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Jueves, 26 de mayo de 2022. Última actualización: Hoy

LLUVIA

El domingo 25 enero, 2015 a las 4:58 pm
Rodrigo Valencia

Rodrigo Valencia Q ©

Un día, estando reunidos en el campo, dijo Jesús a los discípulos: «Mi paz os dejo, mi paz os doy». Y al instante los doce sintieron un aire nuevo en sus corazones, sus almas se ensancharon con sublime regocijo. Y entonces, de pie y dispuestos en círculo, unieron sus manos, y en medio de ellos descendió una luz como de fuego suave, que ardía sin quemar los cuerpos, el cual pareció entrar en cada uno de ellos. Jesús dirigía el ritual; bajaron sus cabezas y dieron gracias al Padre Eterno. «En verdad, yo soy la luz que viene de lo alto a cada uno de vosotros, la lumbre que destruye las tinieblas. Pero un día es preciso que me vaya; estaréis sin mí por algún tiempo; pero será la ausencia lo que acrecienta el sabor sublime del anhelo, y entonces sabréis, conoceréis lo que os falta, eso que está más allá del cuerpo y sus latitudes». En esas había comenzado a llover en el lugar, una ladera desde donde se divisaba la ciudad Santa. «Dejad que la lluvia moje ahora vuestros cuerpos, como moja el campo y todo aquello que lo habita; el ángel de la lluvia os traerá frescura; y es bueno que los ojos distingan a través de la llovizna, que es como un velo pasajero que nubla la mirada. En verdad os digo, sólo quienes puedan ver a través de sus propias sombras descubrirán el secreto que lleva a la sabiduría». La lluvia pasó; un vapor suave se elevó de los prados, las aves alegraron nuevamente el cielo con su vuelo. Una de ellas se separó del grupo y comenzó a volar en círculos, como buscándose a sí misma. Mientras tanto, el sol descendía lentamente hacia las colinas de occidente.

RVQ

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