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Los parásitos sociales y políticos

El jueves 13 mayo, 2021 a las 10:55 am
Los parásitos sociales y políticos

Los parásitos sociales y políticos.
Una forma de vivir sin producir, sin trabajar, sin gobernar.

Mariano Sierra.

Como perversión y contagio a la salud social y política el parasitismo vive a expensas de otros, más que al trabajo y servicio de ellos mismos.

Un enemigo diabólico recorre el mundo. Su finalidad se hace impredecible debido a las múltiples formas como incursiona, posesionándose cual batallones de sanguijuelas. Muéstranse pacíficos cual corderos, ovejas mansas, pero son lobos con apariencia solidaria, llenos de beneficios atractivos con la seguridad de atrapar sin saña en sus redes ambiciosas, engañosas que asedian sin piedad. Estos parásitos son elementos detractores que carcomen en la naturaleza y en la sociedad donde se ensañan sin generar ningún resultado útil donde operan.

Resulta que estas plagas que viven sin producir son altamente abundantes contaminan por igual, pero sus fines y efectos son iguales, esto es viven a costillas del pueblo, reciben, pero no dan. Otro hecho notorio de estas plagas humanas es que en cuanto más se desarrolla un país y sus instituciones, surgen nuevas formas de expandirse creciendo por doquier las onerosas pérdidas económicas en donde conviven, aumenta la corrupción y con ella la violencia, haciéndose difícil su eliminación pues se aparejan con tacto y fuerza ya en las huestes públicas o las privadas, haciéndose inmunes a todo toxico. De allí su reproducción sin control.

Su alimento es el puesto de trabajo burocrático con esplendidas remuneraciones, aunque a veces, derogan su sustento de prebendas y negociados turbios donde se lucran en gran medida. Acaso no son sus sitios preferidos todo tipo de instituciones, pero generalmente en el estado es donde se aposentan cómodamente. Unos y otros se valen de ciertas leyes y decretos por medio de los cuales, de frente al pueblo, lo despojan utilizando cobros de sanciones e impuestos inexistentes o camuflados que se convierten en floreros de Llorente durante los paros sociales.

Estos parásitos surgen del esfuerzo de otros, atendiendo al poder donde se alojan. Sus cargos están encapsulados, casi sin responsabilidad, haciendo de sus cargos manejos sociales o lobistas. Con base a estas generalidades, reflexionemos sobre los más clásicos parásitos, y su biología social.

Tenemos los parásitos que se atrincheran debido a la posición económica… Se dice que, durante el esclavismo, estos parásitos tuvieron auge pues dependían de otras personas que les pertenecían. Estos vampiros en doble vía son verdaderos chupa sangre humana. Están también camuflados que la sociedad no lo nota, pero los efectos económicos resultan demasiado onerosos, improductivos e inadecuados. El parasitismo en general tiene sus raíces en la economía, en el estado en la sociedad. Distintas voces consideran que el parasitismo social y político ha tomado formas banalizadas con énfasis en la perversión, la degradación, sin consonancia responsable con gozo, acción y disfrute.

Estas raíces indican que el parasitismo ha sido una aparición del pasado que hoy se volvió actual en las distintas esferas del tejido social y político. La tormenta parasitaria nos hace sordos, ciegos y hasta mudos, incapaces de percibirlos ya que acceden el ambiente social algorítmicamente como mercancía o como un cáncer que devora, impidiendo reacciones de exterminio. Desde Marx el parasitismo fue de interés dentro de los procesos e investigaciones económicas y sus efectos con la interrelación humana empezando por los tejidos dominantes.

Occidente ante este tránsito se encuentra en una encrucijada. El parasitismo se precisa una verdadera simbiosis muy unida a diferentes sectores, instituciones públicas y privadas de la sociedad. La interrelación simbiótica origina cortocircuitos sociopolíticos con afectación negativa. Por la simbiosis social se debe buscar una concientización comunitaria para erradicar todo daño tomando las acciones propias. Como parásitos también tenemos países dominantes que bajo las figuras del neoliberalismo y la globalización ejercen dominios y explotaciones de envergadura.

Por su condición económica, estos países con sus enormes reservas de capital, conforman naciones que ante su poder económico ejercen control y manejo sobre los países débiles. Viven a costas de ellos donde también resaltan préstamos a altas tasas, ventas de mercancías con aranceles altos, mientras que las compras que les hacen a los países débiles, se hacen con precios sin aranceles o con determinadas condiciones económicas, además de imponerles algunos acuerdos como es el caso de la OCDE que impone conductas laborales, de impuestos, de pensiones, de competencias entre otras.

Otro fenómeno a fin al anterior se presenta frente a empresas multinacionales donde las operaciones comerciales se miden bajo índices de precios altos, acordes con el valor de las monedas de estos países. Diremos entonces que la fuerza de los capitales domina los precios del mercado y las condiciones de las negociaciones, haciendo más critica la posición financiera, los acuerdos de pago, los intereses y la regulación de los precios. Esta estructura parasitaria rompe todo esquema solidario entre países, sin que se vislumbren metodologías claras que sean capaces de revisar alternativas de cooperación mundial.

El mundo gira bajo estados de gobernanza que ya se han llamado en calificar estados profundos, donde parasitan grupos de dominio de orden económico, de la banca y las comunicaciones que determinan condiciones a seguir. Los estados profundos se alinean a cualquier expresión democrática, que como parásitos violan todo tipo de derechos, desconocen leyes, acuerdos bajo el principio de la doble moral por aquello que perfilan normas oscuras en detrimentos de los países débiles. El mayor generador de parasitismo en la historia ha sido el capitalismo desbordado que toma todo sin retribuir nada, que ambiciona con egoísmo, con poder, con posesión y “posicionista”.

Los efectos del parasitismo sean cual fuere la institución donde se mueve, en su desastre monumental, es del orden económico, de la prestación efectiva de los servicios y del ambiente social que genera ante la angustia comunitaria con afectación a la salud mental. Por lo regular el parasitismo convive en organizaciones sociopolíticas donde prolifera mucha actividad humana, donde se viven gestiones de formación educativa, formativa, de dirección y de diversas otras naturalezas comunitarias, como lo son las fuerzas del estado. El mayor escenario parasitario

Decimos que son parásitos algunos tipos de administradores del estado y de lo privado. Y lo son porque en su mandato ejercen aplicación, manejo, control y gestión desbordando las facultades, desborde que acribilla al usuario por mal servicio violando los principios constitucionales. En el ejercicio de las facultades se aplican actos de corrupción, dolo y violaciones al principio de autoridad y poder, cayendo en una dictadura clara con visos de fascismo. Todos los parásitos en el país han cogido tan fuerza que se encuentran institucionalizados, los que los hacen unos villanos maltratadores de la dignidad humana, con licencia para operar dentro de la legalidad.

Si hablamos de parásitos, jamás podremos olvidar al Imperio español que sometió, saqueó y aniquiló sin piedad al pueblo indígena. Lo que perduró hasta la era de la República y que ha proseguido hasta la fecha por muchos en cuerpo ajeno. Romper el pasado, cuyo recuerdo se encalló con las esfinges de tantos de los que conquistaron el territorio, es un acto de defensa del pueblo étnico y afro.

Y es que el parasitismo genera violencia de distintas naturalezas, sin distinción de afectación. La historia humana ha sido una cadena de conflictos, cuyas odiseas transforman cualquier realidad que el olvido o perdón no puede borrar. La sociedad civil se abre paso desencadenando contiendas represadas. Con paso firme y resistente guiaremos los pensamientos hacia aquello hemos soñado. Ese caminar con actos de justicia, lucha contra los juegos de los parásitos públicos y privados, para un bienestar social tal como lo ordena un principio constitucional. Esta corriente reflexiva se cruza con la memoria histórica, verdad de apuño que no tiene reversa, con las esfinges parásitas que se quieran interponer, de unos próceres que insulsamente las han proclamado con crasa decisión.

El país ha sido invadido por la violencia y otros malestares sociales que parásitos políticos, terratenientes, gobernantes, y jerarquías diversas lo han venido aniquilando. Todos nuestros pueblos viven bajo el silencio de sus muertos y en llanto de las víctimas. Parásitos de las guerras sociales han querido dar un orden mediante sus actos de oprobio con efectos infecundos. La guerra parasita cruza montañas. Valles, ciudades, sin envejecer y contrario sensu rejuvenecen en medio del dolor, en una lucha donde se invierten los valores.

En su accionar los parásitos mantienen la contienda tormentosa donde cada agente parasita sin asumir responsabilidad alguna y, por el contrario, su esfuerzo es la manipulación y el engaño a otros. Sin conciencia de patria gobiernan, actúan, proceden, se mueven, profanando toda actividad, practican justicia impune, administran y educan bajo la irrealidad, profanan a Hipócrates, legislan casi en la clandestinidad de sus curules, pisan a la sombra de sus ejércitos. Pero también están aquellos que maquillan los evangelios y las prácticas religiosas, hacen de la religión una mercancía de consumo, otros deshumanizan el trabajo, violan las normas laborales, acosan las leyes para su improductividad y desarrollo, perdiendo el trabajo su esencia y valor, desconociendo la defensa del trabajador. El parasitismo vuelve al hombre un inepto, un títere de su propia sombra.

Hay organismos de control del Estado que se convierten en parásitos, violan sus funciones como la fiscalía que actúa como juez de mármol, hay pérdida de identidad del servicio, pues parece que no existieran. Por eso como esfinges mueren en los conflictos, perdiéndose como si nunca existieron. Todos estos órganos del parasitismo son propios de gobiernos inestables, sin estructuras sólidas, retóricos, fuertes con los débiles y mansos con los fuertes. Para nadie es un misterio que el parasitismo se presta para que se dé rienda suelta a las mermeladas.

Sea cual fuese la práctica del parasitismo y su entendimiento, no puede haber aceptación de este flagelo. Reflexionemos todos sobre la materia, evitando cualquier mala interpretación o desvío. El parasitismo llega a altos grados de degradación como un paroxismo que se clava en el seno de la comunidad, produciendo todo tipo de dolor y desgracia social y política. La reflexión conduce a propiciar una educación- formación del mundo de los sentidos que nos fuerza a liberarnos de cualquier esclavitud y es que el parasitismo en una esclavitud que por el hombre mismo esclaviza a otros con su proceder del poder y los hechos que quieren hacer el mal.

Con precisión un educador acierta diciéndonos… Que quien libera a los demás de la esclavitud, logra tener significado y sentido cuando cumple con la función de enseñar al otro. Porque la educación tiene un poder estructurador para entender la realidad creando un orden social y político… Los parásitos que se nutren con el neoliberalismo ante una sociedad en la miseria, es un capitalismo que va y viene cual leviatán que no permite que llegue a la realidad social del bien común, acorde a la justicia social del servir y del amar.

Frente al tema del parasitismo ya hemos llegado a los límites. Es un imperativo que se desmonte el dominio ilógico de estos parásitos que, sin caer en despropósitos, hoy casi que nos gobiernan, operan en muchos estamentos e instituciones del país con los agravantes que ello conlleva. Estos parásitos bloquean el orden social y político, incrementan la corrupción y el correcto manejo de la gestión pública y privada como una afrenta a la democracia. Por todo lo dicho en esta reflexión, una revolución social, es la forma de emanciparnos de este flagelo que está llevando a la descomposición de nuestras instituciones públicas y privadas y de muchos actores de la sociedad.

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