Sábado, 28 de mayo de 2022. Última actualización: Hoy

LLEGA LA PRIMAVERA A CALI

El lunes 22 febrero, 2016 a las 11:05 am
Bulevar de los Días

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano

Ceiba por el bulevar del río Cali

Foto de una ceiba con sus hojas niñas por la Avenida al mar.

Produce una sensación de felicidad interna, una paz que viene desde arriba, cuando alza los ojos y se ve invadido de este amarillo que cubre el cielo, la ciudad y lo envuelve todo… Es una ceiba pentandra, de las múltiples que hay en Cali y en Departamento que se ha vestido de nuevas hojas luego que todas las que cubrían su ramaje cayeron para dar paso a esta indumentaria nueva.

Y se convierte en fenómeno este cambio en el paisaje. Los lugares que acostumbramos ver al paso por la vera del Río Cali no siempre tienen la misma cara. Se remozan, retoños que salen como hijos dorados asoman sus cabecitas y hoy nos han saludado con sus manecillas frescas. La ceiba, ubicada en una esquina o en la mitad de la cuadra, inunda con su tamaño a todo su alrededor. La Naturaleza se deja subyugar de su vigor y lozanía.

Nadie le ha dicho al niño cuál es nombre, ni el turista sabe su origen pero ante su majestad se sobrecoge y no tiene más que hacer que parar y admirar su belleza. La ceiba pentandra es como la madre de todos los árboles del lugar. Las palmeras, los samanes, los chiminangos, los sauces, guamos, almendros y, aún las acacias, le rinden pleitesía. Son los árboles que dominan por su elegancia por los dos costados del Río en el centro de la ciudad.

El paseo por una y otra vera del río se convierte para el niño o el adulto en un permanente cambio de colores, tamaños y contrastes que envuelven la curiosidad y deleitan la nariz, los ojos y el pecho del más ingenuo visitante. Cuando no es el vuelo de un halcón con su pitido o el rápido paso del martín pescador o el repiquetear del carpintero de copete rojo o el andar de reina de una garza blanca de pata negra o de una ibis negra con su enorme pico rojo.

Pero son los árboles los personajes que más emergen del suelo para dar su verde, su estatura, sus olores al paseante. Y es la ceiba, con la majestad de su tronco liso y suave y sus brazos abiertos con hojas como dedos que llama a quien pasea por su frente. Imposible no fijar los ojos en una madre de tan abundante pecho y adornos blancos en sus orejas cuando es la estación del brote de sus botones de gualda y crema…

Las ceibas niñas o adultas o centenarias no cambiarán su aspecto. Conservarán la esbeltez con que nacieron, su ropaje impecable de verdes y lanceoladas figuras y la altura de una pirámide vegetal no diseñada por humanos ni esclavos.

Cada día tiene su encanto. El de hoy es amarillo y pende de una pentandra como estrellas debajo de un árbol en pleno sol de mediodía.

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