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Los peajes: las otras manzanas de la discordia.

El viernes 12 abril, 2019 a las 12:48 pm

Los peajes: las otras manzanas de la discordia /Imagen: http://bit.ly/2Glvg9g
Los peajes las otras manzanas de la discordia
Los peajes: Las otras manzanas de la discordia

Aunque parezca increíble, las concesiones viales tienen fin. No son eternas, como tampoco debería serlo el obligatorio pago de peaje, el cual, junto con la muerte, desafortunadamente son ineludibles y exegéticamente democráticos; a todos nos tocan de una u otra forma.

Cuando la fiebre neoliberal de reducir el Estado a su mínima expresión, llegó a la tierra del sagrado corazón para darle paso a la implacable mano invisible del mercado, por allá por las épocas de los doctores Barco, Gaviria y demás sucesores, a los genios de la economía, disfrazados de ministros, les dio por implantar la cacareada jaculatoria de Milton Friedman y sus muchachos de Chicago, según la cual habría que privatizar o dar en concesión todo lo estatal, por corrupto, ineficiente, malo y porque el Estado para lo único que sirve es para salvarle el pellejo a los autores de los malos negocios del sector privado y cuidar con la fuerza pública los sagrados bienes de los prósperos emprendedores, a fin de mantener su confianza inversionista.

Las concesiones viales fueron la punta de lanza para la recién inaugurada apertura económica, promocionada e implantada por el entonces muy joven, doctor Gaviria, llegado a la Presidencia por la imprevisión infantil de los hijos del inmolado Galán. Las famosas concesiones de carreteras 1G, llegaron con el propósito de traer la moderna modernidad a Colombia, en contravía de la tendencia mundial de apostarle al transporte de carga vía ferrocarril, cosas de la sempiterna genialidad de los ministros.

El negocio de hacer carreteras es ante todo eso un negocio para el concesionario, como lo han demostrado los voluminosos estudios sobre el tema que han advertido, prevenido una y otra vez sobre lo leonino de las fórmulas adaptadas para regalar las concesiones, el hecho llegó a tal extremo, que inclusive don Floro, no Tuta, sino el dueño del Real Madrid, se ganó unos milloncitos de dólares por causa de una concesión en la que no se construyó ni un milímetro de carretera. La fórmula es tan buena y tan proclive a la ganancia fácil, que hasta los señores Odebrecht se metieron al negocio, con los ya sabidos resultados.

Pero como se anotaba líneas atrás, en este universo conocido todo tiene su final, el pretendido gobierno eterno de Uribe y como no, las concesiones viales, al cumplirse el plazo estipulado para que el concesionario construyera la carretera y cobrara religiosamente los peajes, a fin de recuperar la inversión y un módico margen de ganancia, en un tiempito prudencial de 20 o 30 años, luego de los cuales los bienes de la concesión, carretera construida, caseta de peajes, centro de atención, los bienes muebles y los vehículos adquiridos en dicho negocio volverán a manos del Estado.

Como no hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se cobre, la concesión a la que pertenece el peaje de Villarrica-Cauca llegó a su fin. Sin embargo, lo que en apariencia debería ser jolgorio, se ha transformado en una constante mueca de descontento e indignación. La vuelta del manejo de la vía panamericana a las manos del Estado, no ha traído sino inconvenientes y muchos interrogantes.

El Concejo Municipal de Santander de Quilichao junto con un grupo de ciudadanos preocupados, están abanderando el proceso de normalización de las relaciones entre Invías y los atribulados transeúntes de la panamericana; de hecho, ya promovieron una reunión amplia dirigida a la comunidad a fin de poner en blanco y negro la nueva situación de la concesión y el peaje.

Aunque no faltó el oportunismo electorero de los candidatos a la Alcaldía Municipal, quedó claro el descontento popular por causa de la incertidumbre ocasionada por el accionar de oficinistas capitalinos de la mencionada institución central, cuyos funcionarios, en la misma tónica de su jefe el señor don Duque, han optado por desconocer los acuerdos pactados, imponiendo de manera unilateral unas nuevas condiciones para acceder a lo obtenido durante la movilización social del movimiento cívico de hace muchos años atrás.

Se invita entonces a la ciudadanía nortecaucana a estar pendientes del desarrollo de la gestión emprendida por el Concejo quilichagüeño y los ciudadanos preocupados, para defender lo pactado hace años respecto al tratamiento tarifario preferencial de la ciudadanía nortecaucana, en lo atinente al pago de peaje, mucho más si se tiene en cuenta que en la actualidad ya no se está en etapa de construcción, sino de mero mantenimiento.

Hay que emprender las acciones legales necesarias, puesto que ya es sabido que el gobierno Uribe-Duque, no permitirá más la protesta social, por justa que esta sea, no tolerará que los peajes se conviertan en manzanas de la discordia, no sea que tristemente, lo logrado hace años por el movimiento cívico se pierda por obra y gracia de la política de este gobierno de no respetar lo pactado.

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