Sábado, 18 de mayo de 2024. Última actualización: Hoy

Los indios se las saben todas

El martes 8 noviembre, 2011 a las 8:04 am

Ecos de la Historia

Agencia de noticias Vieja Clío. Santa Marta, 1537
La Agencia de noticias Vieja Clío condesciende con verdadero entusiasmo en informar al Imperio español, al Imperio inglés, al Reino de Francia, al de Italia y los Estados Pontificios, a todas las Rusias, al poderío Otomano, y al orbe entero, que uno de sus mejores exponentes, el licenciado y ahora Mariscal don Gonzalo Jiménez de Quesada, que había partido por el mes de abril del año pasado del señor de 1536, acompañado por 600 soldados repartidos en ocho compañías de infantería, con ciento hombres de a caballo y algunos bergantines, y penetrado por el Rio Grande de la Magdalena, que es la frontera entre las gobernaciones de Santa Marta y Cartagena, en la así llamada Tierra Firme, en busca de Eldorado, ha tenido a bien encontrarlo en nombre de su Majestad cesárea, don Carlos V, rey de León, de Castilla, de Navarra y de Aragón, y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.
Acompañado por los recios capitanes San Martín, Céspedes, Valenzuela, Fonte, Lebrija, Junco, Cardoso, Suárez, Albarracín y Corral, bajo la autoridad del Adelantado don Alonso de Lugo, gobernador de Santa Marta, fueron caminando y descubriendo con grandes dificultades río arriba, por agua y por tierra, por más de un año, enfrentando los furiosos elementos, viniendo a detenerse la hueste española en un lugar llamado La Tora, situado a 150 leguas del punto de partida. Allí invernaron y se percataron de que las lluvias no les permitían proseguir a lo largo de la cada vez más fuerte corriente. Entonces optaron los descubridores por devolver las embarcaciones a Santa Marta y penetrar a pie en dirección a las altas y espesas montañas a su izquierda que, por información de los lugareños, estaban bien pobladas. Según se supo después, tales montañas son llamadas por los naturales las sierras del Opón y su naturaleza es fragosa y muy quebrada. Después de múltiples inconvenientes y duros trances, el licenciado y su hueste dio con tierra completamente rasa, tierra fría y fértil muy poblada por unos indios que se llaman moxcas que conforman un enorme reino que está dividido en dos provincias: la de Bogotá y la de Tunja, gobernadas por dos grandes señores que llevan los mismos nombres que la tierra.
Bogotá está poblada por sesenta mil indígenas y Tunja por cuarenta mil, pero las tierras de Tunja son más ricas que las de Bogotá. Y se debe informar que entre uno y otro señor tienen grandes disensiones, tanto, que a veces entran en sangrientas contiendas y dolorosas hostilidades. Por la disposición de la tierra y el clima parecido a esa región de la península española, el licenciado Jiménez de Quesada convino con sus hombres en llamar a las posesiones recién descubiertas Nuevo Reino de Granada. Los indios del Nuevo Reino viven en poblados y en casas cercadas, parecidas a los alcáceres frecuentes en el Andaluz y es grande la riqueza que en primera instancia se ha extraído de ellos, tanto en oro como en unas piedras preciosas de color verde antes nunca vistas, llamadas esmeraldas. La Agencia de noticias Vieja Clío se permite comunicar que cuando los españoles entraron fueron recibidos con grandísimo miedo, tanto que tuvieron por opinión que los conquistadores eran hijos del sol y de la luna, a quienes adoran. El asunto llegó a tanto, que los naturales bautizaron a los hispanos como uchies, que es un nombre compuesto de usa que en su lengua quiere decir sol, y chía que traduce luna. Los conquistadores españoles vienen a ser, entonces, los hijos del sol y de la luna.
Para fines de la presente noticia, la Agencia Vieja Clío desea subrayar que lo que produjo que la hueste española no claudicara en las difíciles y embrolladas sierras del Opón, habitadas por los indios Panches, que son guerreros salvajes y comen –señalan- carne humana, fue una luz de esperanza que guió a los descubridores a través de tanta congoja, sufrimiento y ansiedad. Esa esperanza fue provista por el hecho que desde que salieron de Santa Marta y a lo largo de todo el camino, se iba demostrando que los indios se las saben todas, para el caso la misteriosa ley de la oferta y la demanda que los economistas más avezados del momento no han ni siquiera intuido, lo que demuestra plenamente (a pesar de lo que piensa la mayoría) que son seres íntegramente racionales y, por demás, como lo corroborará el papa Paulo III en un futuro próximo, cuentan con alma y todo. Pero dejemos que sea uno de los protagonistas de los hechos, a quien tuvimos la suerte de entrevistar, quien en su idioma vernáculo nos narre sus maravillosas y sorprendentes impresiones.
“Antes de llegar a La Tora –nos explica- llevábamos cierta esperanza, caminando por el río arriba, y era que la sal que se come por todo el río proviene de intercambios de indios que la traen de unos a otros desde la mar y costa de Santa Marta, la cual dicha sal es de grano y sube por vía de mercancía más de setenta leguas, aunque cuando llega arriba ya es tan escasa que vale muy cara y no la come sino la gente principal y los demás la tienen que obtener, ya bien sea de orines de hombres o ya, de polvos de palma. Pasado esto diose luego en otra sal, no de grano como la pasada sino en panes que eran grandes como pilones de azúcar, y mientras más arriba subíamos por el río, más barato valía esta sal. Y por la diferencia entre una y otra sal se conoció claramente que si la de granos subía, la otra bajaba. Y decían los indios que los mercaderes que les venían a vender la sal en panes contaban que donde dicha sal se hacía había grandes riquezas y era una grande tierra la cual era de poderosísimos señores de quienes contaban grandes excelencias. Eso –concluye el benemérito testigo- nos salvó.” De esta manera es un hecho totalmente comprobado que los indios tienen alma, son, como nosotros, hijos de Dios y, además, se la saben todas.

***********

La información de “Ecos de la Historia” es tomada de Jorge Orlando Melo y Álvaro Tirado Mejía, Nueva Historia de Colombia, 10 tomos, Editorial Planeta, Bogotá, 1989, Eugenio Gutiérrez Cely y Miguel Ángel Urrego Ardila, 1.001 cosas sobre la Historia de Colombia que todos queremos saber, Intermedio Editores, Bogotá, 1995, otros innumerables elementos de la historiografía nacional, Google News y Wikipedia.

Leer más…
Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta
Abrir el chat
1
Paute aquí
Hola 👋
¿En que podemos ayudarte?