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Los improperios

El viernes 21 julio, 2017 a las 12:23 pm

La política, basada en improperios, en afirmaciones calumniosas, en mentiras dadas como verdades, no es nueva. El mejor código para tales efectos lo escribió Nicolás Maquiavelo. El Príncipe es un tratado, si se quiere “estupendo”, sobre cómo deben ser los políticos: una cosa es la persona, otra muy distinta el político; por eso, una cosa es el candidato, otra, muy diferente, el gobernante.

La máquina propagandística del Tercer Reich era impresionante. Joseph Goebbels era un experto en consideraciones publicitarias, para tal cometido no tenía empacho en fomentar afirmaciones falaces, mentiras al servicio del gobierno, que después, comprobadas, impedía alguna referencia, porque el objetivo ya se había logrado: poner la opinión alemana a su favor. Cuando afirmaron que evitarían una confrontación contra Inglaterra, al día siguiente lanzaron el feroz ataque contra la ciudad de Londres. Lógico, para lograrlo echaron mano del nacionalismo, de la grandeza de la patria, de “Alemania para los alemanes…”

Trump, amplio conocedor de la propaganda, de su utilidad para conseguir réditos electorales, utilizó la mentira como arma para derrotar a la derrotable Hillary Clinton. Agregó a ello frases que despertaban el sentimiento nacionalista de los Norteamericanos, temerosos por los hechos terroristas recientes y la amenaza musulmana. Agregue a ello la pérdida de empleos y la salida de capitales en busca de escenarios más rentables y más seguros. El resultado fue poner a la población a su favor, a pesar de su racismo, de su ignorancia, de su falta de claridad sobre las perspectivas de desarrollo de su nación. Hoy nadie sabe para dónde van los Estados Unidos.

Nuestro escenario no dista mucho. Un mecenas cacarea con falacias y mentiras. El No, en el plebiscito, obtuvo la victoria mediante el uso de propaganda mentirosa. Pero también con falacias como que iba a destruir a la familia, se iba a aplicar la teoría de género, los impuestos se iban a incrementar, o que policías y militares iban a perder sus empleos. Fue una negra alianza contra la paz porque los réditos políticos los han obtenido de la guerra. Han despertado un falso nacionalismo en el nombre de la nación, para esconder profundas medidas que han ido en detrimento del salario de los trabajadores y de las gentes más desfavorecidas.

Y las mentiras siguen. No son vanas las afirmaciones ignorantes de la Cabal. Ni la pelea de Paloma Valencia por el nombre de su hija. Tampoco que un periodista reconocido, de prestigio y seriedad, haya sido acusado de violador de niños. Son afirmaciones de las cuales la gente se ríe, mueve el inmediatismo, pero tienen el veneno de hacer daño, de poner a ciudadanos de bien como delincuentes o como enemigos de “la nación”, mientras ‘Popeye’, con todo su prontuario, constituido en jefe de debate del Centro Democrático, aparece dando amenazas a diestra y siniestra, y el problema es que no hay justicia que pare a estos bandidos disfrazados de políticos.

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