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Lunes, 24 de septiembre de 2018. Última actualización: Hoy

LOS AMIGOS

El jueves 13 septiembre, 2018 a las 2:45 pm
LOS AMIGOS

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

LOS AMIGOS

“Gracie, ¿sabe usted que yo creo
que el primero en llegar y saludarme
cuando me vaya al cielo, será este
querido, viejo amigo y fiel, Carlo?”
“Usted pregunta por mis compañeros,
las Colinas – Señor- y el Atardecer –
y un Perro – tan grande como yo
que mi Padre compró para mí –
Ellos son mejores que las Personas –
porque saben – pero no dicen –
y el ruido en el Estanque, al Mediodía –
que supera a mi piano.”
Emily Dickinson
A Emilsen Puentes y su perrita

Sí. Los amigos son eso: amigos. No son familiares, o sea, hermanos, sobrinos, primos. A veces los familiares se confían en la cercanía, en los apellidos y no se comunican entre sí. En cambio los amigos son más cordiales: buscan hasta encontrar a los amigos cuando pasan los días sin saber nada de ellos y sospechan que son indispensables.   

La amistad se consigue muchas veces a través de un encuentro casual, porque lo presentan familiares u otros amigos y se va ampliando el círculo. De esta manera se van multiplicando y uno puede llegar a contar con decenas y decenas de ellos.

Conseguir un amigo o una amiga es una especie de suerte. Cuando uno se encuentra una moneda o un billete o un fajo de ellos, como me sucedió, casi no sabe qué hacer. Mira atrás, a los lados, adelante y quisiera que alguien preguntara si “se había encontrado un billete de…”. Pasan las horas y nadie pregunta. Así, uno sabe que puede contar con él y aprovechar su precio. Y lo goza.

Con los amigos pasa algo parecido. No es una moneda, no se gasta, pero son una veta de oro que no se agotará nunca. Siempre estarán disponibles, sin importar el tiempo que deban invertir o los esfuerzos que deban hacer. Lo mismo en la alegría que en el dolor ahí estarán, al pie del amigo que necesita el abrazo o la sola presencia.  

Sucede que, muchas veces, los amigos tienen más afinidad y sutileza para saber cómo y qué deben realizar para que el amigo salga de un apuro o de un fracaso. Valdrá más la llamada, el abrazo, la silenciosa mirada, el estar presente sin decir palabras que la abundante presencia de familiares. Ellos lo rodearán y tratarán de animarlo con atenciones y gestos pero los amigos bloquearán la tristeza o dolor o pérdida exacta con su compañía.

El amigo no tiene en su sangre un compromiso de “estar” en un momento crucial junto a su cómplice de un hecho tal vez inocuo, pero importante para su estabilidad moral. Y allí aparece sin que alguien lo llame. Es su mara, su defensa, su respaldo incondicional. Él lo sabe, el amigo lo interpreta y los demás lo respetan y evidencian. Nadie más valía, tal vez, para neutralizar una catástrofe, solo él lo sabía y está ahí, en el momento preciso.

La amistad no será jamás un paliativo, una ayuda interesada para salvar de responsabilidades al amigo. Puede que el amigo ni siquiera esté presente para ponerle la mano sobre el hombro. Sin embargo, la amistad se extenderá sobre la situación y ejercerá un influjo eficaz para minimizar las aristas que producen escozor y desaliento en el amigo.

La amistad discreta, a tiempo, sin producir escándalo, es la ayuda más sincera y será valorada por familiares y otros amigos, por extraños e involucrados. Es como un muro que detuvo un posible derrumbamiento de la vida de otro amigo.

12-09-18                                                       01:58 p.m.

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Otras publicaciones de este autor en: https://www.proclamadelcauca.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/leopoldo-de-quevedo-y-monroy/