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Lobos y ovejas

El miércoles 17 abril, 2019 a las 8:07 am

Lobos y ovejas

Por Elkin Quintero

Los pobres ya no creen en las palabras de los ricos hasta que los ricos no se hagan voluntariamente pobres. Los discípulos, destinados a predicar la bienaventuranza de la pobreza a pobres y ricos, debían dar, cada día a cada hombre, en cada casa, el ejemplo de la miseria feliz. No debían llevar nada consigo, excepción hecha del vestido puesto y de las sandalias; no debían aceptar nada, solamente ese poco que hallaban en las mesas de sus huéspedes.

Pero hoy los encargados de llevar el mensaje salvífico se parecen más a los sacerdotes vagabundos de la Diosa Siria y de otras divinidades de Oriente que llevaban consigo, junto con los simulacros, la alforja para las ofrendas y el saco para la cuestación. Porque el pueblo elegido no da valor a las cosas que no se pagan. Pero los verdaderos Apóstoles de Jesús debían, al contrario, rechazar cualquier regalo o paga; ellos solo estaban para dar amor, paz, perdón y enseñar con el ejemplo el mensaje del Maestro. Estos individuos poco a poco descubrieron que la riqueza, para mejor ocultarse, cambia su forma ordinaria de metal por la de objetos. Quizás por esa razón los mensajeros modernos del Reino nunca renuncian a los vestidos, a los zapatos, a los lujos, a las mansiones, a las prebendas y a los excesos de la carne y el dinero.

Pero quizás Jesús sabía, que había elegido hombres para llevar su palabra a los pueblos lejanos, y les dejó la fe, el ayuno, la penitencia y la oración como las claves para soportar la tentación de la carne y el dinero. Pero el sebo, por feo que sea, cuando tiene un pabilo, puede iluminar las cuevas; la rama de pino, cuando está encendida, puede dar luz a los desviados y ahuyentar las hienas o incendiar hasta catedrales o bibliotecas o capillas doctrineras.  

Es válido recordar que desde esa tarde de viernes muchos hombres y mujeres han surgido para pelear la guerra contra el mundo y muchos de esos se han querido servir de los pobres con la excusa de ser soldados de Cristo, y de esa manera han dominado las naciones. Ellos y ellas se han olvidado que ese miércoles, Jesús solo quería orar y hablar con el Padre y ordenó ponerse al lado de la paz y el amor cuando el iracundo llego por él.

Los textos apócrifos y canónigos, al igual que las profecías de los pueblos semitas nos indican que Jesús en cualquier otra época de la historia, difícilmente hubiese encontrado algo mejor para convertirlos en pastores.  Hoy no hay pastores como lo quiso el maestro, solo lobos, serpientes, palomas, y sepulcros blanqueados que se aprovechan de las ingenuas ovejas. Muchos han olvidado que su misión era tal, que no se hubiera preocupado por vender su idea salvífica a hombres poseedores de un fondo más rico de inteligencia y de ciencia. El tiempo ha demostrado que la ingenuidad, la ignorancia, la superstición misma apagan menos los ardores de la fe que otras cualidades del espíritu más fragantes para el olfato moderno, razón por la cual aparecen más sectas que perros tras sus hembras en celo.

El día esperado para llorar la traición a Jesús por monedas de plata se acerca, pero parece que a muchos de sus ministros el poder del oro les hace olvidar el esplendor del canto por el Hijo de David; el brillo del cobre hace olvidar el esplendor de la última cena. Muchos pastores y curas se apegan al metal y se desposan con el poder y permanecen pegados a la carne; no conocen el cielo del Rey que promocionan y estoy seguro que ese cielo no los reconocerá. Pareciera que Jesús se equivocó al elegir como pastores de su rebaño a lobos, mediocres, facinerosos, pedófilos, mentirosos, políticos, amantes del poder y el lujo. Los que escapan a ese estigma ya son pocos y ellos SÍ quieren promocionar un reino de amor y perdón. Pero mucho ojo, porque los lobos en época de Semana Santa andan sueltos y no les basta predicar a los pobres el amor a la pobreza; parece que la rica hermosura de la pobreza fue ignorada por el lujo de los carros blindados, por la prontitud de los datafonos, por el sabor de las cuentas en paraísos fiscales, por la gracia de las sillas en el Senado y la Cámara, por el olor de las vírgenes o por las puras lágrimas de los niños y niñas.

Jesús al ver este panorama de nuestro país pareciera que este Jueves Santo no instituirá la Eucaristía y estoy seguro que está pensando seriamente no dejarse matar el Viernes Santo para que nadie tenga la excusa de oprimir el mundo en su nombre y enriquecerse a costillas del Reino prometido.

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