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Miércoles, 25 de noviembre de 2020. Última actualización: Hoy

Los asesinos siguen sueltos en el Cauca

El jueves 22 octubre, 2020 a las 9:22 am
Los asesinos siguen sueltos en el Cauca
Imagen: https://web.whatsapp.com/ Apoyo Quilichao

Los asesinos siguen sueltos en el Cauca

Los asesinos siguen sueltos en el Cauca

Las autoridades pueden dar todas las explicaciones que se les ocurran sobre la violenta situación que padecen las familias caucanas, y hasta dar declaraciones evasivas o reiterativas, pero la verdad escueta y dolorosa es que el Gobierno nacional demostró ser incapaz de responder constitucionalmente por sus obligaciones, en especial las de garantizar el derecho a la vida individual y colectiva, y el mantenimiento del orden público en toda la región.

Sistemáticamente han venido ocurriendo masacres y asesinatos en el departamento del Cauca, mientras las autoridades militares y de policía se limitan a registrar estadísticas y de vez en cuando a reaccionar, tarde, porque también han exteriorizado irregularidades en sus competencias técnicas y profesionales para prevenirlos y evitarlos. Por esto, los ciudadanos han ido perdiendo la confianza en las instituciones, hasta tal punto, que las tienen que soportar, porque sí. Y, obviamente, no es culpa del ciudadano.

Siempre habrá un pretexto que justifica sus incapacidades, y para peor, se siente en el ambiente que responden a una ilegítima politización al servicio de un grupo de poder, caracterizado por sus actos corruptos y la intención de subvertir el orden democrático en beneficio del patrón investigado por la comisión de múltiples delitos, por lo cual se deduce que no responden al interés público, por ejemplo, cuando en demostración exagerada de fuerza y arrogancia, atropellan sin compasión a muchos ciudadanos que se vuelven víctimas de su furor, generalmente en las ciudades cuando se programan las protestas cívicas contra el mal gobierno.

Por eso, la gente tampoco cree ya en la recurrida coartada de la “manzana podrida” porque parece ser que es toda la cosecha; ni en la más pueril, según la cual no puede ponerse un policía detrás de cada ciudadano. Es más, no es asunto de cantidades, sino de estrategia, táctica y concertación con las comunidades.

Mientras los indígenas se fueron a Bogotá a dar ejemplo de civismo en una gran movilización pacífica, sin permitir infiltraciones, que es la manera oficial de estigmatizar y deslegitimar a las comunidades que protestan, para justificar la violencia oficial, el señor Duque no se dignó a recibir sus peticiones, y en otra de las “jugaditas” engañosas que le imponen, mandó al Cauca a algunos funcionarios de alto rango, en un intento por desprestigiar la Minga, a “dialogar” con los dirigentes que estaban en Bogotá. Así, en el mundo del absurdo, es como viene actuando este gobierno.

Y en simultánea, mientras que en Bogotá la Minga exigía protección en sus territorios, pues durante el 2020 han matado a más de 70 comuneros, varios de ellos autoridades indígenas, continuaban los asesinatos y las voces de rechazo se lanzaban sin encontrar eco: Gustavo Herrera, reconocido integrante de Colombia Humana, quien fue el gerente de la campaña presidencial de Gustavo Petro en el Cauca, y el líder indígena Avelino Ipia y su escolta Héctor David Marín, caían abaleados, cerca de Popayán y de Caldono.

Son otros hechos de sangre que se suman a la ola de repudio que ha ido creciendo, porque evidentemente hay una mano negra que silencia a quienes tienen un ideario distinto al del poder tras bambalinas.

Afortunadamente, horas después el Ejército Nacional capturó a un sujeto identificado como Darío Yatacué Campo, quien portaba un arma de fuego y se movilizaba en una motocicleta de color negro, como presunto autor del doble homicidio de Caldono.

Claro que hubo otros crímenes contra líderes agrarios en otros lugares del país, como en el Huila y en Córdoba que obligaron a Ángela María Robledo, excandidata vicepresidencial a preguntarle a Duque si esta “cacería” se trataba de un “exterminio preelectoral” de la oposición en Colombia.

En resumidas cuentas, se hace necesario que se entienda que el departamento del Cauca como extraordinaria despensa de riqueza natural de Colombia en recursos hídricos, minerales, agrícolas, ambientales, su ubicación estratégica sobre el océano Pacífico, y la debilidad de las instituciones oficiales, fue convertido en víctima de la rapacidad de impropios narcotraficantes y de poderosos grupos económicos extranjeros y nacionales que en su apoderamiento inmisericorde de sus riquezas no les ha importado sacrificar a esta sociedad variopinta pero noble y luchadora por su supervivencia, que merece como cualquiera otra de las que se creen “escogidas”, tener una vida sana y en completa armonía con su entorno.

La Minga indígena y anteriores reivindicaciones cívicas realizadas por comunidades afrodescendientes, le han demostrado al mundo que el Cauca también es una valiosa cantera de cultura y civismo de la que mucho tienen que aprender otras comunidades en las distintas regiones de Colombia.

Si el Estado colombiano continúa creyendo que los narcotraficantes, bandidos a su servicio, mineros ilegales, guerrilleros oportunistas al servicio de exóticas ideologías políticas, y hasta los saqueadores de los recursos naturales, son las mismas comunidades autóctonas que sueñan con un futuro cristalino y digno para sus descendientes, y que como consecuencia de esa confusión las han hecho víctimas, y no se atienden las verdaderas realidades que padecemos, los asesinos seguirán sueltos en el Cauca.

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