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LOS CUSTODIOS DE SEMILLAS DE PURACE

El martes 23 agosto, 2016 a las 7:00 pm
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NELSON EDUARDO PAZ ANAYA / JULIO GUAHUÑA CHICANGANA – Fotografía: www.colparques.net

Puracé es una de las regiones del planeta con mayores elementos de una naturaleza agreste, inmensa, desafiante, de relieves con montañas gigantes temporalmente adornadas de hielo, planicies de paramos interminables copadas de frailejones amarillos, trepadoras, orquídeas, chusques, guardarrocíos, pajas, helechos, líquenes, musgos y arbustos, en un entorno de humedad y de frio intenso, en donde se conserva el rocío y la flora, lagunas de verdes superficies, vallecitos con bosque pluvial montano, vertederos de chorros de colores, y termales de aguas humeantes de altas temperaturas hervidas en el interior de la tierra.

Sus suelos giran alrededor del cono de la cordillera, formados de cenizas, rocas ígneas, diabasas, basaltos, andesitas y flujos volcánicos, abismos profundos con simas de espanto a donde se precipitan en voluptuoso vértigo torrentes de agua en caídas infinitas, vientos raudos y veloces donde silban y suenan los espantos, los mojanes y los duendes, asustando al diablo; pendientes escarpadas, salientes monumentales de rocas desafiando el abismo y las quebradas, los humedales y zanjones con musgos de diversísimos colores, con cercos de carrizos, sietecueros, yarumos, robles, arrayanes y encenillos.

En los descansos de las pendientes, allí donde no golpea la helada, en pequeñas planadas que incitan a la pausa están las casas campesinas, vistosas construcciones de adobe, con tejas de barro, ventanas y puertas de madera, adornadas con geranios, cartuchos, hortensias, en espléndido contraste de alegres colores; de los zapotes, con los verdes, rojos, azules y amarillos, en mosaico integrado de pinos y eucaliptus con los cultivos tradicionales de maíz, frijoles, papas, trigos, ullucos, fresas, duraznos, manzanas, habas, en surcos transversales de una agricultura pensada para producir el alimento y para atajar la tierra de la escorrentía, cultivar las plantas que dejaron los abuelos y pastar las vacas, los caballos, las cabras y en los corrales ovejos, cerdos, gallinas, cuyes y conejos. El viento y el vuelo de los pájaros, en medio de la eufonía de las aguas golpeando en las rocas, harán el sonido que inspirara la melodía que reproducirán las flautas en el deje andino de los circuitos musicales, que inspiran las cadencias simbolizando el trabajo.

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Fotografía: www.colparques.net

Los mineros resolvieron abrir un socavón cerca al hueco central del volcán, sacar el azufre, procesar las miles de toneladas de material revuelto y ampliando el laberinto de túneles hacer la excavación de azufre natural más antigua de América, para con su mineral crecieran industrias químicas que después tendrían otros proveedores, hasta cuando la competitividad obligue dejar los socavones como testigos de un esfuerzo colosal, perdido en la innovación de las materias primas, como ya se verá, que no se protegen en los Tratados de Libre Comercio.

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Fotografía: purace-coconuco1.blogspot

Por todo sitio pasan raudos los colibrí, los venados, conejos, dantas, osos de anteojos, armadillos, loros, cotorras, monos, ardillas y pavas, de las altas peñas, de esos sitios inaccesibles en donde solo se posan las águilas, también inician vuelos solemnes los cóndores andinos, aves gigantes que representan la majestuosidad de la patria, la solemnidad de su vuelo concéntrico, por la quietud de sus alas lo muda en un culto a la elegancia, su cabeza descolgada mirando los pantanos, inspira a los heráldicos, refleja el esplendor de una naturaleza enorme, que llama a su admiración y respeto, que mas adelante generara preocupación.

Y luego el volcán…

La región de Puracé, pertenece al macizo de Almaguer o Macizo Colombiano, sus territorios en principio fueron colonizados por Tomas Cipriano Mosquera, recién dada la independencia de España, iniciando el siglo veinte se erigió en municipio, contando con la presencia en su alcaldía de Antonio Orozco Fernández, quien dirigió sus destinos por casi cuarenta años.

Aquí también los tiempos y los delirios del poder hicieron su agosto, al parecer Mosquera después de cuatro presidencias, ejerció aquí como inspector de policía, y Orozco en gesto patriótico fue a la presidencia en cuatro ocasiones, sus habitantes fueron llegando de diversas regiones creando un mestizaje que enriquece su acervo cultural.

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Fotografía: semillas.org.co

El Municipio cuenta con cuatro resguardos indígenas, su cabecera municipal, se encuentra en la población de Coconuco, por su territorio la región caucana se comunica con el Tolima y el Huila, por la vía Coconuco – Puracé, La Plata, Neiva y por la vía Coconuco – Paletará, San José de Isnos, San Agustín, con el sur del Huila, Caquetá, Putumayo y los Llanos Orientales.

La población de Puracé se riega en un descanso del relieve antes de iniciar el último trecho para subir al volcán y un poco antes de los túneles de la mina de azufre y de los termales y los chorros de aguas calientes, su iglesia inmensa se prolonga en dos hileras de casas de techos de tejas conformando las dos calles largas subiendo a la loma y las calles transversales hacen las manzanas del pueblo dándole un orden de pintoresco paisaje rodeado de cordilleras y bajando el relieve, siguiendo el Cañón del Rio Vinagre, la vista infinita del Valle de Pubenza, las cúpulas de la ciudad de Popayán, al otro lado las líneas azules de la cordillera occidental en contraste con los cielos encendidos de zapotes, rojos, marrones, en arrebatos de nubes que en el caballete infinito del ocaso, cubren con figuras de colores el horizonte antes de la oscuridad de la noche, con las ultimas luces del sol de la tarde, conocido en Puracé como el sol de los venados.

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Fotografía: semillasdeidentidad.blogspot

En estos parajes Julio Guahuña, campesino indígena del resguardo de Puracé, con un grupo de diez y ocho cultivadores de la región, con el aval del Cabildo, se dieron a la tarea de levantar a partir de un ejercicio de memoria colectiva, a través de la cotidianeidad de los diálogos en todos los sitios, caminando todo el resguardo, escuchando la gente, mirando el mensaje de la tierra, bebiendo las palabras del agua en todos los trechos, esperando el viento, comprendieron como muchas especies de la flora y la fauna se extinguían en algunos casos aun sin dejar muestra, ni rastro.

El susto fue mayor cuando de algunos animales y de plantas, no recordaban ni siquiera el nombre, buscaron en los sitios en donde los mayores de la comunidad los habían visto por última vez cuando ellos eran jóvenes, pero ya no estaban, ahora en esos lugares, solo encontraron pastos, malezas o derrumbes.

Así, en medio de la incertidumbre por las especies desaparecidas, se resolvió acometer la tarea de buscar las riquezas perdidas, lo cual incluía en muchos casos espiar el descuido viajando a lejanos lugares para recuperar las semillas escazas, el trueque serviría de modelo de cambio, la soberanía como instrumento ideológico del pensamiento y la tradición para su conservación como aporte del conocimiento acumulado, todo como se verá en el afán de perpetuar la población, la región y el territorio.

En la mochila abandonada de una anciana, aparecieron un par de puñados de trigo dejados allí desde las épocas de la juventud cuando a escondidas mascaba sus granos como complemento alimenticio, en otro alborozo se informó del encuentro de pepas de maíz blanco o cacha, sin comprender que estos primeros hallazgos ablandarían un atadero diario de búsquedas y encuentros, viajes y retornos, con las manos apretadas y la mímica de la esperanza.

Desde cuando el país cedió a la presión de las marcas globalizantes de productos alimenticios y los mercados nacionales se vieron saturados de granos alimenticios, de manera especial, usando la estrategia de los precios bajos y la teoría de la oferta de comida barata para superar la desnutrición como manifestación de la pobreza, acotando las recomendaciones de las mil organizaciones internacionales, la conservación de los cultivos alimenticios autóctonos dejo de ser una categoría de la cultura y de la vida, como se notará cuando se haga conciencia del número de especies en riesgo de desaparecer.

Así se hace parte de la historia de la humanidad y los alimentos desde cuando los Natufienses, después de la época glaciar, pasaron al largo verano del planeta por el aumento de la temperatura en aproximadamente siete grados en diez años, 9600 años antes de Cristo, cuando el número de población de trescientas a quinientas personas, en la Ciudad de Jericó, en las orillas del Rio Jordán en Palestina, por necesidad debieron volverse sedentarios, iniciando el proceso de selección de cultivos, recolectar el teocinte, el antepasado silvestre del maíz y de domesticación de animales, en un proceso que según los arqueólogos debió durar unos quinientos años.

Los pueblos de América tienen el ancestral recurso del trabajo como manifestación natural de su visión colectiva, así se fueron recolectando las primeras muestras de cultivos olvidados y perdidos, se dio la asociación de CUSTODIOS DE SEMILLAS, en las tardes y en los caminos se regó la idea igual como cuando el eco de los truenos retumba en toda la región, los jóvenes mostraron interés, boquiabiertos escudriñaban la memoria de los viejos en busca del encuentro con las plantas que en algunos casos no conocían y empezaban a soñar sus sabores, sus bondades y atribuciones medicinales.

Julio de un momento a otro convirtió su casa en una pequeña bodega en donde en todo sitio había muestras de especies hasta cuando se acordó denominar la despensa como “EL BANCO DE SEMILLAS LA BATEA.”

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Fotografía: semillasdeidentidad.blogspot.com

Para el GRUPO DE CUSTODIOS, siempre ha sido claro que la inseguridad alimentaria no está amarrada a una simple escasez de alimentos, en su cosmovisión juegan sus apreciaciones biológicas, los comportamientos, los entornos y sus concepciones de poder, autoridad y gobierno.

Garantizar el aprovisionamiento de alimentos, definir las determinaciones agrarias, así como la percepción sobre la inocuidad alimentaria, están implícitos en la vida cotidiana de la comunidad por su ancestral compromiso con la conservación del agua, el manejo de los suelos, la limpieza de la atmosfera como tarea humana concertada con los árboles y los bosques, el susto por las causas de los aumentos de las temperaturas, sus sequias, avalanchas e inundaciones.

En este propósito de vigilar con cuidado, se fueron recogiendo pepitas de frijoles amarillos, blancos negros, rayados, torta y toritos; papas pardas, sabaneras, blancas, rojas, chauchascas, yema de huevo criollas; maíz capio, blanco, rayado; trigos negros, barbudos, funza; cebadas palma, limpia, y pellejudas; ullucos rojos, rosados amarillos, blancos con propiedades para apagar los incendios del estómago; así muchas más especies protegidas a través de plantones, vitroplantas, esquejes, toda una serie de robustas.

Y las medicinales de uso diario, como la yerbabuena, la ruda, el paico, la cola de caballo, la yerba mora; acompañadas de los usos de las frutas en jugos y en hervidos de tomates de árbol, lulos, curabas, fresas; las especies de bosques nativos crecen en las orillas de las cuencas de la región de Purace.

Financiar y darle inercia a este propósito se hacía indispensable, fue así como se discutieron varias estrategias, dando paso a la realización de mercados y trueques, a los cuales dio apoyo LA FUNDACION RIO LAS PIEDRAS de la EMPRESA DE ACUEDUCTO Y ALCANTARILLADO DE POPAYAN, en respuesta por procesos de reforestación en el rio Vinagre, su experiencia exitosa despierta inusitado interés en organizaciones nacionales e internacionales, relacionadas con estas manifestaciones culturales.

La práctica ha ido enseñando cómo el buscar- encontrar y repetir estas acciones no solo dan resultados en la conservación y recuperación de especies, sino el empoderamiento comunitario del volver por los senderos de concienciar la relación humana con la naturaleza y de manera particular con la producción agropecuaria.

Este camino a su vez ha llevado a fortalecer los procesos de identidad cultural, en términos de lo heredado y de lo construido en la sociedad, a partir de la convocatoria ocasionada por los diversos elementos que giran en torno de las razones ecológicas para recoger las semillas, la seguridad alimentaria, la biodiversidad, el significado de la organización comunitaria, las dificultades de la violencia, los riesgos o atropellos de la globalización, los transgénicos, la formación de los precios, el asunto de la productividad y de la competitividad, el transporte interoceánico de los alimentos y su connotación en la geopolítica mundial, con incidencias en micro-mundos como el de Puracé.

Estas acciones, como se ha notado, tienen profunda incidencia en la disposición social, el sentimiento de responsabilidad, de relación amigable con la naturaleza y de la forma como se mire la producción agropecuaria y de su connotación en las manifestaciones de equidad, democracia y libertad, que tendrá incidencia en la construcción de paz.

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