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Los alcaldes de mi pueblo: una deuda por saldar.

El viernes 26 mayo, 2017 a las 12:21 pm

Por Guido Germán Hurtado Vera / Historiador y Politólogo.

El proceso de descentralización política en Colombia cobró vida el 13 marzo de 1988, con la elección popular de alcaldes.

Fue una gran oportunidad para demostrar que las comunidades locales podían elegir buenos gobernantes. Y que éstos responderían a la comunidad con una excelente gestión en la prestación de los servicios públicos básicos, en moralidad administrativa y en el afianzamiento del tejido social y la convivencia.

Han pasado cerca de tres décadas de una experiencia que en Santander de Quilichao fracasó. Me referiré (muy brevemente) a tres aspectos que considero importantes para entender tal decepción.

La primera, la progresiva pérdida de legitimidad. Todas iniciaron con muchas expectativas pero a medida que pasaba el mandato el encanto se iba diluyendo, sobre todo, por las actuaciones de los funcionarios públicos.

La segunda, la eficacia de la gestión. Todas han sido objeto de cuestionamientos en la eficacia de la gestión y del funcionamiento de la estructura administrativa.

La tercera, la reproducción clientelista. La tendencia dominante al mantenimiento y consolidación del modelo tradicional de gestión local, entendido como el uso instrumental del aparto municipal con fines de reproducción clientelista.

Es posible que haya otros aspectos que no pensé. Lo cierto es que hoy Santander de Quilichao camina hacia el abismo. Unas autoridades locales cada vez más cuestionadas por su ineficiencia y niveles de corrupción.

Lo incomprensible de todo esto, por un lado, es que es un secreto a voces los señalamientos que hace la comunidad local a ex funcionarios y funcionarios locales sobre actos de corrupción, mientras que los organismos de control son cada vez más ciegos frente a los hechos.

Y por otro lado, que en Santander la oposición política no existe. Quienes moralmente deberían tomar la bandera hoy se encubren en la burocracia política, aguzando y esperando el momento para salir en futuras elecciones con discursos baladíes a conseguir los votos de ciudadanos ingenuos, que les permitirán mantener el ciclo vicioso de la reproducción clientelista.

Los mandatarios locales han respondido a la comunidad con una pésima gestión en la prestación de los servicios públicos básicos, falta de moralidad pública y administrativa y ruptura del tejido social y la convivencia.

Por ello me atrevo a pensar que los alcaldes de mi pueblo aún tienen una deuda por saldar.

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