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Los espacios públicos también fueron invadidos

El sábado 1 octubre, 2022 a las 9:11 am
Los espacios públicos también fueron invadidos
Cámara y fotografías: Camila Valencia Henao

Los espacios públicos también fueron invadidos

Alfonso J Luna Geller

Santander de Quilichao, por sus condiciones geopolíticas es el corazón socioeconómico y político del norte del Cauca, y por ostentar un carácter de intermediación entre las capitales de los departamentos del Cauca y Valle del Cauca y los otros doce municipios que integran la región norte, incluyendo sus sectores rurales, tiene un alto flujo de migratorio, originado principalmente por el comercio legal, pero también, por el narcotráfico, la violencia, la minería ilegal y la pobreza de su entorno.

A pesar de su condición de ciudad intermedia, Quilichao padece un atropellado crecimiento, evoluciona, prácticamente desde mediados del siglo pasado, por inercia propia y responde, casi en exclusiva, a la iniciativa y a los desafíos privados y comerciales que suplantan la planificación estratégica de la institucionalidad oficial.

Por eso, Santander de Quilichao evidencia dinámicas urbanas inadecuadas, inseguras e insostenibles, que se reflejan en la paulatina pérdida de identidad cultural y del sentido de pertenencia, y en la invasión de los espacios públicos.

En consecuencia, ese desarrollo desordenado, informal e incontrolado, al igual que su crecimiento demográfico sostenido, han contribuido a la apropiación indebida de los espacios públicos por distintos actores que se los han tomado para convertirlos en un gran centro comercial privado, entre ellos los andenes, que condenan a los peatones a caminar sin seguridad, generalmente usando la calzada destinada al tráfico automotor, con todos los peligros que eso conlleva.

Los espacios públicos también fueron invadidos

Pese a que existen disposiciones legales, inclusive en la Constitución Política (artículo 82), y la Norma Técnica Colombiana que reglamentan los estándares urbanísticos básicos, es muy evidente que esto no funciona en esta ciudad, por inagotable reiteración de “privatización” de facto de amplios corredores públicos, especialmente sobre la vía Panamericana en el sector urbano, y se ha deducido que este asunto poco interesa a quienes deben hacerlas cumplir, en perjuicio de todos los ciudadanos, pero principalmente, de los adultos mayores, las personas invidentes o de baja visión y de aquellas con movilidad reducida.

Mejorar la accesibilidad, la movilidad y la calidad de la infraestructura peatonal, es otra de las deudas pendientes que tienen los administradores de lo público con los ciudadanos de Santander de Quilichao. Por eso, proponemos una campaña, un programa o proyecto de transformación del entorno urbano, con el fin de optimizar el uso de los andenes y espacios públicos, para hacer más agradable y vivible la ciudad.

Los espacios públicos también fueron invadidos
De esa realidad caótica que sufre Santander de Quilichao no se escapan algunos almacenes que han sofisticado el canal de ventas utilizando la calle como mostrador, inclusive, ponen separadores para «privatizar» las vías públicas.

El proyecto debiera comprender las acciones necesarias para lograr la restitución de los andenes y las zonas peatonales, la reubicación de vendedores informales, y de los formales que se han apropiado de lo público, hasta la creación de espacios de permanencia donde los ciudadanos puedan desarrollar actividades sociales y culturales, por ejemplo, el parque lineal del río Quilichao. Lo anterior con el objeto de mejorar la calidad ambiental, habitabilidad y seguridad de las zonas intervenidas.

Es importante resaltar que la actual Administración de Santander de Quilichao está ejecutando labores de recuperación de las vías públicas y del parque lineal, pero falta que la ciudadanía haga también sus aportes para contribuir en la recuperación de la Ciudad de Los Samanes.

En esa campaña también se debería capacitar a los propietarios en la urgencia de mantener los andenes libres como solidaridad social y no convertidos en una especie de prolongación de las casas, negocios o parqueaderos privados, mostrando menosprecio por el civismo y la convivencia.

Una formación en este sentido ayudaría a estandarizar los andenes, que sean homogéneos para todos y no lo que estamos viendo hoy en muchos sitios, donde tenemos un paisaje de diferentes materiales, malas calidades y dificultades para todo el mundo porque son estrechos, discontinuos y deteriorados, y hay una subordinación desmedida del espacio hacia el vehículo automotor.

Para mayores detalles sobre el indebido uso o afectación del espacio público destinado a la satisfacción y necesidades colectivas, ver Corte Constitucional, Sentencia T-518 de 1992: https://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1992/t-518-92.htm#:~:text=%22Los%20parques%20y%20zonas%20verdes,disfrute%20visual%20y%20libre%20tr%C3%A1nsito%22.

Jungla de cables en calles de Quilichao

Y hablando de contaminación, otro de los asuntos que atentan contra la calidad de vida del colectivo quilichagueño es la contaminación visual, por la presencia de miles de kilómetros de cables suspendidos en el aire y en los postes de la ciudad, que corrompen la estética de las calles de manera invasiva, y afectan funciones vitales de los ciudadanos.

El caos urbano se evidencia en las toneladas de cable que cuelgan sobre las cabezas de los transeúntes. Algunos caen tan bajo que tocan el hombro del que camina o son arrastrados por camiones o altos vehículos.

Los espacios públicos también fueron invadidos

Son gigantescas telarañas negras amontonadas en los postes que vuelven hostiles entornos que tendrían que ser armónicos, amigables o apacibles, y aunque existen prohibiciones al respecto, las autoridades locales no terminan por atender y resolver este grave problema.

El asunto es que varias empresas extienden cables de tendido eléctrico, de telefonía, de comunicación digital, Internet, televisión, para cámaras de vigilancia particulares, entre otros, entre los cuales hay muchos que no sirven para ningún propósito útil, porque cada vez que un usuario se cambia de compañía, le cortan el servicio, pero dejan el cableado, sus accesorios y complementos; la próxima compañía llega y tiende un nuevo cable y así se van incrementando hasta convertir los postes en las gigantescas telarañas que deterioran la imagen de las calles, producen basura y mucha contaminación visual, además de que la población corre el riesgo de accidentes y cortos circuitos.

Jungla de cables en calles de Quilichao

Aunque muchas veces se ignore que son elementos contaminantes, el cerebro almacena la distorsión y pueden causar distracciones peligrosas, inclusive, algunos tapan los semáforos, ocasionan problemas de atención, mal humor, trastornos de agresividad, y mínimo, el estrés, que puede tener impacto en la salud cardiovascular de las personas, en su salud emocional o psicológica.

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