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Los hijos de la guerra

El lunes 5 septiembre, 2016 a las 10:37 am
Felipe Solarte Nates

Por: Felipe Solarte Nates.

Crecimos escuchando en las noticias alternadas entre  “Chaparrines y Tolimenses”, transmisiones de  Vueltas a Colombia, partidos de fútbol y radionovelas, los innumerables asaltos de ‘chusmeros’ como ‘Desquite’, ‘Sangrenegra’, ‘Tijeras’, Efraín González y otros, que en periódicos en tinta negra con titulares rojos salían retratados con sus torsos cruzados de cananas llenas de proyectiles, especialmente cuando eran ‘dados de baja’ en medio de feroces combates.

Eran bandoleros sobrantes de la ‘violencia’ y de guerrilleros liberales y ‘chulavitas’ conservadores lumpenizados, acostumbrados al poder de las armas, la plata y el crimen y que no se vincularon al Plan de Rehabilitación, iniciado después del plebiscito de 1957, por el primer gobierno del Frente Nacional acordado entre jefes liberales y conservadores para cesar la violencia que en campos y pueblos colombianos había generado más de 200.000 muertos y miles de familias campesinas desplazadas de sus fincas para invadir lotes de engorde y formar los tugurios que aceleraron el desordenado crecimiento de ciudades como Bogotá, Medellín y Cali.

Al liberal Alberto Lleras Camargo, en 1958 le correspondió intentar desmontar la ‘violencia’ desatada a ‘baja intensidad’ desde que los liberales en 1930, con Olaya Herrera, ganaron la presidencia de la República, después de 44 años, cuando con la Constitución de 1866, se inauguró la represiva hegemonía conservadora que no pudo ser derrotada por los liberales de la guerra de los Mil Días, e intentó ser atenuada por la Reforma de 1910, impulsada por el gobierno republicano de Carlos E. Restrepo.

La consigna de “hacer invivible la república liberal” planteada por Laureano Gómez aliado con la mayoría del clero ultraconservador, con fanáticos como el monseñor Builes, atizó desde los púlpitos, tribunas y medios de comunicación el odio contra los liberales y programas como las Reformas: Agraria, Urbana, Laboral, Educativa iniciadas en 1936 por Alfonso López Pumarejo y para boicotear su aplicación estimulados por los terratenientes patrocinaron atentados contra sus líderes y campesinos, incendios a sus propiedades y otras acciones violentas que fueron respondidas con acciones similares contra dirigentes conservadores, en departamentos como Boyacá, los Santanderes, Caldas, Tolima y Cundinamarca, reforzándose cuando los godos en las urnas  recuperaron la Presidencia con Mariano Ospina y la policía fue conformada únicamente con miembros de su partido y los temibles ‘chulavitas’, que de noche al quitarse el uniforme, actuaban como paramilitares y a partir del asesinato de Gaitán el 9 de abril de 1948, tuvieron vía libre para salirse de madre con toda clase de genocidios que obligaron a los liberales a conformar las guerrillas de autodefensa que se fortalecieron en los llanos orientales y en las montañas de Caldas, el Tolima, nor-oriente del Cauca, Cundinamarca y otros departamentos.

En la zona montañosa vecina al Nevado del Huila, confluían guerrilleros del Tolima, Huila, Valle y Cauca y con el Plan de Rehabilitación del gobierno de Lleras Camargo, muchos se desmovilizaron y fueron vinculados a la construcción de carreteras, como la abiertas entre El Palo y Toribío; Santander-La Mina-Jambaló y otras en la región en las que ‘Tirofijo’ estuvo de Inspector de Obras, hasta que el asesinato de su compañero de confianza ‘Charro negro’, en Icononzo Tolima, lo hizo desconfiar del proceso en el que también había sido asesinado Guadalupe Salcedo, en una calle de Bogotá y en compañía de sus amigos firmes, retomó las armas refugiándose con sus familias campesinas en una inhóspita región limítrofe entre el Tolima, Huila y Cauca, de la cual fueron expulsados violentamente después que mediante carta le solicitaron al segundo presidente del Frente Nacional Guillermo León Valencia, la construcción de una carretera para desembotellar la región y otras mejoras en sus condiciones de vida, que en 1964, después de arengas del senador Álvaro Gómez Hurtado contra las “repúblicas independientes de Marquetalia, Riochiquito y Tierradentro”, fueron respondidas con bombardeos y ocupación militar, que no logró derrotarlas; pero si regarlas, cual avispero toreado, por departamentos vecinos, consolidándose cuando fundaron las Farc, con orientación comunista y alentada por el éxito de la revolución cubana. Al poco tiempo conformada por campesinos, obreros, románticos universitarios y curas influidos por la Teología de la Liberación como Camilo Torres, nació el Eln y con orientación maoísta el Epl. En 1970, como protesta al ‘robo’ de las elecciones a Rojas Pinilla, nació el M-19; en los años 80s nacieron las autodefensas indígenas del Quintín Lame, el Prt y como disidencia de las Farc el Ricardo Franco. Además surgieron los paramilitares patrocinados por capos narcos. A partir de los 90s se desmovilizaron el QL, el M19, el PRT, el EPL, el Ricardo Franco. Con Uribe se desmovilizaron la mayoría de paracos, Santos está a punto de desmovilizar la mayor guerrilla. Sólo quedarían el Eln y las bandas ligadas al narcotráfico y minería ilegal. Vale el SÍ, para construir futuro menos sangriento a los jóvenes.

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