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LOS POLICÍAS ACOSTADOS

El viernes 29 agosto, 2014 a las 12:23 pm
Luis Fernando Orozco Gutierrez

Por: Luis Fernando Orozco G.

“Enemigos públicos número uno”

Los resaltos o reductores de velocidad, llamados eufemísticamente “policías acostados”, se han convertido, desde su creación en un obstáculo vial, peligroso para los conductores, pasajeros y sus vehículos.

En principio se trató de evitar con estos impedimentos viales, las grandes velocidades de los automovilistas, que desconocían los avisos ubicados a lo largo de las vías, en donde se limitaban las velocidades de estos y que ponían en riesgo a los peatones asentados cerca de las vías. Estos elementos para detener las velocidades, para decirlo de otra manera…

–El remedio resultó más caro que la enfermedad-.

Definitivamente la cultura de los colombianos, está muy lejos todavía de la un pueblo cuyo conocimiento respecto a estos aspectos viales, sea una solución final. El Estado viene solucionando estos puntos de aglomeración ciudadana, con la construcción de puentes peatonales, los cuales por la indolencia ciudadana son muy poco usados y este se somete a afrontar el peligro de cruzar la vía, no obstante, el riesgo que ello implica y desconociendo que un accidente por no utilizar el puente peatonal, libra al Estado de pagar indemnizaciones por esta anomalía ciudadana.

Por circunstancias de vida, me toca viajar por muchas vías intermunicipales que llevan a la ciudad de Cali y soy víctima de los tales resaltos, hasta he llegado a pensar que en los buses, los “patos” o ayudantes debían estar preparados, como las azafatas en los aviones que le explican a los pasajeros el uso de la máscaras de oxígeno en caso de que se presente un evento; que estos ayudantes le expliquen a los viajantes la forma de evitar el resalto, cuando el bus lo atraviesa, naturalmente después de asistir a una rigurosa preparación en una escuela de saltos ecuestres.

Policías acostados

Foto: El País

En los países desarrollados, este tipo de elemento trata de ser los más escaso y en caso de usarlos, su diseño y construcción es tan sofisticada que no producen los sobresaltos que en nuestro caso si ocurren. En USA el reductor de velocidad debe estar avisado por una serie de estoperoles o superficies rugosas que avisan con anticipación la presencia del resalto y en las noches este elemento es acompañado de luces a lo largo de toda su extensión, es decir se ilumina la parte rugosa, pero los ciudadanos del primer mundo son muy respetuosos de los avisos que explican la presencia de cualquier obstáculo, incluyendo la presencia de animales que cruzan esporádicamente las vías. Además el reductor es de un diseño tan reducido en su altura, que no produce el sobresalto al que nos han acostumbrado en nuestro país.

Deben ser elevados los costos que debe pagar el Estado por las innumerables demandas de que es objeto, por mi conocimiento son cuantiosos este tipo de percances, que para los motociclistas son unas rampas mortales.

Los resaltos en la geografía de nuestras carreteras, son construidos de la manera más anti-técnica y lo más grave, sin las señales indispensables de aviso. En los sectores urbanos existen los más grandes esperpentos que son construidos hasta por los vecinos del barrio, de acuerdo a sus propias especificaciones.

El Ministerio de Transporte y las Secretarías de Obras departamentales y municipales deben ser más exigentes con este tipo de elementos y deberían prohibirlos, hasta que no se ejecuten con las normas de diseño y construcción que se requieren. Y en lo posible evitarlos o con una excelente señalización vial o una mejor cultura vial dirigida a la ciudadana.

Colofón: Ahora debemos ser honestos con los policías y pasar a lo que realmente ocurre y son los “bandidos acostados”.

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