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Los blancos y los afros también reclaman otro Cauca

El sábado 28 marzo, 2015 a las 10:31 am
JORGE MUÑOZ FERNANDEZ

MATEO MALAHORA mateomalahora2015@gmail.com

Gracias a la senadora Paloma Valencia ahora tenemos dos departamentos, uno es el departamento indígena y otro el departamento mestizo, mientras crece la inconformidad en el Centro Histórico de Popayán, Santander de Quilichao, Caloto, Puerto Tejada y la Costa del Pacífico, con el argumento de que la división territorial planteada por la Casa Valencia es discriminatoria y atenta contra la diversidad racial y cultural, puesto que en la iniciativa no se incluyó el departamento blanco y el departamento afrodescendiente.

Arguyen, conspicuos voceros de las minorías blancas, que los blancos rigen los destinos gubernamentales del Cauca desde la época de la independencia, cuando tomaron el control de Santa Fe de Bogotá, a raíz del derrumbe de la monarquía de Fernando Séptimo y que, salvo un período de cuatro años, de fugaz gobernanza indígena, en cabeza del Gobernador Floro Tunubalá Paja, que gobernó con asesores blancos, la historia del Cauca ha sido blanca y no ha pasado en blanco.

En su libelo los blancos adjuntan copia auténtica del Acta del Nacimiento de la Ciudad, donde aparece la firma de Sebastián de Belalcázar, y reclaman que en su franja territorial autonómica se incluya el Parque Caldas, El Panteón de los Próceres, el Puente del Humilladero, la Calle de los Bueyes, la Calle del Cacho, la Calle de la Pamba, la Calle del Chirimoyo y el Pueblito Patojo, o Rincón Payanés, que sería en el futuro la sede administrativa del Cauca Blanco.

Hace parte de la misma demanda la inclusión de Santander de Quilichao y la Ciudad Confederada de Caloto, urbes desde las cuales los blancos continuarían fraguando el dominio del departamento, como en los tiempos de la Colonia y de la Patria Boba. (Audiencia de Santafé).

Así mismo, los afrodescendientes consideran que si la fragmentación del Cauca no contempla su departamento y se estaría obrando como en la época del esclavismo, impuesto desde Popayán, que tuvo en el poeta y terrateniente Julio Arboleda Pombo a su más reputado representante.

CAUCA

Imagen: Proclama del Cauca

Y como los hechos anteceden al derecho, ya se comenta que una de las tantas colas que se observan en la ciudad, y no estamos haciendo referencia a la proverbial belleza de las mujeres payanesas y caucanas, no es la cola del ‘Sisbén Electoral’, o la cola de los tumbados de la ‘Pirámide Financiera’, sino la cola para obtener el pasaporte regional o la visa múltiple para cruzar sin contratiempos los nuevos cantones regionales.

Como se recordará, el pasaporte data de las épocas medievales, de grata evocación en Popayán, y servía para controlar a la población foránea, pues incluía la descripción racial de las personas.

Se supone que con este pasaporte, que hace parte del nuevo fraccionamiento político administrativo de la región caucana, se pasa sin dificultades por “La Agustina”, municipio de Santander, “La Ye”, municipio de Puerto Tejada y Galindez, municipio de Patía, al norte de Mercaderes, documento que sería como una especie de “visa schengen caucana”, para franquear los cuatro departamentos y desplazarse tranquilamente en Popayán.

Lo que nunca imaginó el señor Gobernador del Cauca, con esta nueva división territorial, es que cuando presente su nombre al Congreso de la República en el 2018, y le auguramos éxitos, según la jurisprudencia político administrativa de la senadora Paloma Valencia, lo hará no sólo invocando el milagro de la Santísima Trinidad: “Tres departamentos distintos y un solo senador verdadero”, sino también el departamento blanco.

Y, en aras de garantizar la movilidad de todos los caucanos en la Ciudad Blanca, el gobernador y el alcalde mayor acordarán no instalar retenes en los cuatro puntos cardinales de ingreso a la ciudad, pero, para garantizar la tranquilidad de la población de estirpe señorial, feudal y patricia, agentes migratorios encubiertos, con conocimientos de antropología y etnología, controlarán la seguridad en Popayán.

Sostienen, así mismo, los afrodescendientes y los indígenas, que el régimen colonial siguió viviendo en la república, que los blancos no han querido reconocer su historia y que fue sobre ésta que se levantó gran parte de la sociedad nacional en el sur occidente colombiano.

Que las aldeas, los palenques, las caminerías coloniales, la acuicultura, las técnicas artesanales para la extracción del oro, los dispositivos para el transporte terrestre y fluvial, las técnicas del trabajo agrícola, la domesticación de plantas útiles y la alfarería, fueron logrados en tiempo que no funcionaban las regalías, en tanto que los indígenas agregan, en su libelo de exigencias, que sus títulos reales sobre la propiedad de la tierra llegan hasta la Casa Valencia y la Calle del Cacho, pasando por el Resguardo de Yanaconas, donde, según el historiador Andrés Muñoz, en 1548 sus comuneros fabricaban teja de barro, que protegía los plácidos sueños coloniales de los blancos de la muy noble y muy leal ciudad de Popayán. Hasta pronto.

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