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Los maestros

El miércoles 21 mayo, 2014 a las 4:21 pm
Diogenes Diaz Carabalí 2
Diógenes Díaz Carabalí

Si alguien merece ganar bien y tener condiciones óptimas de trabajo, son los maestros. No solo por el esfuerzo que significa enfrentar cincuenta niños o adolescentes, con todos los problemas que llevan muchachos y muchachas de la casa y de la calle, sino por la exigencia de capacitación para conseguir mejoras salariales: por lo menos dos cursos de capacitación al año, graduarse como normalista para entrar en la carrera docente, obtener título profesional para un grado de escalafón más o menos digno, un postgrado para llegar a otro ascenso y otro postgrado para alcanzar la máxima categoría. Cualquier otro profesional, con el solo pregrado, devenga el doble de lo que gana un maestro. Y un profesional especializado puede devengar hasta diez veces el sueldo de un docente. Es decir, que en sana economía, un maestro a duras penas recupera su inversión cuando alcanza la edad de jubilación, mientras otro tipo de profesional puede hacerlo en el corto lapso de unos cinco años.

El hecho de que los maestros sean mal pagados es una de las causas para que el gremio sufra problema con la vocación. Personas llegan a la carrera docente porque no encuentran otro oficio. Quienes cuentan con perfil para trasmitir conocimiento, los investigadores natos, los intelectuales inquietos, los aficionados a la lectura, los analistas sociales, los científicos en cualquier rama del conocimiento son absorbidos por otros sectores de la economía en mejores condiciones salariales y laborales. Tampoco es atractivo desempeñarse como maestro para los mejores estudiantes, para quienes obtienen los mejores resultados en las pruebas de estado. Ellos prefieren profesiones donde los índices de retribución sean más benéficos, que puedan estar en mayor contacto con sus profesiones, que puedan viajar y tener acceso a medios especializados, cosa que el docente, por sus ingresos, no puede hacerlo.

Metidos en el cuento, los maestros desempeñan su labor en condiciones desfavorables. Faltas de apoyo tecnológico, bibliográfico, de recursos didácticos. Su inventiva se circunscribe a utilizar elementos de la zona, a desarrollar elementos comparativos, a poner en primer plano la imaginación de los alumnos, pero sin los apoyos metodológicos y de ciencia que vayan a la par de la investigación y el desarrollo científico.

Sucede con los docentes de las ciudades. Qué decir de quienes desarrollan su actividad en nuestros pueblos. Y peor aquellos que trabajan en lugar aislados. En el sector rural, un maestro tiene que dictar clases a cinco cursos (de primero a quinto), donde es un milagro que un muchacho pueda aprender a leer, menos proyectarse para continuar cursando el resto de la educación básica y de secundaria. Es admirable cómo un docente en estas condiciones desempeña su labor, siendo los peor pagados. Algunos hasta tienen que cubrir sus costos de seguridad social. Sin mencionar que de su salario cubren gastos de transporte y alimentación, y vivir separados de su entorno familiar.

Realmente los maestros deben ser favorecidos con el mejoramiento de sus relaciones laborales. A ellos se les exige calidad educativa, como primeros agentes de conocimiento para nuestros niños y adolescentes, pero es imposible con la actual estructura educativa.

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