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Martes, 20 de noviembre de 2018. Última actualización: Hoy

Los Potros

El martes 30 octubre, 2018 a las 9:28 am

Los Potros

Los Potros

Monumento en Neiva  a Los potros de Rivera por el maestro Rodrigo Arenas Betancourt

MEDIOCRES PARA SOÑAR

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy Otras publicaciones de este autor aquí

Tenía unos 15 años en Bosa, cuando el padre Jesús Alfredo Silva, huilense, profesor de español, nos leyó este poema del huilense José Eustasio Rivera. Aún hoy siento el trotar de cuatro caballos jóvenes sueltos por la pampa. Estas escenas las comprendía y degustaba uno porque uno conoció caballos en ferias y los vió pasar, briosos, galopando con un jinete que los azuzaba con el zurriago.

Esas imágenes escondidas en los versos todavía reposan vírgenes en mi memoria. Los veo y los oigo encabritados relinchar y agitar todo su cuerpo para obedecer la brida que los amenaza si no ejecutan las cabriolas que su artista los obliga a correr libres de barreras por una pradera plana y verde a las 10 de la mañana.

Las clases que el padre Silva nos daba eran como un canto al idioma. Allá uno no iba a repetir lo que estaba en un libro. Iba a escuchar de boca de un sabio enamorado de la Naturaleza lo que él sentía. Su voz era argentina, clara, con un timbre huilense y un garbo evidente. Él no leía, ni cantaba: declamaba y lo disfrutaba en tanto iba desgranando los catorce versos del soneto.

Los caballos ya estaban esperando que él diera la orden para empezar la loca carrera. Lo sabía el jinete y la jaca le obedecía generosa y obediente. Cada día montaba un ejemplar distinto. Lo hacía enjaezar por su ayudante de la cuadra. Lo preparaba poniéndole en el lomo como una carpeta para que la montura no le hiriera su piel ni su lomo y lo adornaba con la montura casi nueva, bien cuidada. Era toda una ceremonia como para celebrar una misa o vestir un comedor para una fiesta.

Atropellados por la pampa suelta

los raudos potros en febril disputa

hacen silbar sobre la sorda ruta

los huracanes en su crin revuelta.

El poeta primero los retrata como él requiere que sus lectores se preparen para oír lo que sigue.

Atrás dejando la llanura envuelta
en polvo, alargan la cerviz enjuta
Y a su carrera retumbante y bruta
cimbran los pinos y la palma esbelta.

Siguen trotando veloces, como apostando una carrera inédita, y del suelo se levanta obediente el polvo del camino. Los miran pasar indómitos el viento y el paisaje. Sus crines largas, no aún cortadas, se levantan desordenadas y su nariz resopla al ritmo que su caballista los urge blandiendo la fusta sobre sus arreos y gritando una voz de ánimo.

Ya cuando cruzan el austral peñasco
vibra un relincho por las altas rocas;
entonces paran el triunfante casco,

De pronto el galán tiempla las riendas y el caballo detiene brusca su caballería que lo seguía. Su caballo alza las patas de adelante y relincha, acompañado el gesto del jinete que está feliz por el trote elegante y rápido de su animal obediente y noble y de los tres caballos que lo seguían.

resoplan roncos ante el sol violento
y, alzando en grupo las cabezas locas,
oyen llegar el retrasado viento.

7:02 p.m.      29-10-18