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Los daltónicos

El miércoles 8 julio, 2015 a las 3:46 pm
Diogenes Diaz Carabalí

Diógenes Díaz Carabalí

En mis tiempos, cuando visitábamos a la novia, nos sentábamos en la sala; ella venía a nuestro lado, nos dábamos besos si lo permitía la suegra, quien se ausentaba con la disculpa de traer un jugo o un café, si éramos bienvenidos. Si no, en la entrada de la casa hacíamos las visitas. De todas maneras hablábamos, hacíamos planes, pensábamos en el futuro, nos contábamos heroísmos familiares.

Hoy, el muchacho llega, da un beso en la mejilla, la chica lo recibe. Se sientan en el sofá, sacan su Smartphones y comienza la visita cada uno por su lado. Con movimiento mecánico de los pulgares sobre el teclado digital, se sumerge cada uno en sus particulares comunicaciones, las redes sociales los absorbe, generalmente con mensajes intrascendentes, expresiones breves, un español cortado, signos y palabras que un hablante tradicional no entendería. Podríamos preguntarnos ¿perdura una relación de este tipo, sin caricias de por medio, sin expresiones amorosas, sin arrunches, sin excitaciones? Los hogares son copia de esta descripción, cada cual atareado en particulares comunicaciones, carecen de espacio para la interacción, para el intercambio, para la socialización. Los medios nos aíslan, nos individualiza, nos convierte en daltónicos sin padecer este mal.

Los daltónicos

Un conductor, detenido frente a un semáforo, en segunda fila, digita en su aparato. El semáforo cambia, el hombre como autómata pone en marcha el vehículo, sin levantar la mirada, y choca contra el carro que se encuentra delante. Apenas se entera por el estrépito. La vendedora, permanece tras el mostrador, concentrada en la bendita pantalla. Estoy detenido enfrente mirando los productos que exhibe. Ni se entera de mi presencia, ni la de otros clientes. Sin levantar la mirada dice: A la orden. Tengo que esperar hasta cuando su antojo la deje, para pedirle lo que pretendo comprar.

Este cuadro sucede en las oficinas públicas, en el consultorio médico, en la recepción de los edificios. Todos están sumergidos en los pequeños mundos encerrados en sus aparatos, leyendo y respondiendo mensajes insustanciales, porque si se verifica son comunicaciones sobre cadenas de oración, sobre consejas sobre el éxito, sobre chismes de calle, sobre modas impetradas, sobre la última jugada de Messi o la peor ocurrencia de un artista chabacano.

Hasta aquí nos han traído los aparatos de comunicación, más los manuales, los que deberían servir para comunicarnos. Su efecto ha sido contrario, ahora estamos más aislados, nadie habla, nadie interactúa, el vecino de al lado no existe. Las empresas productoras de estos medios de comunicación inventan y reinventan, cada corto tiempo lanzan al mercado modelos nuevos, nuevos usos, dando como resultado para el usuario mayor concentración en su  pantalla, mayor aislamiento, forma un ser antisocial, egoísta, ególatra, sin personalidad. Este tipo de daltónico lo encontramos en la casa, en la iglesia, en la plaza, en el transporte público, en la calle. Es un tipo que no le importa el medio, ni la gente, ni la política, ni siquiera el fútbol.

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