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Los Danzantes de la Loma

El martes 16 abril, 2024 a las 10:31 am
Carlos Fajardo Fajardo
Por Carlos Fajardo Fajardo

Una leyenda colonial sirvió para bautizar esta colina al oeste de Cali como La Loma de la mano del negro, hoy llamada Loma de la Cruz. Álvaro Calero Tejada la relata en su hermoso libro Cali eterno. La ciudad de ayer y hoy, publicado en 1983. En ella se cuentan los sucesos:

“Dice la leyenda, cuyo fondo de veracidad ha sido imposible detectar, que cerca de un pequeño montículo existente a la salida de la ciudad hacia el sur, que hacía parte de la hacienda `la Chanca´, se cometió un terrible crimen que conmovió a todas las gentes del poblado, el cual consistió en el asesinato de su progenitora cometido por un negro de nombre Juan Diego, que trabajaba en la hacienda citada. Otras versiones informan que no hubo asesinato, sino un acto de rebeldía del moreno, quien levantó su mano sobre su madre a quien golpeó alevemente. Sea lo que fuere, lo cierto es que tanto el crimen como la golpiza eran tenido entonces por `crímenes atroces´ y castigados con la muerte del atacante, quien en este caso fue muerto a garrote por las autoridades y su cuerpo enterrado en la parte alta del montículo, en donde se erigió una cruz de madera para indicar al vecindario el sitio donde yacía el autor del repugnante atentado. Sigue la leyenda expresando que al otro día los vecinos de la Chanca vieron sobresalir de la tumba una de las manos del negro muerto y enterrado el día anterior, así como todo el brazo derecho hasta la altura del codo, causando un pánico terrible y la desbandada general”.

Existen diferentes versiones, una de ellas señala que el negro esclavo fue ahorcado, por, supuestamente, asesinar a su madre y que en la noche se veía que su mano salía del suelo como pidiendo justicia. La comunidad de la época erigió una cruz de madera en el lugar hasta que, en 1909, los franciscanos la cambiaron por una de cemento que aún hoy se conserva con la escultura de una mano negra en su pedestal.

Los Danzantes de la Loma

Otra leyenda de tradición indígena indica que este fue un sitio de ritualidad para los Yanaconas en la era precolombina, donde se hacían diálogos para lograr la paz con otros grupos indígenas.

Pero, como si se tratara de un exorcismo secular, de un ritual colectivo y comunitario, desde el 2000 en esa colina del barrio San Cayetano, cada jueves se congrega una gran multitud a danzar con música indígena ancestral. El rito y la alabanza al cuerpo con estas músicas autóctonas dura dos horas. De 7 a 9 de la noche los danzantes hacen su ofrenda de iniciación a la Pacha Mama, congregando a vecinos, curiosos, turistas y paseantes ocasionales. Un festín de música se inicia entonces. Los guías (llamados monitores) dirigen a los participantes que al ritmo de la música siguen los pasos y movimientos creando coreografías donde los brazos se elevan en una plegaria terrígena y celestial, las manos se agitan, aplaudiendo en silencio al universo y los cuerpos se congregan en círculos que se mueven alrededor de la plazoleta, mientras la mano del matricida colonial sigue en su pedestal, pero ya sin peligro alguno, no provocando horror ni espanto.

Los Danzantes de la Loma
Los Danzantes de la Loma de la Cruz

Esta ceremonia dancística popular excluye toda temerosa leyenda, impone en cambio, la risa, el furor y la felicidad de existir gracias a estas músicas que con sus ritmos están más allá de la culpa, el castigo, del pecado, la esclavitud y del racismo. Aquí la catarsis barrial se vive en su plenitud y desfogue. Las voces se unen en solidarios gritos, la energía palpita saliendo por los poros y toda la Loma de la Cruz se transforma en bambucos caucanos, chirimías, tonadas Ingas, carnavalitos, huaynos, san Juanito, raymis,  tobas, caporales, tinkus, cumbias de Gaitas,  música potente de  pueblos indígenas colombianos y suramericanos.

Hacia 1987 la empresa Artesanías de Colombia abrió una sucursal en Cali, instalándola en 1990 en la Loma de la Cruz, lo que modificó el espacio urbano y la forma de asumir esta colina. Nuevos visitantes la comenzaron a recorrer, otras miradas en ella se posaron, Se abrieron restaurantes de comidas internacional, bares, cafés, elegantes tiendas con suvenires y artesanías y hasta una hermosa librería con espacio para tertulias y presentación de libros. Este cambio, junto a la refrescante brisa de la tarde, trajo consigo nuevos y benefactores aires. Entonces, en el año 2000 se instaura la danza andina e indígena como fiesta que congrega, aislando por unas horas la tristeza y, por qué no, hasta a la muerte.

Durante 24 años estos encuentros espirituales y sensoriales, llamados TADI (Taller de danza indígena) han convertido a esta Loma en un espacio de patrimonio simbólico, sorprendente en una ciudad denominada la “capital de la salsa”. No es de extrañar que ello suceda en esta Cali que oscila entre lo urbano y lo rural, receptora de múltiples lenguajes e imaginarios culturales, centro y flujo multiétnico del sur occidente colombiano, ciudad híbrida, asombrosa, repentista, que en un momento está rumbeando con la salsa y el son caribeños (estando ella anclada más en la región andina y pacífica), como en otro momento, se le ve danzando con la marimba y el guasá, ritmos del mar y de los ríos afro pacíficos, y, de repente, vaya exquisitez, moviendo cuerpo y alma al sonido de zampoñas, quenas, siringas, gaitas, ocarinas,  charangos, bombos, guitarras y cantos indígenas surgidos como tubérculos ancestrales suramericanos.

Esto es el resultado de una ciudad con sensibilidades diversas, producto de ese proceso de transformación que ha vivido Colombia en las últimas décadas debido a las grandes explosiones migratorias, lo que ha hecho que en Cali se observe diálogos entre varias comunidades culturales, construyendo una unidad en la pluralidad, con grupos que tratan de conseguir un puesto de sobrevivencia en sus espacios. La mayoría de las ciudades latinoamericanas son el resultado de este entrecruzamiento entre distintas mentalidades, creando una gran diversidad cuyo resultado es la riqueza cultural múltiple. En ellas sobreviven remanentes y encuentros entre lo sacramental y lo secular; el mito, lo religioso y las estructuras industriales; costumbres rurales y sabidurías ancestrales junto a las tecnologías digitales y comunicativas en la cultura de consumo de la globalización.

Lugar para la construcción simbólica de territorios indígenas quienes, junto a la música y a la danza, se familiarizan a través de bebidas (la chicha, por ejemplo) y comidas autóctonas, como también con los diferentes atuendos de sus comunidades. He aquí la importancia de este sitio que todos los jueves adquiere al caer la tarde, un sentido mágico gracias a los relatos ancestrales que se funden con los habitantes del barrio, con turistas y consumidores urbanos. Aquellos vasos comunicantes refundan el sentido de territorio de comunidades indígenas urbanizadas tales como los Yanaconas, Nasas. Coconucos,  Pijaos, entre otros, que se encuentran fuera de su lugar de origen. Estos espacios de ciudad se convierten en un tejido de culturas, encuentro de identidades, tanto de sus habitantes raizales, como de la población migrante. Eso es: cultura de fronteras, flujo, tránsito, intercambio y cruce de caminos.

“Yo soy de la Paz, Bolivia, indígena aimara, músico compositor, artesano lutier en instrumentos musicales étnicos y gestor cultural. Soy nacionalizado colombiano, vivo aquí hace 34 años. Conocí a Colombia en diciembre del año 89 y conozco este parque desde que llegué a Cali. Aquí, en el 90, como turista y transeúnte vi su inauguración como Parque Artesanal Loma de la Cruz esa época era  un visitante más. Desde ese momento me flechó, fue mágico, este sitio me gustó muchísimo, la gente, la cultura, el clima. Fue una maravilla cuando este parque se inauguró, me llamó mucho la atención. Sentí como un llamado, pues justo esta loma en épocas milenarias, narran los mayores,  había sido un sitio de ritualidad de los Yanaconas en la era precolombina, era un punto orientador de ruta hacia el mar, luego con la entrada de los españoles fue la colonización. Los Yanaconas ya estaban aquí venían desde el Cauca y Nariño, eran inmigrantes del sur de raíces Incas.

En este punto energético de la loma yo siento una relación no muy bien explicada desde la lógica científica. Es un sentir, la loma me impactó, me gustó y apenas pude vine a participar como artesano en los primeros cinco años de haberse instalados aquí los puestos de artesanías.  Yo tenía contacto con  músicos andinos de Cali, gestores culturales y líderes de esa época. Yo los motivaba para que vinieran al Parque. Ya tenía un puesto y podía realizar actividades. 

En el 95 nos asignaron los puestos fijos; antes éramos itinerantes, veníamos dos temporadas al año. Cuando empezamos de forma permanente, nos encontramos con la realidad, era un espacio complicado, rojo y con estigma, había que acreditarlo, la gente no quería venir. Un parque muy bonito, pero nadie venía. Tenía una imagen negativa. Muchos artesanos se fueron porque no vendían, era un parque muy solo. Los que nos quedamos resistimos. Por mi parte realicé y apoyé  muchas actividades culturales para que la gente supiera que este era un espacio de la cultura y  el turismo.

Entonces, desarrollé tertulias, audiciones y ensayos de música andina; enseñaba a construir instrumentos musicales. El caleño es danzante por naturaleza, no se le puede tener mucho tiempo sentado con la sola palabra, cuando se le roba el corazón, danza. En 1995 comenzamos con nuestro proceso de formación de públicos,   apoyamos a la Dra. Bania Guerrero, la Directora de la Casa del Artesano, administradora del Parque, con los encuentros culturales y artesanales que organizaba. En el club ecuatoriano periódicamente hacíamos peñas. Con un grupo de personas realizábamos tertulias, audiciones y terminábamos danzando. Ahí comenzaron los TADIS (Taller de danzas indígenas). La gente llegaba a escuchar la música andina. El caleño es danzante en esencia, esas tertulias terminaron en danzas.

En el año 2000 con el apoyo del profesor Alexander Agudelo, terapeuta ocupacional y experto en música y danzas, decidimos hacer un taller de formación en  danzas, porque en las peñas y eventos no danzábamos estas músicas con la coreografía original. Se hicieron talleres formales en el espacio público del parque para la conformación de un grupo de danzas. Teníamos a la gente, llevábamos cinco años bailando y ya nos conocíamos.  Se conformó el grupo para presentarse artísticamente en eventos culturales de Cali y del valle del Cauca; tuvimos que cambiar los ensayos a un lugar cerrado porque la gente no nos permitía hacer el taller convencional. La gente se integraba y bailaban de manera espontánea como una especie de aeróbicos; de manera que los ensayos lo hicimos en un espacio cerrado y de esta manera quedaron los jueves como taller abierto para la comunidad y nacieron los TADIS. Desde mayo del año 2000 hasta hoy no hemos parado. Vamos a cumplir casi 24 años de estar en el teatrino principal del Parque DANZANDO BONITO en el horario de 7 p.m. a 9. p.m.”

Eddy Edgar Flores Yujira
Eddy Edgar Flores Yujira

Eddy ¿existe eventos similares en otras partes de Colombia y de América Latina?

“En América Latina no hay experiencias como las de Cali. De pronto se ven en  parques y calles los ensayos de las comparsas antes de los carnavales de cada país, por ejemplo, en Oruro, Bolivia, en Pasto con el carnaval de Blancos y Negros. Ensayan con agenda en temporada. Este evento es único en Cali y se presenta los 46 jueves del año. Sólo la pandemia nos paró de manera presencial; entonces, de manera virtual seguíamos danzando en las casas. Cuando la pandemia cesó volvimos a retomar al espacio público del parque”.

¿Exactamente qué comunidades indígenas se vinculan a esta actividad?

“Hay poblaciones urbanas de Yanaconas, Guambianos, Nasas, Coconucos, Pijaos, killasingas entre otros. A veces algunos Taironas pasan por el parque, no están mucho en Cali, pero por ahí pasan. La población indígena urbana poco a poco se integra con la comunidad caleña en el círculo del ritual de la danza ancestral. Esta es una actividad de contexto indígena, pero para la ciudad de Cali porque nació con los caleños amantes de la música andina y de la canción  latinoamericana. Luego las poblaciones indígenas urbanas poco a poco se van integrando, pero fueron los caleños quienes le dieron vida a nuestro proceso cultural”.

– ¿Qué ritmos y tipos de músicas indígenas y latinoamericanas se danzan en el parque?

“Son músicas indígenas de Colombia, Bolivia, Perú, Ecuador, del norte de Chile, Argentina, Paraguay, tienen una espacialidad geográfica  de  costas, valles interandinos, Amazonía, desiertos. Siempre danzamos los ritmos que se puedan bailar en comunidad, porque la música indígena por excelencia es comunitaria  con reverencia a la  naturaleza y el cosmos, como el Saakhelu Nasa  el ritual mayor del despertar de las semillas, el Tinku boliviano, que es un término en quechua que significa encuentro;  también se danzan los caporales,  tovas de la amazonia y del chaco, los carnavalitos, las tonadas del Putumayo, sanjuanitos nariñenses, son sureños, bambucos caucanos, los huaynos peruanos, los raymis y sanjuanitos ecuatorianos,  bambucos,  chirimías, las chacareras, las cumbas de gaita, los sanjuaneros, los farotos, las músicas que destaquen los instrumentos indígenas en su organología y donde se visibilice fuertemente prácticas, representaciones y orígenes de pueblos originarios”.

Háblanos sobre los instrumentos musicales.

“Cada jueves suenan las flautas traversas, gaitas, siringas, el guache, ocarinas, zampoñas, quenas, los capadores, los zampoñas bolivianos , que son equivalentes a los rondadores ecuatorianos y a los capadores o flautas de pan colombianos. El folclorólogo colombiano Guillermo Abadía Morales publicó una investigación donde afirma que todas estas músicas tienen mucha similitud en el Perú, Ecuador, Bolivia, Colombia. Parece que tienen un mismo patrón. Según este investigador, desde la época precolombina los instrumentos de los pueblos indígenas son muy similares en las cañas, los bambúes, las semillas, etc.  Hoy estos instrumentos suenan muy modernos por su evolución y sincretismo, muchas veces  se constituyen en músicas de carnaval y son los que suenan en los TADIS los jueves. Son formatos precolombinos que han evolucionado, se han atemperado con la modernidad, pero mantienen su raíz indígena, la esencia, el origen, la cosmogonía”.

¿Cómo seleccionas las músicas que se presentan en el parque?

“Se acumula un repertorio y se selecciona para sostener el nivel de energía alta de los participantes durante dos horas. La idea es mantenerlos siempre con altos niévenles de atención.  Siempre se danza las músicas de comunidad, que convoque pueblo, en este caso ciudad,  y que tenga una gran relación con el entorno, el espacio,  como es el paradigma indígena del vivir bien y del buen vivir, la filosofía ancestral de vivir en plenitud y armonía con la madre naturaleza. La ancestralidad en las músicas la destacamos  con el sonido fuerte y profundo  principalmente de los aerófonos. Así demostramos musicalmente la riqueza y el sincretismo cultural donde todo está fusionado. La música en todo momento es el eje cohesionador. Contamos con músicas de grupos musicales caleños y colombianos y, por supuesto, los  internacionales que no faltan desde Bolivia, Ecuador, Argentina, Chile y Perú. Somos muy cuidadosos en la selección de la potente música indígena”.

LOS DANZANTES DE LA LOMA

¿Este evento tiene algún apoyo institucional?

“El Parque Artesanal está administrado por la secretaria de Cultura de Cali. Aunque nuestro evento no es institucional, la secretaría nos apoya en la viabilidad  y nos acompaña. Hay una agenda cultural permanente en el parque: los miércoles con poesía al viento, los viernes de salsa, los sábados con Cine al Parque. Nosotros con el TADI de los jueves hacemos parte de todo ese paquete cultural junto a los  gestores culturales particulares que por iniciativa propia  avivan estos procesos.  El Ministerio de Cultura en su programa “Estímulos” nos reconoció como un proceso cultural consolidado porque crea mucho impacto, es un gran ecosistema en el parque y se ha vuelto un referente cultural, por lo que se están organizando otros TADIS en varias ciudades del país”.

Finalmente podría afirmar que con alternativas culturales y otros paradigmas se cambia la violencia de los jóvenes. Genera cohesión social, mitiga esta inseguridad que tenemos en las ciudades. Este es un lugar de cultura que ayuda a cambiar el panorama de la vida y que genera un espacio de paz y de tranquilidad. Esa es la misión y el objetivo de nuestro proceso. Hay formación de públicos con estas dinámicas. Los colectivos, los gestores y varios grupos vienen los jueves a ofrecer talleres y cursos como el grupo de danza “Suyay”, Condor Mallky, los colectivos culturales como “Jóvenes Semilleros TADI”, monitores de danzas andinas; nuestros monitores, con el liderazgo del Yanakuna Yawar, llevan los Tadis a otros espacios como los barrios Terrón Colorado, Aguacatal y a Yumbo, Candelaria, Popayán y otros municipios.  De los TADIS nacieron y se fortalecieron los eventos culturales Fiesta Andina en la Feria de Cali, en el mes de diciembre, el Festival Andino Folclore Semilla y Paz en el mes octubre de cada año.

Desde los  comienzos del TADI no tenemos registro de ausencia de públicos, inclusive con lluvia o sin energía siempre hay lleno total. Investigadores sociales  y las instituciones de educación superior han hecho trabajos académicos  sobre este evento.

Los Danzantes de la Loma
Danzantes de la Loma de la Cruz

Esa es la Loma de la Cruz, la que invita a danzar seduciendo al transeúnte y al visitante, los cuales de paso consumen alimentos, bebidas y artesanías que en ella se ofertan.

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Carlos Fajardo Fajardo
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