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Miércoles, 8 de julio de 2020. Última actualización: Hoy

Los más felices son los más pesimistas

El martes 7 enero, 2020 a las 9:30 pm

Los más felices son los más pesimistas

Los más felices son los más pesimistas
  1. Según Gallup y CNC, los colombianos son los más felices del mundo, pero también los menos optimistas.
  2. «Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad, un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad»: Winston Churchill.

El pasado cinco de enero, el diario El Tiempo publicó la noticia según la cual Colombia sigue siendo el país más feliz del mundo, con un índice de felicidad del 88 por ciento entre 46 naciones analizadas por la Asociación Mundial WIN-Gallup y el Centro Nacional de Consultoría (CNC).

Destaca el periódico que “los resultados de esta encuesta se dan justo en momentos en que el país registró multitudinarias manifestaciones sociales promovidas por centrales obreras, organizaciones estudiantiles, sindicales y ambientalistas, entre otras, inconformes con la desigualdad y la inequidad social; la carencia de trabajo, los altos niveles de informalidad y la falta de acceso a una educación de calidad, por mencionar algunos de sus reclamos”.

La misma encuesta indica que el índice de felicidad promedio del mundo es del 45 por ciento.

Por otra parte, Colombia registró un índice de optimismo (índice global de esperanza) del 5 por ciento, siete puntos porcentuales menos que el promedio mundial, que solo llegó al 12 por ciento. Es decir, que a pesar de la felicidad que nos embarga, el 95 por ciento de los colombianos son pesimistas.

Los países que lideran el ‘ranking’ de Felicidad Global, después de Colombia, son Indonesia (86 por ciento), Ecuador (85 puntos), Kazajistán (83 puntos), Nigeria y Filipinas, con 78 puntos cada uno. En contraste, los más infelices, pero optimistas, son: Jordania (-38 por ciento), Líbano (-15 por ciento) y Siria (-7 por ciento), seguidos por Hong Kong e Irak con 5 puntos cada uno.

¿Se puede ser feliz en medio de tanto pesimismo?

La encuesta mide dos cuestiones diferentes: por un lado, el índice de felicidad, que revela percepciones personales (en Colombia casi todos son felices), y por el otro, el índice global de esperanza, que refleja la situación política y económica de cada región, en este caso, en Colombia cunde el pesimismo colectivo.

Puede parecer una contradicción, pero no lo es. Yo también me pregunté cuando me puse a leer El Tiempo: ¿cómo puede existir un pesimista feliz?

Pues resulta que según la Encuesta de Final de Año de Gallup Internacional, cada persona puede ser feliz, o no, independientemente de las expectativas colectivas; por eso, en Colombia, el pesimismo colectivo sobre cómo vamos a afrontar 2020 se conjuga con una acentuada felicidad individual.

Hay personas como los kazajos, los armenios, los indios, los vietnamitas, que son felices a nivel personal y son optimistas sociales. Yo creo que es lo ideal. También hay infelices y al mismo tiempo pesimistas sociales, que sería lo indeseable; son, por ejemplo, los libaneses y los jordanos. Y los sirios e iraquíes que están exactamente en el extremo opuesto de la escala: muestran signos de optimismo social, mientras que la infelicidad domina sus vidas personales.

Bueno, pero reflexionemos sobre Colombia… somos unos felices-pesimistas. Según esta condición social, a la mayoría la indujeron a pensar en términos absolutos: TODO o NADA. Y es por esto que somos una sociedad polarizada.

Los colombianos, como sociedad, no enfrentamos con energía y esperanza el futuro. Las mayorías no piensan colectivamente de manera creativa, tolerante, constructiva, generosa, relajada, porque para eso tienen uno o dos líderes que todo lo disponen por la mayoría; son los que «mandan». Son intocables, circunstancia consentida por “instinto de supervivencia”. Endiosan al líder porque, en su pesimismo, son propensos a la depresión, y creen que las causas de los malos eventos que ocurren son externas a su “mesías” y a sus creencias.

No es culpa de la sociedad ser pesimista a pesar de la felicidad individual. La educación, los medios de comunicación al servicio de un sistema que controla a sus asociados, el poder político y administrativo contribuyen a desarrollar el pesimismo como estrategia de sometimiento. Siempre será necesario buscar alguien que los defienda, que los salve… al líder “insustituible”.

No es fácil saber, y menos, reconocer, que se ha caído en la trampa de las frases rebuscadas para Twitter, en la de un discurso florido, atractivo y alentador; ante ello es muy difícil decir basta y abrir los ojos hacia una nueva realidad. Esa es nuestra Colombia, feliz, pero pesimista.

El pesimismo es una alteración de la percepción que hace descubrir amenazas en quienes no piensan de igual manera, es una situación que se ha logrado interiorizar de tal manera que forma parte del ADN colectivo.

El pesimismo es “una forma de vida”, garantiza una supuesta vida placentera, una vida que maximiza las emociones positivas y minimiza el dolor y las emociones negativas, asegura permanecer pasivos en zona de confort, y asocia el optimismo, la ilusión, la libertad y la esperanza con la ingenuidad e incluso con la idiotez (“Un pesimista es un optimista bien informado”, se dicen entre ellos).

Pero, el optimismo, contrariamente, es una forma de pensamiento positivo que incluye la creencia de que cada persona es responsable de su propia felicidad y que sus acciones importan y que tienen influencia en lo que ocurre, inclusive, sin tener en cuenta quién es el supuesto líder que debe ordenar nuestros pensamientos, incluso las palabras e ideas que debemos expresar, como ocurre en esta sociedad polarizada.

Por lo anterior los pesimistas celebran el titular del día: Colombia el país más feliz del mundo, a pesar de que vivimos en un mundo complejo, que sin análisis crítico, nos hace perder fácilmente el optimismo realista y la esperanza equilibrada para nuestra verdadera felicidad colectiva.

¿Algún día seremos felices-optimistas?

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Un comentario en "Los más felices son los más pesimistas"

  1. Un excelente artículo que abre la discusión sobre la trascendencia que tendría una verdadera Secretaría de Cultura necesaria e indispensable para fortalecer una marca, un sello departamental que reposicione al Cauca en el Concierto Nacional. Todos debemos apoyar esta iniciativa que le proporciona un espacio a los escritores, teatreros, pintores, escultores, poetas, músicos y bailarines, para los creadores de alimentos, danzas, licores ancestrales, en fin, todos aquellos que encuentran en el arte un motivo excepcional para construir una visión diferente de la vida. A todos los niveles, en las diferentes regiones que conforman el departamento, rescatando del olvido tantísimas expresiones culturales que hicieron del Cauca Grande el departamento guía del pensamiento nacional.

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