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LOA A UN TRAPO VIEJO

El martes 9 febrero, 2016 a las 3:17 pm
Bulevar de los Días

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano

 

trapo viejo

Lo vi tirado en el suelo a la vera del camino diario. Alguien se lo quitó del cuerpo y se lanzó con afán a las aguas del Río. Y al salir, se sintió tan limpio que pensó que su pantalón merecía seguir oyendo el rumor vespertino de las pocas aguas sobre las piedras. Se acercaba la noche y nadie lo vió alejarse desnudo.

Allí quedó yacente el pantalón vacío, tal como lo dejó su anónimo dueño. Cansado y sudoroso lo zafó de sus muslos y, sin pensarlo dos veces, lo dejó caer libremente como si se diera cuenta que caería como un avión en picada. Pero, no. La prenda no quería quedar aburrida y desgonzada sobre la escasa hierba junto a la acera por donde desapareció su dueño.

Como si fuera un ser despierto, el pantalón se las arregló y pareció erguirse antes de caer. Quedó casi vivo por dentro. Algo inflado y simulando que aún quedaban las nalgas llenando el espacio de tela. …Pobre pantalón. Quiso seguir acompañando a su dueño que lo tiró como a un trapo viejo y no quiso vestirlo después del baño.

Es la suerte de muchas prendas, muebles o abalorios que posee el ser humano. Los compra con orgullo y los usa cuando a su parecer y a la moda satisfacen. Hasta las mascotas y personas lo padecen. Luego, al voltear las hojas del almanaque, las desprecian y olvidan por inútiles.

Pobre aquel pantalón del Río, me quedé pensando. No esperaba que su dueño que tantas veces lo vistió, le cubrió sus pudibundos miembros y le dio calor en las mañanas y noches frías, lo hubiese abandonado sin volverlo a mirar por última vez, cuando se metió en las aguas. Prefirió dejar al aire sus carnes y cabellos y dejar plantado al pantalón aún con las huellas y el calor de su cuerpo en su interior.

¿Hasta cuándo esperará el pantalón que su patrón vuelva por el mismo camino, lo mire en su actitud vigilante a que lo recoja y vuelva a ajustárselo y amarrárselo a su cuerpo? Tal vez nunca lo hará.

El pantalón de un color verde ya desteñido, con sus costuras definidas y sus bordes algo gastados seguirá soñando con las nalgas de su dueño adentro de sus pliegues y se irá deteriorando al sol y al viento. Lloverá después de la sequía, perderá las huellas del hombre desagradecido que lo dejó tirado y un barrendero oficial lo recogerá e irá a reposar al relleno sanitario. Así termina la vida de todo lo terreno.

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