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Los delirios del procurador Ordóñez

El jueves 9 julio, 2015 a las 8:59 am
Jaír Villano

Por Jaír Villano

@VillanoJair

¡Vaya bomba la que acaba de lanzar Ordóñez Maldonado a Juan Roberto Vargas!: “el gobierno y las Farc pretenden sacar al procurador del Ministerio Público”. Patrañas. El entrevistador le preguntó por los elementos que tiene para semejante aseveración, y Ordóñez respondió que son muchos. ¿Pero, a ver, cuáles, cuáles?

No. Ordóñez es un calumniador de primera, aprovecha cualquier ventaja para atacar el proceso de paz, a las minorías sociales, para imponer su modelo lefebvrista. Como todo sectario este procurador no atenúa nada. No le importa que en una sociedad que en muchos sentidos arde en llamas sus ardientes palabras atizan, aún más, el panorama. Lo de él y sus seguidores es el fuego. O digámoslo bajo sus eufemismos: las salidas represivas o militares.

Como todo buen politiquero Ordóñez niega su condición. Pero es evidente que el organismo de control que dirige… un momento, óigase bien: organismo de control, ¿primero no debería vigilarse él?… Sigamos. Es evidente que desde las facultades que le otorga la institución estatal hace política y se prepara para las elecciones de 2018.

Ordóñez se mueve muy bien en la arena política, es sino recordar las maniobras con las que consiguió su reelección: congresistas a los que él investigaba, magistrados de la Corte Suprema que en vez de investigar las numerosas quejas disciplinarias que reposaban (reposan) en su contra lo ternaron, qué raro que esos magistrados tuvieran familiares ejerciendo funciones en la Procuraduría. En algún lugar debe reposar la denuncia que Dejusticia le hizo por prevaricato, pues el procurador que cita la Constitución, soslayó que en el artículo126 se señala que no se puede nombrar familiares de quienes son competentes para intervenir en su designación.

Insisto en que posee cualidades para llegar al poder. El cinismo con que actúa es inverosímil, el proceso 8.000 también, ahora quiere posar como perseguido político aun cuando es él quien sin pudor ataca a la comunidad LGTBI, a las mujeres que quieren ejercer su derecho al aborto, a los individuos que desean morir dignamente. Un cinismo que le permite erigirse como un defensor del medio ambiente a pesar de que ha deslegitimado las consultas populares en territorios donde los conflictos ambientales abruman a sus pobladores, ejemplo de ello, las investigaciones que en su momento efectuó contra las autoridades locales de Piedras, Tolima y Tauramena, Casanare, arguyendo que estos se extralimitaron en sus funciones.

Es arrogante y autocrático. Es político. Y ahora que atisba un posible cese bilateral de las partes que negocian en Cuba, y por consiguiente, un acuerdo de paz que conllevaría a revelar unas cuantas verdades, manifiesta ser un perseguido del gobierno –del modelo de desarrollo que él sigue– y de las Farc. Más político imposible.

Ordóñez y sus amigos uribistas saben que sin conflicto armado poco pueden hacer. Esa eventual cesación de muertes sería, a la par, sus muertes políticas. Por eso no es extraño que después de que el proceso entre en una etapa irreversible estos señores comiencen a suavizar su discurso, como Uribe Vélez. Pero son cálculos electorales y nostalgia de poder. En el caso del procurador es voracidad por llegar a la Casa de Nariño.

Pero eso sería después, por lo pronto seguiremos escuchando los delirios del procurador y los suyos.

(Ojo, que harto sabido es que la insania puede causar la muerte y además ser causadora de muertes).

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