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Miércoles, 21 de febrero de 2024. Última actualización: Hoy

Los años del Miedo

El miércoles 7 febrero, 2024 a las 7:31 pm
Los años del Miedo
Los años del Miedo / Imagen: https://colombiaplural.com/
Camilo Lizarazo Olaya
Por Camilo Lizarazo Olaya

En unos cuantos años, al escribir la historia de este periodo oscuro que finalmente está concluyendo, será muy evidente su rasgo principal: El Miedo. Y Miedo con mayúscula.

No haber sentido miedo en estas últimas décadas habría sido propio de estúpidos. ¿A quién no le temblarían las piernas frente a las montañas de muertos apilados? Eran tantos que, según relata Mancuso, se les convirtió en un problema logístico. Debían transportarlos en volquetas para incinerarlos por allá en la frontera, alejando así a las enormes comitivas de chulos que hacían difícil el despegue de los helicópteros. Quitarle la vida al prójimo se volvió un acto cotidiano, una rutina.

Desde la Fiscalía General de la Nación, dirigida en ese entonces por Luis Camilo Osorio, identificaban elementos incómodos para el negocio quienes terminaban siendo asesinados por los paras, según confesaban, a través de listados proporcionados por el hoy condenado exdirector del DAS, Jorge Noguera. Osorio, después de su salida, fue nombrado embajador en México. Normal, un “muchacho” excelente, tanto así que el mismo Uribe exclamaba “ojalá pudiera conseguirme un clon de Luis Camilo”. Hace unos meses, La Nueva Prensa reveló una investigación que demostraba cómo la Fiscalía no hizo nada para evitar el asesinato de unas 200 personas. Agentes del CTI interceptaron teléfonos del clan del golfo, se enteraban a través de escuchas y oportunamente reportaban sobre el riesgo. Pero no pasaba nada; dejaban que los mataran porque al parecer también se trataba de elementos incómodos para el negocio. Estos agentes decidieron filtrar esa información y ahora están judicializados y perseguidos.

¿Cuánto miedo deben sentir miles de funcionarios decentes en la Fiscalía? Lo que se ha vivido allí por años debe ser aterrador. En 1998 fue exterminado todo el equipo del CTI de Antioquia, después de haber allanado las oficinas del parqueadero Padilla donde se encontraron miles de documentos que involucraban a políticos con paras. Unos años después, varios funcionarios decentes y en extremo valientes decidieron filtrarle a Petro dichos hallazgos. En la etapa más cruda de los años del miedo, Petro enfrentó a la criminalidad en el poder a través del debate de la parapolítica. El país conoció las atrocidades gracias a él, pero esto le correspondía a la Fiscalía. De la misma forma fue asesinado en marzo de 2021 el agente del CTI, Mario Herrera, por haber identificado a “pacho malo”, el elemento que vincula directamente a la vicefiscal Mancera con el narcotráfico en el Valle, región de la que es oriunda.

No sería justo afirmar entonces que todo el sistema judicial está podrido, aunque muy probablemente las cúpulas. Sin embargo, adentro hay muchos colombianos y colombianas incorruptibles que están asumiendo graves riesgos por hacer su trabajo como se debe. Estos, enfrentando el miedo, han filtrado las pruebas de delitos gravísimos que hemos conocido por la escasa prensa decente, no por la Fiscalía.

Ahora bien, ¿por qué a pesar de contar con todas las pruebas y haberse surtido el proceso penal entero, no se ha podido condenar por paramilitarismo a Santiago Uribe? la respuesta es evidente: El Miedo, en esta ocasión un entendible y pavoroso miedo que sienten los jueces.

¿Quién se atreve en Colombia a denunciar bandidos? Nadie o casi nadie, porque lo único que en mi país no ha sido escaso es el miedo. Miedo, miedo y miedo por todos lados. El régimen corrupto ha sido el régimen del miedo. Hablar y pensar en este país nunca ha salido gratis. Es sabido por todos, es un código de conducta nacional, prácticamente no hay que decirlo porque es casi un mandamiento: ¡No sea sapo! porque los sapos mueren aplastados. El hedor se hizo omnipresente en el aire: olor a miedo y también a muerto. Esto es algo pesado que hace difícil tragar el aire. En los 90 y 2000, el olor a muerto en particular se hizo intoxicante.

Pero no hay mal que dure cien años ni pueblo que lo resista. Y finalmente, por millones, decidimos romper el miedo con el que nos oprimieron y ese inolvidable jueves 21 de noviembre de 2019 comenzó el cierre de este periodo macabro de la historia. Han pasado muchas cosas desde entonces, y aunque las élites se resistan a aceptarlo, el país ya no es ni será el mismo que subyugaron a bala por más de un siglo. ¿Podrán entenderlo? probablemente vivan en negación, pero este 8 de febrero de 2024 muchos se verán forzados a reconocerlo.

Todo lo que hemos hecho como pueblo desde entonces: los dylan y los lucas que hemos sacrificado, los desaparecidos del río Cauca, los valientes que atravesaron su cuerpo para defender al pueblo de las tanquetas, los que siguen encarcelados, la campaña épica por la presidencia de 2022: todo desemboca en este instante único en el que después de tantos sacrificios acumulados por esta generación y las anteriores, finalmente podremos romperle el espinazo al régimen del horror.

Y entonces aparecen los names y las cabales con sus dedos retorcidos a señalarnos de incendiarios; los biempensantes a romperse las vestiduras y a tacharnos de polarizadores; el pretendido “centro” a decir que nada de esto es importante, que todo es pura bulla y que le bajen a tanta alharaca, que estamos adoctrinados y que marchar no es cool, que todo normal y que circulen, que “trabaje juiciosa mamita”. ¡Qué carajos van a entender los esclavistas! Bien los conocemos ¿Quién no se ha visto abusado por estos? Para ellos la historia no ha cambiado mucho desde los años 1700. Son unos cobardes envalentonados por la costumbre. Se acostumbraron a nuestro miedo, y se atreven a vociferarnos para que sigamos así, derechito por el andén, bien asustaditos y dúctiles. Son ellos los que se benefician de este desastre de país criminal que construyeron, y entre más se oponen a la movilización, más se incriminan.

El mensaje es simple: No permitiremos que le hagan esto a nadie más. Ya nos dañaron la vida a todos de aquí pa’tras, pero sépanlo bien que no podrán hacerlo con nadie más en el futuro, ¿Entendido? No sé si estén escuchándome bien, entonces les repito, ¿Entendido?

A los que se hacen al frente, a los más valientes entre los valientes, a los hijos e hijas de los más recios, a los que nunca temieron, a los que pusieron su cuerpo entre el pueblo y las balas: Ustedes son los héroes de la patria. A los caídos los y las recordamos; este momento se les debe a ustedes y no descansaremos hasta que pongan en libertad a quienes siguen presos.

Al régimen corrupto: entiendan que han sido superados por el pueblo y ya se convirtieron en un mal recuerdo, en el desecho mismo de la historia.

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