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LOS EMPEDRADOS DEL INFIERNO

El lunes 1 junio, 2015 a las 5:28 pm

LOS EMPEDRADOS DEL INFIERNO

Hace 40 años regresé del exterior de cursar periodismo cuando para el oficio de reportero, se requerían estudios superiores. Obvio que no encontré un medio para probarme como gacetillero, reporteril ni comunicador.

Armando Orozco Tovar

Armando Orozco Tovar

Venía del “infierno rojo de América”, como se referían a este país, desde muy temprano algunas emisoras. País cercado, vilipendiado y atacado por las fuerzas más poderosas de la historia terrícola, con armas capaces de desintegrar en segundos de un totazo a miles de seres como lo experimentó años atrás  otra isla pero no de la dignidad sino de un inútil honor imperial militarista.

Sólo se requería mostrar el cartón en los medios hablados y escritos para recibir un rotundo no. Hasta que apareció la solución en un centro universitario de extraña divisa: “Lucha por el Socialismo Científico por un nuevo hombre social”. Esto quería decir que allí tendría escampadero. Pues ejercería la carrera y además podría ser docente de las humanísticas profundas que con los años por la acción neoliberal perdiendo su necesaria necesidad formadora.

Esta circunstancia era rara. Quién creería que en un medio tan retardatario se diera este fenómeno de tratar decentemente de instruir con el marxismo a estudiantes, que asistían en busca de Derecho, Ingenierías, Economías, Ciencias Administrativas, Docencia, para salir después a ganarse el pan de cada día.

La existencia de este centro académico se explicaba porque aquí las fuerzas represivas no entendían como se comía esto ni para qué servía: ¿Socialismo Científico? ¿Qué coño podría significar? Decían. Acudían a ella los más por novedad o curiosidad sin saber que la intensión de su fundador rector, profesor, doctor, filósofo de la RDA, era proporcionarle a las mentes bases teóricas, ideológicas y científicas, que les permitieran comprender la estructura histórica, social, económica y política de la sociedad en que vivían. Con el fin de ayudar con otras fuerzas a su transformación definitiva.

Los matriculados acudían al “Aula Máxima”  para escuchar a sabios docentes: filósofos probados, pedagogos, psicólogos, economistas de renombre, politólogos, dirigentes populares. Diariamente se escuchaban charlas, seminarios, conferencias, paneles, mesas redondas y talleres. Todo orientado a desarrollar, según su fundador y rector científico, un “experimento pedagógico político” contribuyente al cambio requerido.

En aquel tiempo de mi primera inserción laboral, transcurrieron cada día segundo, minutos y horas, haciendo, escuchando e impartiendo nociones en veces livianas y otras de manera profunda acerca del “Socialismo Científico” preconizado por el eslogan. Mientras que al país del “Sangrado Corazón de Jesús,” lo consumían las bala explosiones desde los años del ruido: Constitución del 86, discursos gubernamentales, estado de sitio, estatuto de seguridad, seguridad democrática, asaltos insurgentes, secuestros, masacres paramilitares, fosas comunes, robo de tierras y de elecciones, incendios, desapariciones, miseria, pobreza, desempleo, corrupción, pueblos convertidos de pronto en urbes por los miles de desplazamientos de otras regiones. Y el narcotráfico haciendo de las suyas hasta convertir al país en una gran fosa común repletas de cadáveres.

¿Quedaría algo sembrado en las cabezas de los estudiantes que recibieron tamaños conocimientos de acuerdo al experimento que no eliminó el establecimiento por no apreciarlo como un peligro inminente. O desterró, metió a la cárcel o al manicomio a su autor, seguramente por su origen de casta familiares, relaciones políticas, las cuales no permitieron nunca el allanamiento de las sedes académicas?

Hasta hoy la institución subsiste pero sin su antigua divisa que perdió hace rato. Y que orgullosamente mostraba cuando hace cuatro décadas me acogió. Lema que sólo se cumplirá cuando en Paz se logre formar un “nuevo ser social en Colombia, sin el cual no se podrá levantar la nueva nación. Sin olvidar que: “El Infierno está empedrado de buenas intenciones”.

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