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Llegó diciembre

El miércoles 4 diciembre, 2013 a las 11:07 am
Diogenes Diaz Carabalí

Diógenes Díaz Carabalí

Llegó diciembre, no con alegría, sino con la parafernalia sensacionalista de productos inútiles, donde la gente gasta lo que no tiene, y si no tiene se mete en deudas. Después se ve en patitas para pagar los gastos innecesarios. Enero paga el plato.

No son los niños quienes no tienen consideración ante los costos, quienes propenden por regalos costosos, paseos distantes, comidas superfluas, pólvora, arreglos inventados, quienes nos inducen a gastar con locura. Somos lo adultos, influidos por la propaganda, por el mercado, que las promociones, que el Black Friday (viernes negro), que los arbolitos con nieve, que los Papá Noel automáticos, y tanta chuchería que aparece como gancho durante esta época. Ya ni siquiera lo nuestro, el pesebre, que puede hacerse con figuras y arreglos baratos, ocupa lugar importante.

Es un mes donde la economía hogareña se infla, los trabajadores creen que por la prima pueden gastar a diestra y siniestra, quienes tienen dinero desbordan las adquisiciones, los más gastan de donde no hay. Qué bueno que bajáramos el presupuesto a los regalos, que tuviéramos mejor iniciativa, que fuéramos originales en nuestros hogares, que enseñáramos a nuestros hijos a ser racionales evitando los regalos suntuosos, de alto costo. Qué bueno que nos olvidáramos de la pólvora como insumo de celebración, que pudiéramos desterrarla de nuestras costumbres, y que el traguito fuera para disfrutarlo, no causa de accidentes, desbordes, abusos y agresiones.

Y muy importante que pudiéramos compartir. Muchos niños no reciben un regalito. La inmensa mayoría no puede ponerse ni siquiera una prenda de segunda, sus padres no pueden prepararse una comida digna la noche de navidad, tantos campesinos nuestros no pueden colgar un arreglito en sus casas. Muchos de nuestros vecinos en las ciudades pasan la navidad sin enterarse de su significado, miran con rencor los suntuosos arreglos de los barrios acomodados, las calles principales donde las administraciones públicas decoran en exceso, desperdician recursos, desperdician el presupuesto, desperdician la energía que después debemos pagar todos, mientras en los barrios marginales sus habitantes no cuentan con qué comerse una sopa digna.

Navidad es motivo de alegría, claro está. Pero si somos racionales, en enero no vamos a vivir afanes, nadie va a venir por nuestras cosas, los almacenes no van a atosigarnos con sus cobradores, los abogados no van a citarnos de urgencia ante los jueces civiles, las órdenes de incautación y embargo no van a llegar a nuestras casas. Una nevera, una lavadora, un plasma, un 4D puede esperar hasta cuando nuestro presupuesto alcance. Los regalos los niños los reciben independiente del costo, ellos cuentan con tanta imaginación para jugar con un juguete de dos mil pesos como con uno de quinientos mil, de todas maneras lo desbarata para enterarse qué tiene por dentro.

De paso puedes darte una vueltecita con tus hijos por el barrio más pobre, aparecerse con su niño en esas casas humildes para entregar a esas familias que carecen de empleo, que no tienen dinero, un sencillo detalle, un regalito para los niños, un plato de navidad que les arranque una sonrisa y puedan compartir la alegría de diciembre.

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