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Cancelan credenciales a tres concejales de Quilichao     ~    

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UN PARO DE FIN DE SEMANA     ~    

Alcalde de Popayán, ganador del Premio Construyendo Sueños     ~    

Hospital San José ya cuenta con el servicio de Cirugía de Mano y Microcirugía     ~    

Iglesia agradece por acogida del Madrugón de Oración     ~    

CRC invita a conmemorar una navidad ambiental y sostenible     ~    

Buscando en mi despensa mental     ~    

Como un acierto fue calificada creación de nueva secretaría     ~    

Medidas sanitarias para disminuir contagios por covid – 19 en Cali     ~    

Operativos diurnos y nocturnos para evitar rebrotes en diciembre     ~    

Primer quemado con pólvora en el Cauca es de Quilichao     ~    

Traslado de archivos del IGAC de Quilichao a Popayán perjudicaría a la región     ~    

Niño de 9 años es el primer quemado con pólvora en Cali     ~    

Secretaría de Salud invita a no manipular pólvora para evitar quemados     ~    

Gobierno Departamental transforma vida de los caucanos, con apoyo de Cooperación Internacional     ~    

AGROSAVIA entregará semilla de yuca para uso industrial en Cauca     ~    

Colibrí Dorado: Un incentivo al cuidado del medio ambiente     ~    

¡Enciende la vida! Cauca avanza sin pólvora     ~    

Jueves, 3 de diciembre de 2020. Última actualización: Hoy

Los niños… ¡Por Dios…!

El domingo 12 octubre, 2008 a las 4:06 pm
El atroz crimen del bebé Luís Santiago en Chía y ordenado por su propio padre conmovió las fibras de los colombianos y puso nuevamente sobre el tapete de la opinión pública los temas como el maltrato infantil, la violencia intrafamiliar, la pena de muerte o cadena perpetua para abusadores de menores y la falta de ternura, afecto y amor para con los niños en nuestra decadente sociedad.

Miedo es el arma de los agresores de niños y niñas. La culpa es uno de los proyectiles que destruyen a la infancia. La mayoría de las formas de violencia contra la niñez, tiene más de dos actores. Más allá de la víctima y el victimario, el papel que jugamos los otros es absolutamente perverso.

La población infantil sufre en Colombia todos los días, y podemos asegurar que mientras escribimos estas líneas algún niño se encuentra atado a una silla, algún otro está siendo tocado por una mano abusiva que perturba su sueño y algún otro está siendo golpeado hasta la saciedad de una madre frustrada o un padre borracho.

Sufren tanto nuestros menores que muy pronto terminan convirtiéndose en agresores. Es otro de los costos de la violencia: las víctimas se pueden transformar en victimarios. Nuestros niños y niñas sufren torturas y vejámenes que les quitan incluso la vida. La pena por abuso sexual es tan pequeña, que en otros países se castiga mucho más severamente el adulterio. Los procesos son lentos y los culpables pocas veces son condenados.

Hace algún tiempo ha surgido la iniciativa que busca la consecución de tres millones de firmas que respalden la propuesta de una reforma para el artículo 34 de la Constitución y permita en casos excepcionales la cadena perpetua. La medida pretende una severidad contundente en todos aquellos casos de violaciones y homicidios a niños y niñas. Justamente estos son los delitos en los que se espera que la ley condene a los victimarios a prisión por el resto de sus vidas.

Si bien la severidad de las penas no garantiza que una persona se cohíba de perpetrar un delito de este tipo, un sistema tan débil en las sanciones, de alguna manera, permite que las víctimas se abstengan de denunciar, por temor a que en cuestión de un par de años el victimario salga de prisión a vengarse.

Así mismo, la cadena perpetua es una manera de proteger a otros “culicagados” de que se conviertan en nuevas víctimas de un mismo agresor, que una vez en libertad seguirá con este tipo de conductas tan lesivas para la infancia.

El debate debe ser amplio, y de existir cadena perpetua en este país en casos como estos, será recomendable otro tipo de consideraciones para ser más efectivos y eficaces en los procesos, que permitan la constante revisión de las pruebas, para evitar errores que puedan llevar inocentes por culpables a privarse el resto de su vida de la libertad.

Lo cierto es que el Estado colombiano deberá ser más atento. Una iniciativa como esta pone sobre la mesa lo negligentes que hemos sido, lo permisivos y la sangre fría que tenemos cuando ya ni siquiera reaccionamos frente a estos temas. No podemos seguir tolerando los crímenes a nuestros niños y niñas, y debemos empezar a ser capaces de hacer parte del debate; PROCLAMA los invita a firmar y apoyar a quienes impulsan el proyecto, a descruzar las manos, a comprometernos, porque terminamos siendo parte de esos otros que permiten los abusos.

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