las casas coloniales de Popayán, o la temperatura del barro cocido de esas añosas casonas: el maestro Rodrigo Valencia Quijano. En efecto, no fueron los innumerables templos de la ciudad, ni el imponente puente del Humilladero, los que tejieron imágenes en su memoria, sino ese exótico lugar: “siempre me ha gustado, desde que yo era niño y subía ese mágico camino hasta el templo de Belén.” Así lo recuerda Rodrigo destejiendo el tiempo de la nostalgia.

Hasta ese punto, parece que nada llama aún al asombro, pues sucede que, justo cuando comienza el ascenso, la vista del curioso caminante se sorprende con el primer conjunto escultórico de las catorce estaciones del Viacrucis. Para el peregrino no hay cansancio ni agotamiento por el ascenso, dado que su vista va a un lado y otro del camino; ya que las estaciones se alternan por las umbrosas orillas techadas de árboles frutales y plantas siempre florecidas. Así hasta la cima, hasta el Cristo crucificado.

En las imágenes que ilustran a este comentario, el curioso lector que aún no ha visitado Popayán, puede apreciar la obra de arte que a su vista se revela. En efecto, cada una de esas estaciones, que evocamos en las fotografías empotradas en las paredes laterales de los templos católicos, aquí, en los quingos, son imágenes talladas en piedra; obra de una familia de escultores (talladores y artesanos) ecuatorianos, los De los Reyes, residentes en Popayán desde principios del siglo XX. Literalmente, fue el tiempo de una vida, consagrada a la talladura de las imágenes en tamaño natural, algo rústicas en sus atuendos, pero perfectamente definidas en los rostros de los personajes; al grado que, bien observadas, toda alma sensible puede ver el espíritu o el sentimiento del personaje grabado en ese drama sagrado.

Si cada creyente musulmán, o cada cristiano de acerada fe, se imponen el deber de visitar, al menos una vez en su vida, La Meca, Roma o Jerusalén; del mismo modo, todo colombiano, cristiano o sensible, puede abrazar el propósito de viajar a Popayán al encuentro con este testimonio de piedra, que vive en las sagradas imágenes del Viacrucis de Belén (el templo).

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