Los balances entre inicios y finales
“La verdadera medida del valor de cualquier líder y gerente es el rendimiento” – Brian Tracy.
En las esquemáticas páginas del 2019, el Departamento del Cauca se perdió en el panorama nacional sin pena ni gloria. Quizás nuestros apáticos y mezquinos dirigentes políticos se propusieron mostrar con unas pinceladas generales el reflejo de los grandes asuntos colectivos en sus equidistantes discursos y acciones creando toda una red de beneficios personales ignorando el bien común, incluso ignorando las leyes, acuerdos y decretos.
En nuestro departamento el proceso de descentralización no avanzó significativamente y no generó cambios, y los que se lograron, muchos de ellos imperceptibles en el corto plazo fueron relativizados por la oposición o por las fuerzas oscuras de las violencias.
Asimismo, los juicios pesimistas y partidistas de los seguidores de Temístocles Ortega, Feliciano, Paloma Susana, Luis Fernando, Carlos Julio Bonilla, John Jairo, Faber Alberto y Crisanto, no consideraron el punto de partida ni la inercia de varios siglos de olvido y centralismo, y se dedicaron a ponderar sólo lo superficial.
Estamos llegando al final del 2019 y los antes mencionados, aún no asumen el complejo carácter de ser los representantes y senadores de un gran departamento, sino que evaden el desafío de implica realizar su misión: el Senado de la República en representación del pueblo colombiano, ejerce las funciones constitucionales y legales, para promover el bien común y el desarrollo de la sociedad.
Sin embargo, parece ser que ellos y ella combinan cuestiones territoriales, políticas, administrativas, sociales, económicas y culturales solo en favor de su amigos, mecenas, padrinos y amos. En consecuencia, por su capacidad de gestión surgen estas dos preguntas: ¿porque nuestro departamento no avanza, y cuando lo hace, es tan lento en relación a otros departamentos? Y ¿cuál es el aporte real que hacen al desarrollo de sus respectivas regiones?.
Quizás, una forma clara y relativamente objetiva de evaluar los avances, es considerar que los recursos públicos deben ser invertidos para solucionar los problemas reales que presentan las regiones y no para invertirlos en las empresas, corporaciones, asociaciones, fundaciones que solo buscan aumentar sus capitales. Pero, osó preguntar desde una perspectiva globalizada, ¿será posible sostener que las obras realizadas y que hoy duermen el sueño de los justos se puedan considerar avances y obras de impacto y trascendencia?.
Pero, debemos dejar algo claro para los que llegan y para nuestros honorables, la descentralización regional y local implica traspasar crecientemente competencias y recursos desde organismos temáticamente especializados: vivienda, salud, minería, agricultura, educación, cultura, emprendimiento, empleo hacia administraciones regionales y locales, cuya misión es impulsar procesos de desarrollo para comunidades y territorios específicos. Esto significa el paso de un manejo centralizado realizado por pocas personas a otro distinto y donde concurren nuevas energías y capacidades.
Sobre las nuevas autoridades municipales y departamentales y sus equipos de apoyo técnico y profesional recae la elaboración de estrategias de desarrollo, planos reguladores, ejecutar políticas y programas diversos y, especialmente, responder a las demandas de sus propias comunidades, que hoy día saben quiénes toman las decisiones, pueden cuestionarlas y ejercer el control ciudadano.
En el impulso del año que nace, posicionar a nuestros municipios y departamento es una responsabilidad que corresponde a los partidos políticos, a los medios de comunicación, a las organizaciones sociales y al sector privado. Todos estos actores tienen pleno derecho a enjuiciar el impulso que da el gobierno central, pero también lo tiene la ciudadanía para demandarles que pasen de la mera observación crítica y apática a un compromiso efectivo como lo propusieron en campaña.
Por último, para enriquecer el debate y sacarlo de la simple esfera de la escritura quisiera que lean de manera crítica esta Visión: A 2020 el Senado de la República será reconocido por la sociedad, como una corporación transparente, eficiente y determinante en la consolidación de la paz.
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