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Los colores de octubre en la poesía de Francisco Turizo J

El sábado 16 marzo, 2019 a las 9:56 am

Un día de octubre, cualquiera, Francisco Turizo Jiménez, docente (R) y escritor, eligió como patria de adopción al municipio de Agustín Codazzi, en el Cesar. Francisco ha sabido convivir con quebrantos de salud serios, gracias a las letras. Es el incesante milagro de la literatura como fuente de sanación.

En la resurrección de cada día, la lectura (herencia de mi padre) y la escritura son cotidiano manantial –dice él– para cesar la terca sed de la máquina del tiempo: “sobre gotas de lluvia escribo, para respirar”. Y es lo que efectivamente sucede. Se escribe para poder vivir. Es una paradoja del espíritu humano: vivir gracias a esa poco o nada útil actividad de escribir; en fin, todas las artes han sido valoradas de inútiles por exitosos empresarios del progreso material. No es misterio que la mayor desilusión de un padre es que su primogénito(a) le salga con el cuento de que va estudiar artes plásticas o literatura. “Comerás papel”, le dijo a Gabo su padre, cuando el hijo de la esperanza familiar le echó en cara que su destino sería escribir.

A estas reflexiones nos lleva Francisco Turizo Jiménez cuando en 2018 dio a la luz “un día de octubre, cualquiera”, un poemario de 40 páginas, bajo el sello de Alianza Creativa Plus, de Valledupar. Lo que va a ser este canto poético va sugerido ya en la portada: un tramo de la carretera San Diego-Codazzi, en cuyas márgenes el sol le regala a la noche el amarillo de un “un bosque de puis”, árbol hermano del cañaguate y el guayacán, este último que en los parques y avenidas de Popayán estalla en amarillo, rosados y lilas.

Pues bien, el amarillo del puis propicia de alguna manera el hilo conductor de las metáforas e imágenes con que Francisco, a partir de figuras sinestésicas, hace evocaciones de ciertos sentidos, que sólo son posibles percibir a través de la sutileza de otros. De esta manera: cuán hermosa/ la alegría amarilla/ del cañaguate y del puy, En otro momento, las nubes Se regresan en gotas verdes/ por la madrugada/ cuando el sol se duerme. O retrata una picaresca infantil, donde quien paga los platos rotos es la pedagogía de la escuela; porque el niño, libertario impune, tira los exámenes por la corriente/ de la lluvia del parque.

En suma, Francisco Turizo Jiménez, en las líneas muy sencillas de su poesía, logra transmitir el paisaje de una tierra grata y cálida, como su tórrido clima. Abre el poemario  un epígrafe de Bob Marley: “Jamás encontrarás/ el amor de tu vida:/ porque el amor no se encuentra/ se destruye”. Y se cierra con la salvadora inutilidad de la poesía: Si los poemas desaparecen,/ se queman,/ se destruyen,/ ¡no importa!

Hay en el Caribe la tradición de la hegemonía del hermano mayor, una especie de figura paterna para los hermanos menores. Este libro, por ejemplo, “fue posible gracias a la colaboración y aporte poético de Ómar Turizo Jiménez”.

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